Lo que le ocurre a la DC no es extraño ni nuevo y le viene ocurriendo a todo Chile.
Publicado el 13.01.2016
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El 3 de enero recién pasado, 26 destacados militantes y simpatizantes democratacristianos dieron a conocer una dura carta: “Progresismo sin progreso. ¿El legado de la Nueva Mayoría para Chile?”. La respuesta no se hizo esperar. Un grupo de 120 dirigentes y simpatizantes, entre los que se encuentran varios diputados y diversos dirigentes nacionales, comunales y simpatizantes, emitieron una declaración pública, “¡Fuerte y Claro! La DC con las Reformas”.

Los 26 firmantes hacen ver que Chile requiere un crecimiento más vigoroso, por encima del magro crecimiento de 2%, que partió en 2014, se repitió en 2015 y es la mejor proyección para el 2016. Remarcan que “no están dispuestos a cualquier reformar que pudiera descarrilar el crecimiento y echar por la borda lo ya logrado”. Critican el creciente énfasis en el Estado para resolver los problemas del país y la focalización y priorización de los recursos públicos. Llaman a su partido a tomar un “sano rol articulador del encuentro de las mayorías del país”. 

Por su lado, los 120 responden que es “absolutamente falso” que “las reformas que ha impulsado el Gobierno del que somos parte este ‘descarrrilando’ el crecimiento y echando por la borda lo ya logrado”. Recuerdan que la Democracia Cristiana “es en sí misma un proyecto nacional, popular y de vanguardia” por lo que descartan que deba tener “un mero rol articulador de las mayorías”, aunque aspiran a que su partido genere acuerdos de mayoría que permita viabilizar las aspiraciones. Eso si, “(A) 50 años del inicio de la Revolución en Libertad, la Democracia Cristina mantiene su compromiso inalterable con los cambios y las transformaciones sociales”.

Lo que le ocurre a la DC no es extraño ni nuevo y le viene ocurriendo a todo Chile.

El sistema binominal, que fuerza la constitución de dos coaliciones -una de gobierno y otra de oposición-, dejó de ser un sistema útil para la estabilidad política de Chile. Personas con visiones radicalmente distintas sobre la historia reciente y el proyecto futuro para Chile conviven en los partidos y en las alianzas políticas. No es extraño tampoco que sea precisamente las desprolijas reformas del gobierno, su trasfondo estatista y el percibido impacto que ellas tienen en el crecimiento del país los temas que están en el centro del debate. Ya no es un tema deliberativo al interior de un partido ni al interior de las alianzas, es un tema de fondo. Personas que no quieren ni deben estar juntas en un partido o alianza se veían forzadas a hacerlo, pues el sistema binominal los obligaba. Esto ocurre en prácticamente todos los partidos y ya lleva varios años ocurriendo.

El problema no son las grandes reformas que el país sí necesita. Efectivamente necesitamos una mejor educación, más recursos públicos y cambios a la Constitución. Es el diseño, la naturaleza, el rol del Estado en ellas, el alto estándar de calidad de las políticas públicas que se ha perdido, la corrupción de funcionarios públicos, la nueva postura que el Estado necesita en trasparencia y abusos en los mercados, la libertad e iniciativa de las personas y los grupos intermedios, esos son los temas que se esconden en el enfrentamiento. No hay deliberación interna que pueda resolver estas divergencias, sino un reordenamiento de la política nacional.

Los tres partidos principales de la Nueva Mayoría están pasando por un desgarro de almas que es inevitable. El proceso de involución que tienen los sectores refundacionales y neo estatistas de la Nueva Mayoría está magistralmente descrito en el libro “Diálogo de Conversos” de Roberto Ampuero y Mauricio Rojas. Simplemente no es cierto que el iluminado proyecto vanguardista y refundacional pueda convocar a mayorías. La mayoría de Chile ya les dijo que no en las encuestas y esta vez les dijo que no a tiempo para detener el proceso de deterioro de nuestra convivencia. El fin del sistema binominal permite un sano reordenamiento. La segunda vuelta presidencial garantiza gobiernos mayoritarios, pero queda un peligroso trance.

La Presidenta Bachelet fue elegida con una enorme mayoría y obtuvo también la mayoría en el Senado y en la Cámara de Diputados. Por primera vez en nuestro exitoso retorno a la democracia el gobierno perdió significativamente su apoyo mayoritario mientras persiste un sesgo ideológico en la representación en el Congreso Nacional. Es de la máxima responsabilidad del Ejecutivo y de los parlamentarios reconocer esta situación y promover el reencuentro de los chilenos. También es honorable hacerlo. Es lo que pide la carta de los 26, a nombre de muchos chilenos, no sólo democratacristianos. La respuesta de los 120 no es lo que Chile necesita. Son tiempos nuevos, fascinantes y también de tensión.

 

Patricio Arrau, Doctor en Economía, Consejero y Director de Ciudadanos e Investigador Asociado Plural.

 

FOTO: RAÚL ZAMORA/AGENCIAUNO