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Publicado el 10 de diciembre, 2014

Educación: Familia, Estado, mercados

Ahora son las estrategias educacionales de los grupos medios las que contienen la clave para la comprensión de la sociedad chilena actual.
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Nuestra hipótesis relativa a la posibilidad de desarrollar en Chile un Estado de Bienestar como resultado de una estrategia socialdemócrata es ésta: que concretar tal posibilidad dependerá de una combinación virtuosa de tres factores: (i) liderazgo político, (ii) basado en las dinámicas de la clase media, (iii) mediante una específica forma de integración del Estado, los mercados (especialmente el mercado laboral) y las familias.

Esta tesis se inspira en una de las ideas centrales del intelectual socialdemócrata sueco Goran Esping-Andersen (2006), cual es, que el “paquete total del bienestar” -como él lo llama- combina insumos del Estado, los mercados y las familias que pueden articularse de distintas maneras. No hay un solo “paquete” ni una única forma de disponer sus elementos.

Un caso típico que ilustra esta idea subyacente es la educación.

Efectivamente, para la clase media, especialmente sus segmentos emergentes, ella entrelaza su visión, anhelo y experiencia del bienestar. Constituye el mecanismo de acumulación original de capitales (económico, social y cultural) de las familias, a condición de que el mercado laboral provea ocupaciones en cantidad y de calidad suficientes para valorizar el capital educacional adquirido (especialmente títulos y grados de la educación terciaria) y que el Estado garantice el derecho a la educación obligatoria, el acceso al nivel superior y los estándares de calidad de las oportunidades educativas ofrecidas en todos los niveles.

Es evidente que este círculo virtuoso familia-mercado laboral-Estado en torno a la educación se halla entre nosotros a medio camino y, coyunturalmente, atraviesa una zona de turbulencias (aunque el gobierno que ayudamos a elegir no lo reconozca así).

Desde el momento que se desea utilizar la educación para reducir o compensar los efectos de la desigualdad social y económica heredada en la familia -como se viene haciendo en Chile desde 1990-, el Estado debe abandonar su pasividad y carácter meramente subsidiario y convertirse, de acuerdo al planteamiento socialdemócrata, en un activo igualador de oportunidades desde la “cuna hasta la tumba”. De ahí también la particularísima relevancia que para nuestra clase media ampliada adquiere la educación temprana y el apoyo del Estado hacia las familias y, en el otro extremo, la educación continua articulada con la educación postsecundaria y con procesos de aprendizaje a lo largo de la vida.

Según muestran las encuestas de opinión, es del todo evidente que la subjetividad de la clase media se ha volcado fuertemente hacia la educación como factor de ingreso y consumo, de cohesión del hogar (amenazado por diversas crisis) y de movilidad social. El esfuerzo personal, el sentido del mérito, las perspectivas de ascenso y la participación en los códigos de la sociedad contemporánea convergen en este sector social hacia la educación.

Por eso mismo, la reforma educacional de la Presidenta Bachelet y su negativa comunicación –fin de, fin de y fin de– son percibidas por la mayoría de la población como una amenaza, especialmente por la clase media. Amenaza para sus expectativas y posición en la sociedad.

Así como antes las estrategias de sobrevivencia de las familias pobres ocupaban un lugar central en el análisis social, y las estrategias de lucha de la clase obrera dominaron por un tiempo el debate político, ahora son las estrategias educacionales de los grupos medios las que contienen la clave para la comprensión de la sociedad chilena actual.

El análisis cuidadoso de esas estrategias permitiría obtener una mejor interpretación de las tensiones entre las esferas pública y privada, sobre los fenómenos del copago y la selección por mérito, o la provisión de oportunidades educacionales por parte de sostenedores diversos.

Además permitiría entender fácilmente que una estrategia socialdemócrata adaptada a las circunstancias chilenas, no puede limitarse a -ni agotarse en- la mera “desmercantilización” de la educación, como sucede con la propuesta gubernamental. Menos aún si ella transmite -como insisten en hacer el Gobierno y la Nueva Mayoría (NM)- un sentimiento hostil hacia el régimen mixto de provisión y el carácter supuestamente segmentador de las estrategias de inversión educacional de la clase media.

Ésta percibe el riesgo de una vuelta atrás a la época en que únicamente la burguesía, las élites o el establishment podían usar el mercado educativo, la selección por mérito, la inversión de las familias en sus herederos y a proveedores que operan bajo el imperio del vínculo monetario (el cash nexus). Siente, dicho en breve, que quienes desean restringir sus opciones, sin embargo mantienen para sí la más amplia libertad de elección.

Culturalmente se ha ido provocando así un choque entre quienes ocupan posiciones de poder –technopols en el Gobierno y sus asesores académicos, dirigentes de partidos de la NM y sus representantes parlamentarios- y los intereses e ideales de los sectores mesocráticos, los cuales perciben un cierre de horizontes, una reelitización educacional y un abandono por parte del Estado de su papel de apoyo a las familias y de regulación de los mercados.

¿Cómo concebir entonces una estrategia alternativa de reforma educacional que responda efectivamente a una visión socialdemócrata para generar un “paquete de bienestar” alineado con los intereses de la nueva clase media? En las próximas columnas exploraremos la respuesta a esta interrogante.

 

José Joaquín Brunner, Foro Líbero.

 

 

FOTO: CRISTOBAL ESCOBAR/AGENCIAUNO

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