Estoy decepcionado de la forma en que nuestras autoridades miran el futuro. No es problema de arreglarse la corbata en una actitud de “vamos adelante” y con confianza caminamos por una calle llena de hoyos, porque hoy no sabemos qué viene a la vuelta de esa esquina que vemos a lo lejos.
Publicado el 15.09.2016
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Hemos sido testigos de tantos hitos políticos recientemente, que es lo más parecido a caminar por la calle y ver, desde la oscuridad que da la sombra de una muralla detrás de un farol, cómo asaltan a una persona con su ingenuidad y confianza puesta en su caminar por las calles…

En qué minuto nos vimos envueltos en un crecimiento económico paupérrimo después de ser quienes más crecíamos en la región, quienes éramos un ejemplo para nuestros vecinos y admirados por todos. Hoy somos víctimas de una mala reforma tributaria que se hizo para financiar una reforma educacional que hasta el día de hoy no sabemos cuánto cuesta, o una reforma laboral que solo “beneficia” a quienes tienen trabajo y nada hace por los miles de desempleados que salen día a día a las calles a buscar un empleo.

Qué “brotes verdes” ni “ya tocamos fondo” como la autoridad nos quiere hacer creer… la crisis es profunda, los errores son mayúsculos… y los economistas que pasan por el Ministerio de Hacienda no se hacen cargo de que cuando un médico comete un error, se le puede morir un paciente en el quirófano… pero cuando un economista se equivoca (como los dos que han pasado por Hacienda en este último gobierno) puede matar de hambre a un país entero.

Ya no es un problema de crear confianzas para que las empresas inviertan y creen empleos, el problema es que las personas no quieren arriesgar lo poco que tienen y menos esos empleos que tan frágilmente se pueden destruir, por lo tanto no compran y se detiene el crecimiento económico.

Ni hablar del tema previsional, donde como mirada positiva, la ex señora de un connotado político reveló pensiones millonarias mientras los pensionados adultos mayores más desprotegidos, con su pensión básica solidaria, aportan 93.000 pesos a su mantención en hogares como la Fundación Las Rosas, que gastan 650 mil en cada uno de ellos.

Sí, estoy decepcionado de la forma en que nuestras autoridades miran el futuro. No es problema de arreglarse la corbata en una actitud de “vamos adelante” y con confianza caminamos por una calle llena de hoyos, porque hoy no sabemos qué viene a la vuelta de esa esquina que vemos a lo lejos. No sabemos si en un año y medio podremos superar todos los dolores que nos ha generado un gobierno que con un escuálido apoyo en las urnas (aunque superior al de la oposición) cree que lo hace regio, cree que debe cumplir su mandato y que su carta de navegación es la que la gente le aprobó.

No, me revelo ante la indolencia de un gobierno que no se conmueve con nada, porque no en vano tiene un nivel de aprobación en el piso histórico y hasta quienes votaron por él, en privado dicen “ya, está bueno, que vuelva Piñera porque al menos había empleo y teníamos comida en  nuestra mesa”.

Me duele ese o esa jefe de hogar que con angustia no puede llevar alimento a su casa, no puede pagar las cuentas básicas, el colegio o la universidad de sus hijos, cercenando el futuro para ellos. Esos hombres y mujeres que no duermen o que lo hacen a sobresaltos porque mañana hay que pagar la tarjeta de crédito o la cuota en el banco.

Me duele esa mujer y ese hombre que con esfuerzo se hace cargo de sus hijos y que ve frustrado su dormir porque ese empleo ya no está disponible. Duele Chile.

 

 

William Díaz, economista.

 

 

FOTO:NADIA PEREZ/AGENCIAUNO