Ante la probabilidad de que el socialismo bolivariano se instale en Francia, a la primera reacción de asombro siguió la de una reflexión profunda: ¿Et pourquoi pas? Después de todo, ¿debemos ser siempre los sudacas los que apliquemos las geniales ideas importadas siempre, o casi siempre, desde Europa? ¿No sería no sólo lógico, sino que también de plena justicia, que esa vetusta institucionalidad del Viejo Mundo se nutriera del pensamiento progresista de nuestra América Morena?
Publicado el 21.04.2017
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Cuando pensábamos que ya nada podía sorprendernos, (acostumbrados como estamos al tropicalismo latinoamericano) y habiendo asumido que la influencia del chavismo en el movimiento español Podemos era sólo una excepción que confirma la regla, irrumpe en el ya colorido escenario político francés… ¡un candidato “bolivariano”! Impulsado tal vez por el exitoso desempeño del chavismo venezolano y del kirchnerismo argentino, de los cuales se declara un ferviente admirador, Jean-Luc Mélenchon aparece con posibilidades de pasar al ballotage en las elecciones presidenciales francesas de este domingo.

Ante la probabilidad de que el socialismo bolivariano se instale en el Elíseo, a la primera reacción de asombro siguió la de una reflexión profunda: ¿Et pourquoi pas? Después de todo, ¿de dónde acá debemos ser siempre los sudacas los que apliquemos las geniales ideas importadas siempre, o casi siempre, desde Europa? ¿No sería no sólo lógico, sino que también de plena justicia, que esa vetusta institucionalidad del Viejo Mundo se nutriera del pensamiento progresista de nuestra América Morena? Francia ha sido una fuente primordial de inspiración para la política latinoamericana. Pero, así como nos nutrimos de las ideas de Rousseau, también, en nuestra historia reciente, recibimos a otros apóstoles del pensamiento revolucionario, de la calaña, por ejemplo, de Regis Debray.

Este filósofo y escritor francés, amigo de Fidel Castro y del Che Guevara, propulsor de la lucha armada en América Latina, fue quien aconsejó que “deben rechazarse las tácticas comunistas ortodoxas de los frentes populares y de las vías pacíficas para acceder al poder”. Su ideal revolucionario fracasó en el propósito de extender la lucha armada, pero ayudó a consolidar la dinastía comunista en Cuba. Lo menos que podríamos hacer por los franceses es retribuirles con lo mejor que ha producido la política latinoamericana: el chavismo, modelo vivo del Socialismo del Siglo XXI.

Ahora es Francia la que se podrá “beneficiar” de las ideas que surgen de la experiencia de la revolución bolivariana en América Latina. Partiendo por la Asamblea Constituyente, (como se hizo modelo en los países del ALBA), Mélenchon podría fundar la Sexta República bajo el modelo bolivariano. Desde la segunda mitad del siglo pasado, América Latina sufrió una verdadera invasión de activistas, de organizaciones no gubernamentales europeas de todo tipo. Las que, por ejemplo, han incentivado la expansión de la ideología revolucionaria en los “pueblos originarios” de la región, pavimentando el camino del populismo etnocéntrico en los países andinos. Ha llegado la hora de devolver la mano.

La llegada del chavismo al poder en Francia haría realidad el sueño de millones, no sólo de aquellos que elijan con su voto a Mélenchon. También hará felices a millones más en Sudamérica, que verán abrirse nuevas oportunidades que nunca soñaron. Desde el punto de vista del conocimiento y la innovación, desde lo académico hasta el impulso a nuevos emprendimientos. Sólo imaginarse el valor que tendrá para los franceses nutrirse de los conocimientos y la experiencia de personalidades de la talla del senador Alejandro Navarro y del candidato Marco Enríquez-Ominami, dictando conferencias sobre el desarrollo de redes y el financiamiento de campañas políticas: ¡una experiencia invaluable! La posibilidad de llevar al propio Lula da Silva como asesor político elevaría a los franceses a un nivel de excelencia sin precedentes.

Lo mejor de todo es que no habría jamás escasez de mentes brillantes para ofrecerles asesoría permanente y en todas las áreas. David Choquehuanca, secretario general de ALBA, colaboraría con la Unión Europea en materia de mecanismos de integración. Cristina Fernández, con la ayuda de Lázaro Báez, haría maravillas en infraestructura para el turismo, y así por delante. Chile no podría ser menos, poniendo a disposición de nuestros nuevos socios lo mejor en materia de liderazgo y manejo de crisis, a cargo de una figura cuyo nombre se mantiene en reserva, junto a especialistas en reforma estructural y financiera encabezados por el ex ministro Alberto Arenas, y de Gobierno y Ética dirigido por Rodrigo Peñailillo. El presupuesto, como se sabe, no es problema para la Unión Europea, lo que permitiría que cada uno de los nombrados arme un equipo “empoderado” con no menos de 50 -y no más de 200- integrantes, entre correligionarios, parientes y amigos. Las perspectivas son inmejorables, las ideas ya están ahí, como también la experiencia. El programa chavista de gobierno para Francia está, al decir de los expertos: “maduro”. Y la solución es integral, pues América Latina, por fin, saldará una deuda de gratitud con Europa en general y Francia, en particular.

En 2027 se hará la primera evaluación de la experiencia chavista en Francia. Ciertamente, seguirá gobernando Jean–Luc Mélenchon, puesto que se aplicarán estrictamente los postulados bolivarianos, instituyéndose la re-elección permanente del líder como primera medida constitucional. Hacia el 2030 estaríamos como para hacer ajustes al sistema. Se consideran mediciones de eficiencia de la estatización de industrias y la expropiación de las cadenas productivas y de distribución. Los niveles de eficiencia exigidos no podrían ser menores a los actualmente existentes en Venezuela, lo que asegura un control de gestión de primer nivel. En materia fiscal y monetaria, los equipos evaluadores exigirían, de partida, una inflación no menor al 60% en el primer año y no mayor a 1.000% al cumplir la primera década de gestión “bolivarienne”.

¡Soñar no cuesta nada!

 

Jorge Canelas, embajador (r), director de CEPERI