Más allá de la actual coyuntura y de las políticas de reactivación que se están implementando, la invitación es a no descuidar los fundamentos que permitirán tener un crecimiento sostenible en el largo plazo.
Publicado el 16.11.2014
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No es novedad que las cifras de crecimiento durante este año hayan sorprendido consecutivamente a la baja. A modo de resumen, podemos observar cómo el Banco Central ha ido modificando su estimación de crecimiento para este 2014: en el periodo de un año, entre la publicación del IPoM de septiembre de 2013 y la de septiembre recién pasado, el rango de crecimiento para 2014 se ajustó desde 4% – 5% hasta el reciente rango de 1,75% – 2,25%. Y las cifras conocidas en lo más reciente indican que el crecimiento se ubicará cercano al piso del rango.

Como si fuéramos doctores tratando de diagnosticar un caso clínico, hemos enarbolado muchas hipótesis para explicar esta fuerte desaceleración, ponderando de distintas maneras el fin del ciclo de la inversión minera, el fin de la reconstrucción post terremoto, el menor crecimiento de China, el cambio en las condiciones financieras internacionales y la caída en las expectativas por el ambiente reformista. A lo anterior se suma que esta “enfermedad” ha mostrado algunos síntomas que no esperábamos, como el retroceso en las cifras de consumo privado y una inversión privada que no repunta ya bien entrado el cuarto trimestre.

Afortunadamente, y siguiendo con la analogía médica, no estamos hablando de un caso con pronóstico reservado. La economía chilena cuenta con sólidos fundamentos y se le han administrado los tratamientos usuales para este tipo de situaciones, con políticas monetaria y fiscal expansivas. Así, el año 2015 será un período de evaluación para ver cómo responde el paciente al tratamiento, donde esperamos un crecimiento del PIB cercano a 3% impulsado principalmente por el consumo y la inversión del Gobierno, y por un sector exportador que se verá beneficiado de un tipo de cambio promedio depreciado desde una perspectiva histórica. Sin embargo, centrando la mirada ya no en las causas de la pronunciada desaceleración, sino en lo que viene, hay dos aspectos que no deben escaparse de nuestro análisis.

En primer lugar, las deterioradas cifras actuales sólo son superadas por las observadas en 2009, año de crisis. Pero aunque la situación ese año fue más negativa, la recuperación fue mucho más rápida de lo que se prevé hoy para este episodio de desaceleración. Mientras en noviembre de 2009 la encuesta de expectativas publicada por el Banco Central (EEE) ya incorporaba un crecimiento de 4,3% para el año siguiente, la última EEE de noviembre de este año no alcanza a considerar un crecimiento de 4% en el horizonte de proyección, con un aumento esperado del producto de sólo 3% para 2015 y 3,5% para el 2016. Una recuperación más lenta afecta en muchos frentes, por lo que es probable que observemos, por ejemplo, un deterioro en el mercado laboral, con tasas de desempleo bordeando incluso el 8% y menores ingresos fiscales que repercutirán en una mayor necesidad de financiamiento vía liquidación de activos en los próximos años.

Como segundo aspecto, una atención integral para un paciente enfermo no sólo incluye suministrar los medicamentos necesarios para su recuperación, también corresponde brindar las instrucciones necesarias para fortalecer su sistema inmunológico. Por lo tanto, más allá de la actual coyuntura y de las políticas de reactivación que se están implementando —y que en nuestra opinión aún tienen espacio para ampliarse—, la invitación es a no descuidar los fundamentos que permitirán tener un crecimiento sostenible en el largo plazo. Para esto es clave lo que ocurra con las reformas más controversiales, como la educativa y la laboral, las cuales sin duda deben cumplir con objetivos de aumentar y fortalecer el capital humano y contribuir a una relación productiva y virtuosa entre trabajadores y empresas. También hay que poner atención en agendas que pueden dar un fuerte impulso al ambiente de negocios y a la inversión en el país, como lo son las agendas de competitividad y de energía.

Con esto, la evaluación “médica” frente a la enfermedad será integral: no sólo nos preocupamos de entregar medicamentos y monitorear su lenta recuperación, también entregaremos la dieta y los ejercicios necesarios para que nuestra economía siga creciendo de manera sana y robusta.

 

Cristóbal Gamboni, Economista Senior BBVA Research.

 

 

FOTO: FELIPE FREDES FERNANDEZ/AGENCIAUNO