Todos recordamos las gigantografías con el ofrecimiento de “Más y mejores empleos” que prometía la Presidenta Bachelet. Hoy, por desgracia, esa oferta termina siendo una ironía. En un año se han destruido casi 100.000 empleos. La última vez que se registró un número similar fue al terminar el mandato anterior de la Presidenta.
Publicado el 28.04.2016
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Un importante revuelo generaron las nuevas cifras de desempleo en el Gran Santiago entregadas por el Centro de Microdatos de la Universidad de Chile. En tres meses, la cesantía aumentó de 6,8 a 9,4% según el último informe. Estas lamentables cifras son solo comparables con las entregadas por la misma universidad en marzo de 2010, luego del brutal terremoto que afectó a gran parte del país.

La situación es compleja por varias razones.

La tasa de cesantía se acerca peligrosamente a los temidos dos dígitos y en el caso de las mujeres ya los alcanzó, elevándose a un 11,1% de desocupación. ¿Qué hay detrás de estas cifras? Como bien destacó El Líbero, las consecuencias sociales del desplome en la capacidad creadora de empleos de nuestro país perjudica principalmente a los más jóvenes, a los obreros y a los empleados por cuenta propia. Estos últimos, han disminuido anualmente 0,8%, lo que contrasta con el crecimiento de 5,8% anual que teníamos en diciembre pasado.

La verdad es que esta alza en el desempleo no resulta una sorpresa para nadie. El pobre crecimiento económico del país –poco menos del 2% anual- y las reformas del gobierno que han deteriorado las confianzas, disminuido la inversión y depreciado las perspectivas económicas obviamente iban a tener consecuencias directas en la economía y en la vida de los chilenos. No por nada el propio Rodrigo Valdés, ministro de Hacienda, reconoció que estas cifras eran una “mala noticia” y que era “más necesario aún seguir trabajando por el crecimiento”.

En ese sentido, es valioso contrastar las promesas de campaña con la realidad. Todos recordamos las gigantografías con el ofrecimiento de “Más y mejores empleos” que prometía la Presidenta Bachelet. Hoy, por desgracia, esa oferta termina siendo una ironía. En un año se han destruido casi 100.000 empleos. La última vez que se registró un número similar fue al terminar el mandato anterior de la Presidenta.

Frente a esto, no es de extrañar la incredulidad con que parte importante de la izquierda tomó la promesa del ex Presidente Piñera de crear en cuatro años, un millón de empleos. Simplemente no creían que algo así fuera posible. La realidad es que en el período 2010-2014 el desempleo disminuyó de 9 a 6,1% y consecuentemente se alcanzó un récord histórico en la tasa de ocupación. En suma, se crearon más de un millón de empleos, la mayoría de ellos para mujeres.

La pérdida de empleos perjudica directamente a los trabajadores y a sus familias, reducirá las posibilidades de disminuir la pobreza así como las oportunidades de salir adelante por sí mismos. No por nada se ha dicho que el principal derecho de los trabajadores no es otro que precisamente la oportunidad de trabajar y surgir.

Por eso es lamentable el desarrollo de una agenda ideológica que ha avanzado implementando una reforma tributaria y ahora una laboral, que disminuyen las posibilidades de los chilenos de encontrar un trabajo. Dijeron que estas reformas afectarían solo a los más ricos del país –a los “poderosos de siempre”- y que no tendrían costos para las familias de clase media y los más pobres. La triste realidad es que las mujeres, los jóvenes y los trabajadores menos capacitados hoy son testigos de la destrucción de casi 100.000 empleos y tendrán más dificultades para encontrar uno en el corto plazo. Frente a la ideología que no escucha razones, siempre contrasta la contundencia de los hechos.

En ese sentido, sería valioso que los ministros que dijeron que ninguna de las reformas tendrían consecuencias para la mayoría de los chilenos asuman su responsabilidad. Sin ir muy lejos, Ximena Rincón, la ministra de Trabajo, reconoció que no se tienen estudios sobre el impacto de la reforma laboral en la economía. Pese a eso, el gobierno sigue impulsando su reforma.

Así las cosas, se confirma la necesidad de desarrollar una alternativa política, que ponga el acento en el esfuerzo de las personas y les permita poder desarrollar sus talentos y habilidades. Es clave decir con la fuerza de los hechos que la mejor política social es el trabajo, que dignifica y da seguridad a las familias. Urge un gobierno que vuelva a poner a Chile en la senda del desarrollo, del progreso económico y social, y que sea capaz de generar las condiciones para la creación de empleo.

 

Julio Isamit, Coordinador General Republicanos.

 

 

FOTO:FRANCISCO FLORES SEGUEL/AGENCIAUNO

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