Nunca pensé que tendría que citar pornografía… Aquí debe haber despidos, profundos meas culpas y no bajar el perfil a situaciones tan graves como ésta, que hasta –eventualmente- podrían constituir un delito.
Publicado el 03.01.2016
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Nunca pensé que tendría que citar pornografía en una columna de opinión. Pero es tiempo de abrir los ojos, y bien abiertos. Hace dos meses, un niño de 12 años, de la comuna de Río Bueno (XIV Región) acudió alarmado donde su profesor para comentarle el contenido de un libro de cuentos que había en la biblioteca. Se trataba del ejemplar “Caperucita se come al Lobo” de la autora colombiana Pilar Quintana. De ahí, el tema escaló a nivel nacional, citándose que cómo era posible que el propio Ministerio de Educación repartiera literatura erótica a establecimientos educacionales públicos.

En una escueta declaración, el Ministerio explicó que el ejemplar fue distribuido a 283 liceos y que decidió, luego de la denuncia, retirar inmediatamente este libro “dado que no cuenta con una evaluación pedagógica adecuada como material curricular para los estudiantes”. En la ocasión se agregó que llevarían a cabo una investigación sumaria para indagar el proceso de evaluación del texto y la decisión de incluirlo en el catálogo.

Con esa simple explicación se echó tierra al tema. Se acabó la polémica. ¿Por qué? Tiendo a pensar que ni los medios, ni líderes de opinión leyeron el contenido del libro. Yo lo hice hace unos días, y puedo decir –responsablemente- que el material entregado a los menores es pornográfico (presentación abierta y cruda del sexo que busca producir excitación, según definición de la Real Academia Española).

Dada la gravedad del tema, siento el deber de citar uno de los muchos pasajes del libro, para que ojalá despertemos, nos zamarreemos y no se vuelvan a vulnerar, nunca más, los derechos de nuestros menores. Aquí va una muestra:

“Le busqué la verga con la mano. Estaba dura. Le desabroché los jeans y se la saqué. Me senté en la cama. Miguel tenía una verga gorda y rosada. La acaricié con mi cara. Olía a leche cortada. Lamí, tenía un gusto salado. Lamí un poco más, me la metí en la boca y empecé a chupar” (cuento Olor).

Si fue capaz de leer esta sordidez, imagine lo que me costó, a mí, transcribirla. Y súmele cuentos explícitos con pedofilia, corte de testículos, alcohol, tabaco, masoquismo… para menores.

Sin duda, indignante. Con la educación de nuestros niños no se puede improvisar, jugar, probar y actuar con desidia. Aquí hay adultos responsables dependientes de la Unidad de Currículum y Evaluación del Mineduc que deben dar la cara. Aquí debe haber despidos, profundos meas culpas y no bajar el perfil a situaciones tan graves como ésta, que hasta –eventualmente- podrían constituir un delito.

Si hubo una incorrecta evaluación de incluir este libro y anuncio de sumario por parte del Ministerio, lo lógico hubiese sido trabajar 24/7, y que a más tardar, una semana después, se llamara a conferencia de prensa para dar a conocer los resultados de la investigación interna. Han pasado dos meses y nada. ¿Se despidió al o los responsables de este episodio? ¿Qué pasó con los ejemplares que prometieron iban a retirar? ¿Los retiraron?, ¿los rompieron?, ¿quién fiscalizó eso? ¿Alguien del Mineduc podría explicar cuál fue el objetivo “educativo” que buscaba un ejemplar como éste? ¿Se leen los libros antes de encargarlos y comprarlos? ¿Puede haber otro libro pornográfico circulando por los establecimientos educativos de Chile y no sabemos?

Un segundo punto. ¿Cómo es posible que los profesores de los colegios no revisen lo que las bibliotecas ofrecen a sus alumnos para que lean? Llega a ser hasta dostoievskiano que el chileno que detectó y fiscalizó este error (por decirlo en elegante) fue un menor de 12 años que sintió vulnerado su derecho a ser niño.

Muchos pueden defenderse diciendo que en esta era de internet, los menores tienen acceso a todo, y el porno nos rodea. Es cierto. La oferta es ilimitada. Pero una cosa muy distinta es que el Estado de Chile propicie esta inmundicia.

Y todos tan preocupados de la gratuidad universitaria… no es el único tema relevante señores y señoras.

Desde el Ministerio me informan que el sumario administrativo sigue en curso y que por dicho motivo no se ha comentado a la opinión pública. ¿Dos meses y aún no hay responsables, ni medidas tomadas? Curioso. Más cuando un chileno preocupado por este escándalo, Leopoldo Quezada, pidió detalles de todo este infortunio a través de la Ley de Transparencia. La respuesta del Ministerio, entre otros, indica que se mejorará el proceso de evaluación para los siguientes años a través de un centro Evaluador Externo (¿Cómo se elegirá?), que incluye la contratación de 40 profesionales evaluadores (¿Qué tipo de profesionales?) y la conformación de ocho comités especializados (¿?). Se deduce de la respuesta que las medidas reparatorias ya han sido tomadas, pero nunca se habla de los responsables y qué se hará con ellos. Si ya se sabe qué es lo que se va a hacer, ¿por qué no ha sido informado públicamente?

Mientras esperamos, reina el silencio, el mejor aliado de la tiranía. Y dejamos pasar una y otra situación de este tipo, donde se nos ha olvidado en este mundo de cuentos, un personaje crucial, el lobo. Personaje muy relevante en el cuento La Caperucita Roja, y que hoy está actuando impune por doquier.

 

Rosario Moreno C., Periodista y Licenciada en Historia UC.

 

 

FOTO: ALVARO COFRE/ AGENCIAUNO