Seamos sinceros. En el fondo, el Ejecutivo, no está dispuesto a aceptar que los mismos chilenos, en el proceso constituyente digan “no” a una nueva Constitución.
Publicado el 19.05.2016
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Decidí participar. No porque considere que haya garantías de legitimidad y credibilidad, sino para poder optar a opinar y fiscalizar (en la medida de lo posible) el proceso de elaboración de una nueva Constitución. En fácil, no quiero que me vengan con el cuento. Quiero contarlo en primera persona.

Puedo decir que ya asistí a un Encuentro Local Auto-convocado. Partiremos por lo positivo: me dio gusto ver, y ser parte, de un grupo de ciudadanos que no se conoce y debate sobre valores, derechos, deberes e instituciones de nuestro país. Fue como volver poéticamente -por una mañana- al Ágora griego o al Foro romano: hablar y discutir temas país en directo; con tiempo; sin celulares… ¡Qué falta hace aquello a nuestro Chile!

En la ocasión, aunque la opinión mayoritaria fue que no se creía en el resultado y que se tiene miedo a la manipulación de datos; varios dijeron que, a pesar de ello, preferían opinar desde la cancha y no desde las tribunas; o que era una obligación para con sus hijos; o también, un deber cívico para ayudar a frenar la retroexcavadora. Otros querían transmitir a terceros lo que allí ocurría, y también hablaron los que querían aprender. Todos motivos plausibles.

Pero aquí comienzan los problemas. La discusión se inicia desde el axioma de que la Constitución debe cambiar y qué es lo que debiera contener.

Y ese es el axioma equivocado. Ahí radica el error de este proceso (error obviamente voluntario).

La primera pregunta en los cabildos no debiera ser qué valores se quieren incluir en la nueva Constitución; sino que partir de algo anterior:

¿Queremos cambiar la Constitución?, ¿por qué? Si no la queremos reemplazar, ¿queremos hacerle reformas? ¿Cuáles? Esa debió ser la introducción.

Y si la mayoría está de acuerdo en cambiarla, comenzar con el camino “A” de discusión de una nueva Carta Magna. Pero si la mayoría opina que quiere reformar la actual, firmada por Ricardo Lagos en 2005, el camino debería ser el “B”, buscar acuerdos sobre qué modificar.

Eso nunca estuvo en la discusión guiada. Nunca fue una opción.

Si bien se puede argumentar que la convocatoria tenía otro fin, porque la decisión de cambiar la Constitución fue tomada por Michelle Bachelet; este proceso sí se habría validado y legitimado –automáticamente y en gran medida- al incluir todas las opciones. Por ello no extraña la baja participación en estos cabildos: alrededor de dos mil convocatorias inscritas hasta el momento. Y si tomamos una asistencia promedio de 20 ciudadanos por cabildo (siendo muy generosos), el máximo de participantes llega a los 40 mil a lo largo de todo el país. Paupérrimo. Tanto que recientemente el gobierno decidió bajar el número mínimo de quorum para participar, de 15 a 10 personas, y de 10 a cinco días necesarios para inscribir estos procesos.

Mala señal. Por ello se podría concluir que los que no han querido participar (la inmensa mayoría de los chilenos) ha sido por lo sesgado del proceso, porque no desean cambiar la actual Constitución o solo quieren reformas, pero la instancia no los deja.

Si este gobierno hubiese querido pasar a la posteridad por un proceso inédito y transparente; ha pecado de soberbia, y de una enorme: no creer en la opinión de la gente, y hacer como que sí cree.

Seamos sinceros. En el fondo, el Ejecutivo, no está dispuesto a aceptar que los mismos chilenos, en el proceso constituyente digan “no” a una nueva Constitución.

Aquí la Nueva Mayoría se farreó una gran oportunidad, porque si hubiese querido participación ciudadana real, debió entregar todas las alternativas y no una discusión dirigida. Autogol democrático ¿Les importará?

Al cabildo que asistí discutimos el sesgo. Y quisimos dejarlo estampado en el acta. ¿Alguien lo leerá? ¿Lo tomarán en cuenta? Soy más bien pesimista, pero los que estuvimos presentes podemos estar tranquilos de que cumplimos con nuestro deber cívico de hacer ver a las autoridades que el proceso es mañoso.

Si usted participa prontamente en alguno de estos cabildos, atrévase a comenzar a discutir lo primero: ¿Queremos o no nueva Constitución? Y que los resultados de esa discusión queden por escrito. Es el espacio que nos han dado.

 

Rosario Moreno C., Periodista y Licenciada en Historia UC.

 

 

FOTO: SEBASTIAN BELTRAN GAETE / AGENCIAUNO