Mientras hoy el debate y los esfuerzos del oficialismo están en la gratuidad en la educación superior (donde el retorno social a la inversión es mínimo), la evolución del sistema de educación parvularia, que es la que permitiría avanzar hacia una sociedad de oportunidades, ha sido postergada.
Publicado el 20.02.2017
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La educación parvularia, aquella comprendida desde el nacimiento de los niños hasta su ingreso a primer año de enseñanza básica, es un elemento clave en la formación integral de las personas. Existe una amplia gama de evidencia robusta —nacional e internacional— que identifica la estimulación temprana como la piedra angular del desarrollo posterior.

James Heckman, profesor de la Universidad de Chicago y Premio Nobel de economía, ha dedicado gran parte de su investigación a documentar el impacto de la educación en los primeros años de vida –particularmente, desde los tres años en adelante-, estableciendo que las habilidades cognitivas y no cognitivas adquiridas durante la primera infancia son complementarias con las que se adquieren en etapas posteriores, de modo que las desventajas en ciertos individuos surgen más de la brecha de estimulación recibida cuando niños que de la diferencia en recursos financieros. Así es como cobra sentido el hecho de que el gasto en educación con mayores retornos privados y sociales es el realizado en los primeros años de vida, y es mayor aun cuando se enfoca en los más vulnerables. De esta forma, la educación parvularia se consolida no solo como la intervención más costo-efectiva, sino además como la que tiene mayor capacidad de igualar oportunidades.

En Chile, los avances se han limitado a extender la cobertura. Sin embargo, contar con un sistema parvulario de calidad es un aspecto central para que las intervenciones realmente impacten positivamente. En este sentido, nuestro país está al debe: en promedio, los niños de los países de la OCDE que asisten a educación parvularia obtienen 30 puntos más en la prueba PISA que los niños que no asistieron; en Chile, ese impacto bordea los 15 puntos.

Si bien recientemente se creó una nueva institucionalidad para este nivel educativo, existen falencias básicas como la existencia de discriminaciones en el financiamiento por niño. La subvención estatal no es uniforme y se presentan diferencias en la cantidad de recursos que reciben los establecimientos de acuerdo a si pertenecen a la JUNJI, la Fundación Integra o son administrados por terceros. Según datos de 2013, niños de un mismo nivel de vulnerabilidad y edad podrían presentar diferencias de subvención de hasta 50%.

Mientras hoy en día el debate y los esfuerzos del oficialismo están en la gratuidad en la educación superior (donde el retorno social a la inversión es mínimo), la evolución del sistema de Educación Parvularia, que es la que permitiría avanzar hacia una sociedad de oportunidades, ha sido postergada. Si bien la reciente creación de la Subsecretaría de Educación Parvularia podría generar avances positivos, la primera infancia está –o mejor dicho, estuvo- lejos de ser una prioridad para este Gobierno.

 

Raúl Figueroa, director ejecutivo de Acción Educar.

 

 

FOTO: SEBASTIÁN RODRÍGUEZ/AGENCIAUNO