Hoy no hay miedo, pero no por ello dejan de haber amenazas. Una clase política desprestigiada, el fantasma del populismo, una cierta tesis refundacional, los partidos jugando al sálvese quien pueda de la hoguera de los escándalos de financiamiento, y un ciclo electoral incierto en los porcentajes de participación.
Publicado el 23.04.2016
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La muerte del ex Presidente Patricio Aylwin, junto con generar una oleada de cariño por un hombre que pudo traer paz y democracia a Chile, abrió una serie de debates sobre su legado. En especial respecto al período que le tocó como gobernante, que la historia ha conocido como La Transición.

La historia ya reinvindicó al Presidente Aylwin. No solamente por sus esfuerzos por restablecer la paz y lograr la verdad, sino también por su sentido de la realidad, que permitió construir acuerdos y sostener una democracia amenazada desde su nacimiento. Probablemente los críticos actuales no han leído que un poco antes de la transición chilena fue el gobierno de Raúl Alfonsín, que no logró terminar su gobierno y atravesó múltiples dificultades, incluyendo económicas.

Muchos de los críticos, en especial las generaciones jóvenes, que no vivieron la emoción de quienes nos tocó estar en el Estadio Nacional aplaudiendo cuando el Presidente dijo que iba a hacer un país para todos, civiles y militares, le critican por haberse quedado en lo posible, cuando es justamente esa la tarea de cualquier gobernante sensato.

Pero por otro lado, tampoco se puede satanizar a quienes critican ese período, y en especial que critiquen las miles de frases de los actores políticos que claman por un regreso a los códigos de la transición, cuando la amenaza a la democracia no son los militares, sino el propio desprestigio de la política.

Tienen todo el derecho de hacerlo, y es natural que así sea. Probablemente en 20 años más las nuevas generaciones criticarán a los políticos surgidos del movimiento estudiantil, no haber aprovechado la tremenda legitimidad ganada en las calles para lograr un acuerdo político que permitiera un cambio cuántico a la educación en Chile y haberse quedado sólo en la frase retuiteable.

Tampoco tiene sentido criticar a la CONFECH por hacer su marcha el día que el país vivía un dolor tremendo por la muerte del primer Presidente democrático a partir de 1990. No hay ley alguna que impida el derecho a reunión cuando hay duelo nacional. Y si suponemos razones mayores para restringir derechos democráticos, todo aquello por lo que luchó Patricio Aylwin no tendría sentido.

La transición es un momento histórico tremendo, donde Aylwin y los hombres y mujeres que estuvieron con él en La Moneda no flaquearon ante las presiones de los militares y sus adláteres civiles, que de manera ilegítima tenían mayoría en el Congreso, pero tampoco perdieron el sentido de la realidad y se dieron cuenta de sus límites y del riesgo real de que Chile volviera a los tiempos oscuros en el caso que renunciaran a los acuerdos y los poseyera el espíritu refundacional. Pocos recuerdan que Pinochet sacó el 43% en el plebiscito y que muchos de los que votaron por él lo hicieron convencidos de que un nuevo gobierno de políticos iba a hacer volver a Chile al caos.

Pero es un momento que no es replicable en modo alguno. La política cambió y la calle es otra. Al dictador nadie lo recuerda con cariño y las Fuerzas Armadas están completamente subordinadas al poder civil. Hoy las claves deben ser otras, y en eso tienen razón los estudiantes y los políticos de generaciones que no vivieron la dictadura.

Hoy no hay miedo, pero no por ello dejan de haber amenazas. Una clase política desprestigiada, el fantasma del populismo, una cierta tesis refundacional, los partidos jugando al sálvese quien pueda de la hoguera de los escándalos de financiamiento, y un ciclo electoral incierto en los porcentajes de participación.

Son otros los riesgos, y las recetas que fueron exitosas en esos tiempos, no son replicables en modo alguno en estos días.

 

Carlos Correa, Ingeniero Civil Industrial, MBA, consultor en comunicación estratégica y ex director(s) de la Secom.

 

 

FOTO: FELIPE GUARDA/AGENCIAUNO