La confusión que genera usar un indicador de popularidad como intención de voto ha llevado a varios políticos a confundir popularidad con liderazgo presidencial.
Publicado el 21.06.2016
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La irrupción del Alejandro Guillier en el grupo de presidenciables de la Nueva Mayoría para 2017 dice tanto sobre las fortalezas del senador independiente por la Nueva Mayoría por la Región de Antofagasta como sobre las debilidades de los otros presidenciables de la coalición.

Hay que reconocer que la irrupción de Guillier se basa en evidencia circunstancial. Lamentablemente, las encuestadoras en Chile omiten preguntas sobre intención de voto para las próximas presidenciables. En su lugar, incluyen una pregunta ambigua sobre evaluación de determinados personajes políticos. Como la lista de los personajes la hacen las propias encuestadoras, las encuestas no permiten saber quiénes son los políticos que tienen mejor evaluación entre la opinión pública. Pero como los medios y la opinión pública están interesados en saber quiénes se perfilan como candidatos presidenciales, las evaluaciones positivas se interpretan equivocadamente como sinónimo de intención de voto. Pese a que resulta evidente que evaluar positivamente a alguien no significa tener la disposición a querer votar por esa persona (ni separa entre votantes probables y abstencionistas probables), los medios inevitablemente transforman la evaluación positiva en intención de voto.

La confusión que genera usar un indicador de popularidad como intención de voto ha llevado a varios políticos a confundir popularidad con liderazgo presidencial. Pero mientras un político popular solo sabe que genera poco rechazo, un candidato presidencial debe aprender a vivir con niveles altos de rechazo. Cuando un presidenciable representa un proyecto de país bien definido, inevitablemente va a generar rechazo entre personas con visiones opuestas sobre el país que deberíamos construir. Con todo, el solo hecho que Guillier haya aparecido tan rápidamente entre los políticos mejor evaluados constituye al menos evidencia de la oportunidad política que se le abre al periodista y sociólogo.

Pero para ser viable, Guillier necesita transformar la popularidad en intención de voto. Como irrumpió recientemente en política, Guillier representa muchas cosas distintas para distintas personas. Como ME-O en 2009 o Franco Parisi en 2013, Guillier personifica el rechazo que existe ante las opciones presidenciales que ya existen. Pero el voto de protesta no es lo mismo que un voto afirmativo para un candidato presidencial viable. Su fortaleza evidencia también las debilidades de los candidatos de facto de la Nueva Mayoría.

El ex Presidente Ricardo Lagos, quien oficialmente no ha decidido su candidatura pero se comporta como si fuera candidato, aparece mejor aspectado que Guillier en las encuestas privadas que indagan sobre intención de voto. Pero el momento político hoy pertenece al afable senador de 63 años. La popularidad de Guillier desnuda el secreto peor guardado en el oficialismo. Aunque muchos creen que Lagos puede ganar, hay poco entusiasmo al interior de la Nueva Mayoría para apoyar al cuasi octogenario ex Mandatario.

La irrupción de Guillier también deja en evidencia los poco exitosos esfuerzos por levantar las candidaturas de Isabel Allende, Ignacio Walker o Carolina Goic. Aunque la lista de presidenciables en la Nueva Mayoría es extensa, el hecho que resulte tan fácil que un candidato escale en los índices de popularidad refleja que los votantes de ese sector no están muy entusiasmados con los nombres que suenan como más probables para suceder a Michelle Bachelet como abanderados oficialistas.

Para transformar su alta aprobación en intención de voto, Guillier deberá fijar posturas en varios temas que resultan espinudos y divisivos en la coalición de izquierda. Desde su posición sobre la reforma educacional hasta sus posturas sobre la reforma laboral, las que fije Guillier inevitablemente irán definiendo su perfil y aumentando el apoyo entre aquellos que se sienten identificados con esas creencias pero también ahuyentando a aquellos que creían que se vestiría con otros colores.

El senador pudiera caer en la tentación de no fijar posturas, para evitar alienar simpatizantes. Pero esa estrategia es pan para hoy y hambre para mañana. Si bien la ambigüedad le permitirá mantenerse en los primeros lugares en los indicadores de popularidad, en el Chile de hoy nadie puede aspirar a llegar a la presidencia sin transparentar sus posiciones respecto a los temas que dividen hoy a la opinión pública.

Si en los próximos meses, el senador Guillier explicita sus creencias y visiones sobre los temas relevantes para el país, su popularidad inevitablemente bajará, pero aumentarán sus posibilidades de transformarse en candidato presidencial. Si, en cambio, decide mantenerse como un líder que quiere quedar bien con todos, Alejandro Guillier podrá mantener su inusual posición de ser un político popular, pero no podrá construir las bases de apoyo ideológico que necesita cualquier candidato presidencial viable.

 

Patricio Navia, Foro Líbero y académico Escuela de Ciencia Política UDP.

 

 

 

FOTO:PABLO OVALLE ISASMENDI/ AGENCIAUNO

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