Que la naturaleza le haya regalado una riqueza mineral extraordinaria a Chile no significa que su transformación a riqueza económica sea automática.
Publicado el 08.09.2016
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La situación de Codelco es crítica, pues una combinación de mayores desembolsos generados por su plan de inversión, mayores costos como consecuencia de las presiones del “súperciclo” y una caída de ingresos por la baja en el precio del cobre, han generado una situación financiera insostenible, caracterizada por una alta deuda y anémicos flujos de caja, todo lo cual amenaza con –a lo menos- alterar su plan de desarrollo, lo que tendría consecuencias significativas en su futuro y el de Chile.

El fin del ciclo de precios altos no ha hecho sino develar una situación que se venía advirtiendo durante años. Pero como ya es más bien común en nuestro país, se impuso la lógica de apostar a que los riesgos no se materializarían. Fue un error de cálculo y una irresponsabilidad política.

Como no hay mal que por bien no venga, hoy por fin, y gracias al feliz uso de un chilenismo por parte de su Presidente Ejecutivo, el país comienza a entender de qué se trata el problema de Codelco, y que en resumidas cuentas se traduce en que esta empresa no es la varita mágica que resuelve todos los problemas del país, pues no es una vaca lechera a la cual se le puede extraer recursos sin control o sin un balance adecuado entre los requerimientos del dueño y los de la propia empresa.

No será por ende Codelco quien va a financiar las crecientes demandas sociales por educación gratuita o mejores pensiones. Es mejor que el país tome nota.

Y (entre paréntesis) tampoco sería una solución nacionalizar a la minería privada como alternativa “si se nos acaba Codelco”. Porque la minería no es un maná que cae del cielo. La minería es una actividad económica que, como cualquier otra, necesita mucho trabajo y sobretodo inversión para mantenerse competitiva. Y además en horizontes de largo plazo. Se estima que desde un descubrimiento hasta que una mina esté operativa, pasan, al menos, 15 años. Esto no se condice con las urgencias que impone el cortoplacismo en que vivimos hoy, exacerbado por períodos presidenciales de cuatro años que han instaurado una lógica francamente incompatible con las visiones de largo plazo que requieren algunas actividades del país, entre ellas la minería.

Que la naturaleza le haya regalado una riqueza mineral extraordinaria a Chile no significa que su transformación a riqueza económica sea automática. La minería se caracteriza por ser riesgosa, ya que, por ejemplo, descubrir los recursos mineros en el subsuelo es difícil, así como también todo el proceso posterior que permite llegar una mina económicamente viable. Se estima que solo uno de entre 200 a 3.500 intentos de búsqueda de nuevos yacimientos (dependiendo de la información geológica disponible) se transforman finalmente en una mina.

Esta complejidad logró ser, en general, bien manejada por el estado de Chile desde la creación de Codelco a comienzos de los años ’70, ya que no solo pudo continuar operando las minas nacionalizadas desde las compañías estadounidenses –lo cual muchos dudaban-, sino que al cabo de los años incrementó su producción. Pero en el último tiempo se han comenzado a hacer evidentes las limitaciones relevantes que son las que hoy hacen crisis y que plantean una pregunta de fondo: ¿es realmente el estado de Chile capaz de seguir administrando exitosamente una empresa de las características de Codelco?.

La pregunta no es trivial si observamos el contexto histórico en el cual se originó Codelco. La década del ‘60, en el siglo pasado, fue testigo de una ola mundial de nacionalizaciones de recursos naturales que en el caso del cobre tuvo impacto directo no solo en el caso de Chile-Codelco, sino también en África, Zambia y Zaire (hoy Congo), países que, junto al nuestro, eran los mayores productores mundiales del metal rojo en aquel entonces.

Mientras las empresas nacionalizadas en recursos naturales fracasaban en todo el mundo, Codelco logró diferenciarse a través del éxito productivo ya mencionado, que además ha sido importante para la minería de nuestro país al generar una base minera tangible que ha permitido, entre otros beneficios, la formación de recursos humanos de primera línea mundial.

Pero este éxito alcanzado en la etapa inicial no debe prevenir hacernos la pregunta de si realmente Chile puede seguir siendo exitoso en esta etapa del desarrollo de Codelco. ¿Puede Chile seguir resolviendo de manera adecuada los desafíos que han hecho fracasar las nacionalizaciones en muchos otros países? Esto significa preguntarnos si podemos en Chile entender que las empresas de recursos naturales no son una fuente de maná y que hay que invertir en ellas. También que su administración debe ser profesional para evitar la sobreinfluencia política, corporativa o sindical, uno de los principales males que terminan matando las buenas intenciones de las empresas estatales en recursos naturales en el mundo.

Por lo anterior es que es muy relevante, crucial, que no se entienda que el problema de Codelco es solo darle “más lucas”, en este caso a través de la requerida capitalización. Eso es hoy urgente y debe hacerse. Sino comprender que el país debe comprender, asumir y administrar Codelco de una manera diferente. Y eso no está hoy en el debate público ni existen garantías de que ello vaya a ocurrir.

El llamado a un acuerdo nacional es imprescindible para resolver la situación de Codelco. Sin él, las debilidades que hoy hacen crisis seguirán presentes y no permitirán resolver las contradicciones que hoy la amenazan. Y si no se logra este acuerdo, los caminos que aparecen en el horizonte serían o reducirse –para permitirle al estado manejar la empresa en una escala menor, que ciertamente no sería la de una empresa líder mundial-, o esquemas de asociación con capital privado, lo que conlleva escenarios de conflicto político de alta intensidad.

Son estos los tres escenarios disponibles que el país debe comprender y sobre los cuales debe pronunciarse. El primero de ellos es ciertamente el más exigente, pues requiere una articulación política de alto nivel, pero aseguraría contar con una empresa nacional líder mundial, lo cual es ciertamente un valor para Chile. Los otros escenarios implicarán cambios significativos cuyas consecuencias son hoy difíciles de prever.

 

Juan Carlos Guajardo, Director ejecutivo Plusmining.

 

 

FOTO: PABLO VERA LISPERGUER/AGENCIAUNO