Los candidatos, en vez de combatir por los votos (las bellotas) en el mismo espectro político, deberían ampliarlo y así conseguir más frutos. Es lo que las ardillas harían. Sin embargo, el candidato Alejandro Guiller, por más que lo ningunean desde varios frentes, sigue remontando en las encuestas, mientras el candidato Ricardo Lagos, algo estancado, decide ir, como la ardilla espía, a arrebatarle las bellotas al primero.
Publicado el 09.11.2016
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Muchos tenían dudas de cuál sería la decisión del ex Presidente Ricardo Lagos respecto de su estrategia electoral: si acercarse a la Democracia Cristiana (DC) o a la izquierda más radical. Desde el punto de vista de los equilibrios de John Nash (Premio Nobel de economía en 1994 e inspiración de la película “Una Mente Brillante”), todo parecía indicar que Lagos debería ir al centro político para disputarle el espacio al otro ex Presidente; Sebastián Piñera. Sin embargo, en su reiterado y altisonante llamado a través de Twitter a resolver el tema de las pensiones —sin proponer soluciones concretas, sino más bien recurriendo a mucho eslogan y lugar común—, la tónica fue denostar a las AFP, como si el envejecimiento de la población y la falta de ahorro previsional fuesen responsabilidad de éstas.

La estrategia del candidato Lagos dejó perplejos a muchos, porque en vez de ir a disputar los votos del centro, de los DC que no tienen candidato o de los que mantienen buen recuerdo de su anterior gobierno (según Somerville, los empresarios amaban al Mandatario), trata de encantar a la calle y a la izquierda radical, que ve con mayor simpatía la candidatura de Alejandro Guillier, pues la percibe como más moldeable a sus intereses.

¿Está bien lo que hace Lagos? Una buena forma de saberlo es con los equilibrios de Nash, usando el ejemplo de las ardillas en la naturaleza. Durante el otoño, las ardillas recogen bellotas que entierran en distintos lugares, para luego ir desenterrándolas y comerlas a lo largo del año. Se calcula que necesitan esconder alrededor de 3.000 bellotas durante esta época, un trabajo duro. Por eso algunas de ellas, en lugar de recoger el alimento, ponen en práctica técnicas de espionaje: observan a otra ardilla enterrando sus bellotas y luego las desentierran para esconderlas en otros lugares.

Cuando una ardilla espía es sorprendida por la ardilla que enterró la bellota, no se pelean: la espía sabe que la otra va a hacer un contraespionaje y que ambas entrarán en un juego que las perjudica. Entonces, lo que hace es volver a enterrar la bellota donde estaba, bajo la atenta mirada de la víctima, fingiendo que ha sido ella la que ha traído el fruto del árbol en son de paz, como señal de que ya no espiará más. Esta reacción de la ardilla espía no podría ser más inteligente, ya que si se peleasen acabarían las dos sangrando, y si se espiasen mutuamente nunca reunirían 3.000 bellotas.

Si aplicamos este ejemplo a la contienda electoral por la definición del presidenciable de la “centroizquierda”, los candidatos, en vez de combatir por los votos (las bellotas) en el mismo espectro político, deberían ampliarlo y así conseguir más frutos. Es lo que las ardillas harían. Sin embargo, el candidato Alejandro Guiller, por más que lo ningunean desde varios frentes, sigue remontando en las encuestas, mientras el candidato Ricardo Lagos, algo estancado, decide ir, como la ardilla espía, a arrebatarle las bellotas al primero. Como lo observamos en la naturaleza, y como lo comprobara el galardonado economista John Nash, la estrategia de enfrentarse por los mismos votos, espiarse por las bellotas, no es la óptima y terminará perjudicando a ambos aspirantes.

Si analizamos la historia de Ricardo Lagos, su incontinencia impulsiva ha aflorado en varias ocasiones, y con buenos resultados. Así emplazó y acusó al general Pinochet, señalándolo con su dedo (momento de antología en la TV), que le valió muchos adeptos; luego fue la primaria con Andrés Zaldívar por las presidenciales del 2000: cuando el DC cuestionó la posibilidad de hacer una doble vía hasta Concepción, Lagos contestó que él podría hacerla desde Los Vilos a Puerto Montt. En cambio, su impulso no estuvo tan acertado cuando acompañó a la recién derrotada alcaldesa de Santiago, y todo parece indicar que su intento de cortejar a la calle empatizando con su alarido contra las AFP no va a terminar bien.

Aunque el ex Presidente se asemeja más a un león que a una ardilla, su problema es que en esta oportunidad su rugido no impresiona ni ordena a la manada.

 

Manuel Bengolea, Estadístico PUC y MBA de Columbia, NY

 

 

Foto: PABLO VERA LISPERGUER/AGENCIAUNO