El nuevo sistema de financiamiento de la educación superior se basa en una fórmula única para otorgar la ayuda, no es arbitrario y premia a los jóvenes con talento y voluntad de proseguir sus estudios.
Publicado el 18.06.2018
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La importancia de la educación para la primera infancia, como todos saben, se encuentra en que es capaz de generar efectos positivos de largo alcance en el desarrollo de los niños y niñas, lo que es un gran desafío para el Chile de hoy. Sin embargo, cabe preguntarse también por aquellos jóvenes que hoy se encuentran en edad de elegir una carrera, ya sea universitaria o técnica, para luego insertarse en la vida laboral desde sus propias vocaciones.

Hace algunos días el Presidente Piñera presentó un nuevo sistema de financiamiento para la educación superior, el Sistema de Financiamiento Solidario que reemplazará al antiguo Crédito con Aval del Estado (CAE) por un Fondo Solidario de Crédito Universitario (FSCU), con miras a avanzar a un sistema educativo que otorgue reales herramientas para el crecimiento personal y de la sociedad. Al igual que el aporte que genera la educación inicial a largo plazo, la formación de profesionales es clave para el desarrollo integral del país.

El FCUS –a diferencia del CAE– no discrimina por situación socioeconómica del futuro estudiante a la hora de entregar el crédito: esto asegurará un sistema más justo para todos.

El eje central de este nuevo sistema es que nadie puede quedarse fuera de la educación superior por carencia de recursos. Es por esto que el FCUS –a diferencia del CAE– no discrimina por situación socioeconómica del futuro estudiante a la hora de entregar el crédito: esto asegurará un sistema más justo para todos. Por otra parte, el plazo máximo de pago fue disminuido de 20 a 15 años, alivianando así la futura carga económica de los jóvenes una vez que se inserten en el mundo laboral.

¿Por qué es tan relevante el cambio de financiamiento en la educación superior? Porque el nuevo sistema se basa en una fórmula única para otorgar la ayuda, no es arbitrario y premia a los jóvenes con talento y voluntad de proseguir sus estudios. El centro se encuentra en el estudiante, quien podrá elegir una carrera inspirada en su vocación, sin limitarse por el problema monetario ni las complicaciones que significan solicitar ayuda financiera una vez terminada la etapa universitaria.

También resuelve un problema que la mal llamada gratuidad universal ha generado: el acceso a la educación superior gratuita “sólo” en aquellas universidades adscritas a dicho sistema.

Del mismo modo, resuelve un problema que la mal llamada gratuidad universal ha generado: el acceso a la educación superior gratuita “sólo” en aquellas universidades adscritas a dicho sistema. Esto reduce la libertad de elegir de los postulantes. El nuevo financiamiento abre la posibilidad de elegir libremente, sin el problema de costos de por medio o de oferta de instituciones limitada. De esta manera, el FCUS complementa la promesa de la gratuidad en educación de ampliar el acceso de todos los jóvenes talentosos a la educación superior, reduciendo problemas que exceden el ámbito educacional.

Finalmente, es necesario señalar que la implementación de este nuevo sistema de financiamiento será exitoso sólo en la medida que logre ampliar los accesos a una educación superior de calidad. El problema cuantitativo está siendo resuelto poco a poco con el FCUS, así como también mediante la creación de nuevas universidades regionales que respondan a las necesidades de nuestro largo país, pero también es momento de que el foco sea la calidad. Es por esto que las exigencias que el Sistema de Financiamiento Solidario le pone a las instituciones para ser otorgado a sus estudiantes debe ser cada vez más fuerte y en relación con lo que la sociedad chilena del siglo XXI demanda.

Monserrat Risco, investigadora Centro de Estudios Bicentenario y Centro de Extensión y Estudios USS

 

FOTO: CRISTOBAL ESCOBAR/ AGENCIAUNO