Superada la presión pública ¿se mantendrá la voluntad política de combatir el terrorismo con la decisión que se mostró estos días? Esa es la pregunta.
Publicado el 22.09.2014
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Con la información disponible hasta ahora sólo podemos calificar el trabajo en la investigación del atentado terrorista en el Metro, por parte del Ministerio Público y Carabineros, como extraordinariamente eficiente. Particularmente destacable aparece la labor del Fiscal Guzmán, que con un estilo sobrio y un desempeño profesional impecable, lideró una investigación que obtuvo resultados que no son habituales en materias de esta complejidad.

Así también, es indudable que en el gobierno, tanto la Presidenta como el ministro del Interior, mostraron sin vacilación su voluntad de calificar el hecho y perseguir a sus autores con el rigor que corresponde. Ahora sería una buena señal de madurez política, el actuar de manera coherente y así como se definió el bombazo, en el momento de mayor impacto público, como un problema de Estado, también se celebren los avances como un triunfo de todos los sectores. Hay que estar en las duras y en las maduras.

Sería un error mayor dar por resuelto el problema del terrorismo y apurarse en buscar réditos políticos. Mucho más realista es mirar este bombazo y sus presuntos autores como la punta del iceberg de un peligro terrorista que es de largo plazo. La precipitación, el entusiasmo mediático y las encuestas de opinión, son malas compañías cuando se trata de enfrentar un problema de esta gravedad.

El riesgo más evidente es que en pocos días el tema salga de los medios de comunicación, el interés político se vaya al conflicto de moda en ese momento y nos olvidemos de este, hasta que un nuevo hecho de sangre nos vuelva a recordar esta materia pendiente. Es pertinente traer a colación que los fondos rápidamente prometidos al Ministerio Público después del otro atentado al Metro, afortunadamente fallido, no habían llegado a este organismo. Aparentemente se habían quedados atrapados en la maraña de la burocracia y falta de prioridad propia de lo que no está en los titulares.

La discusión de los agentes encubiertos es, a mi modesto parecer, una discusión que se ha planteado sin llegar al fondo de la cuestión. Lo que está en disputa, en realidad, es si necesitamos crear un tercer cuerpo policial. Esa es la decisión que subyace de manera evidente; porque un organismo de inteligencia al que se le autoriza la búsqueda de información a través de agentes operativos propios y que la información recabada por ellos es susceptible de hacerse valer en juicio, está a un paso muy pequeño y, en la práctica, inevitable de convertirse en un verdadero cuerpo policial.

En esa dimensión debiera producirse el debate real, que tiene que ver con la necesidad de ese eventual nuevo órgano con todo lo que implica: presupuesto requerido, sus competencias, las garantías de profesionalismo en su funcionamiento y los mecanismos de control que nos resguarden razonablemente de cualquier uso desviado del poder que se le confiera.

La actual estructura de la ANI, la legislación que se le aplica, su dependencia y mecanismos de resguardo están acordes a las limitadas competencia que tiene; obviamente en este contexto actual pensar en agentes encubiertos, vale decir, atribuciones operativas no es razonable.

El terrorismo se combate con muchas herramientas, este tipo de agentes entre ellas, pero no caigamos una vez más en la práctica tan repetida de empezar a ponerle parches a las instituciones, fruto de las urgencias y la improvisación, para terminar con engendros burocráticos e ineficaces.

Por su parte, la discusión instalada en el país, desde antes del atentado, sobre la ley antiterrorista es inseparable de la anterior. Estas últimas semanas vimos un avance muy importante, la decisión expresa de la mayoría de los sectores de actuar con voluntad política en la persecución del terrorismo. Eso, hasta ahora, no había ocurrido y es el primer paso para avanzar en una ley adecuada y en órganos que la apliquen eficazmente. Porque sin voluntad política para actuar con convicción, normas y agentes encubiertos se quedan en la mera apariencia de solución.

Pero surge de inmediato la pregunta, una vez detenidos los presuntos autores y superado el momento de presión por parte de la opinión pública ¿se mantendrá está decisión de actuar con fuerza en la persecución de los grupos terroristas? Tendremos que verlo.

Lo concreto, por el momento, es que usando bien los medios que tenemos obtuvimos resultados en pocos días y, como tantas otras veces, quedó en evidencia un rasgo atávico del carácter político nacional: ante cualquier dificultad pedimos una ley, queremos un órgano público nuevo y más presupuesto. Pero casos como este demuestran que es suficiente con empezar por tener un poco más de voluntad política descubierta, antes que pedir agentes encubiertos para resolver los problemas.

 

FOTO: MARIBEL FORNEROD/AGENCIAUNO

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