El desafío de una nueva educación inicial es múltiple y no está exento de dificultades. Involucra a los más diversos actores para su correcta implementación, como profesionales en ejercicio, profesionales en formación, universidades y centros de formación técnica.
Publicado el 09.04.2018
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Los temas relativos a la infancia hoy en día están en el centro de la discusión y de las prioridades públicas. Las políticas que vendrían a subsanar las necesidades de los niños y adolescentes que se encuentran en situaciones de riesgo y vulnerabilidad son las que tienen mayor seguimiento. Sin embargo, una política de educación inicial temprana debería ser un punto relevante en la discusión y en la aplicación de medidas que mejoren las oportunidades de los niños.

La educación ha sido uno de los temas más polémicos y debatidos en Chile en los últimos años, siendo el centro de diversas manifestaciones: la Revolución Pingüina (2006), protagonizada por escolares; y el estallido del llamado movimiento estudiantil (2011), cuyos líderes eran estudiantes universitarios. Sin embargo, lo que no ha estado cubierto tan abiertamente por la prensa son las necesidades y urgencias que tiene la educación de la primera infancia.

La educación parvularia es aquella que atiende a los menores, desde los 84 días (edad mínima para ingresar a sala cuna) hasta su ingreso a la educación básica. Los expertos señalan que la edad comprendida desde el nacimiento hasta los 5 años es clave para el desarrollo de las bases fundamentales del pensamiento, el comportamiento y el bienestar emocional. De esta manera, aquellos niños que tienen un desarrollo infantil temprano correcto, tienen mayores posibilidades durante su vida adolescente y adulta para su desarrollo y crecimiento personal, tanto en lo académico, como en lo afectivo y lo laboral.

No podemos olvidar a las familias en esta importante tarea. Si bien es cierto que es necesario crear una política pública de calidad, que mejore los jardines infantiles y salas cuna, el fortalecimiento del rol de la familia es indispensable, puesto que es la primera educadora de los niños. Para esto, existen diversos programas que pueden aumentarse y mejorarse, como lo es Chile Crece Contigo, que ofrece planes y programas desde el embarazo de la madre, hasta los 4 años del niño, aproximadamente.

Quizás la mayor dificultad en el desafío de emparejar la cancha es la calidad que se ofrece a nivel de educación inicial. Actualmente, prima un sistema de aseguramiento de la calidad que se basa en el desempeño, el cual es medido mediante pruebas estandarizadas. Una prueba de esto es la temprana aplicación de la prueba SIMCE cuando los niños alcanzan 2° básico, a la edad de 7-8 años. Los expertos señalan que la mejor medición para la etapa de educación inicial se encuentra en el juego y la actividad física, como indicadores de calidad más certeros. En el juego, los niños se encuentran activos en todo momento: preguntan, responden, interactúan tanto con pares como con adultos, toman decisiones y amplían su imaginación y creatividad. La preparación y aplicación de pruebas estandarizadas, que siguen la lógica de niveles superiores, aleja a los profesionales de educación parvularia de su interés último: lograr el desarrollo integral de los niños, potenciando al máximo sus capacidades.

El desafío de una nueva educación inicial es múltiple y no está exento de dificultades. Involucra a los más diversos actores para su correcta implementación, como profesionales en ejercicio, profesionales en formación, universidades y centros de formación técnica. También a los sostenedores de jardines y salas cuna. No podemos olvidar a los expertos, que diseñan e implementan las estrategias de seguimiento y medición de la calidad en la educación inicial. Y ciertamente al Ministerio de Educación, una de cuyas prioridades para los próximos años debiera ser la sala cuna universal, con verdadera calidad que ayudará al conjunto del sistema de enseñanza.

En educación, un trabajo colaborativo es la clave para emparejar la cancha.

 

Monserrat Risco, investigadora Centro de Estudios Bicentenario y CEUSS Universidad San Sebastián 

 

 

FOTO: RODRIGO SAENZ / AGENCIAUNO