No sé qué es peor, si el error propiamente tal o la soltura de cuerpo con que la ministra de Justicia –superior del jefe del Registro Civil– le pasó la mochila al Servel.
Publicado el 14.10.2016
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Cuando uno pensaba que no cabían ya más errores y que el Ministerio de Justicia no aguantaba un problema más, el Registro Civil nos suelta la perla cultivada del año (y, tal vez, de toda esta administración). Respondiendo un oficio de fiscalización de la Cámara de Diputados, su director confiesa que el masivo cambio de domicilio electoral que estaría afectando a casi medio de millón de personas, se origina en “ciertos ajustes informáticos”.

Básicamente, el Registro Civil se habría pasado por el aro el artículo 24 de la Ley que regula la Inscripción Automática, de acuerdo al cual el cambio de domicilio electoral es por consentimiento expreso de los electores, o a través de un trámite que debe realizarse personalmente en alguna oficina del Servel o de Chile Atiende. Y cambió, sin preguntarle a nadie, el lugar de votación de las más de siete millones de personas que realizaron algún trámite (pasaporte, carnet de identidad e incluso licencia de conducir) en los últimos dos años.

Cuando al Servel le pareció extraño que más de la mitad del padrón electoral de todo el país se cambiara de lugar de votación, el Registro Civil trató de arreglar el pastel (en el intertanto, imagine todos los episodios que habrán protagonizado los funcionarios a cargo de esa pega, las pasadas de pelota, las recriminaciones, los “yo le informé a mi jefatura”, etc., y de los cuales nunca vamos a enterarnos). Y, entonces, regresó a algunos electores al domicilio anterior, dejó a otros en la misma comuna, y mantuvo a un tercer grupo –cuyo número se estima en cerca de 470 mil- simplemente donde cayó (ahí está, por ejemplo, el joven que vive en Vitacura y aparece votando en Isla de Pascua, la señora que ha votado siempre en Valparaíso y figura hoy en el registro de Punta Arenas, etc.).

No sé qué es peor, si el error propiamente tal, cuya magnitud es tan enorme que hasta el diputado Pepe Auth lo calificó ayer de delito, o la soltura de cuerpo con que la ministra de Justicia –superior del jefe del Registro Civil– le pasó la mochila al Servel y sigue su camino con total tranquilidad, tal como lo siguió tras la crisis del Sename, las jubilaciones millonarias de Gendarmería y el paro de 40 días del Registro Civil el año pasado.

O, definitivamente, la reacción de la Presidenta Bachelet, quejándose en una radio de tanto reclamo y despachándose una declaración que, pienso, debiera quedar grabada en piedra: “Esta historia que se generó con el cambio de domicilio electoral, es como bien curioso el tema, hay gente que no se atreve (…). El llamado es que la gente busque dónde le toca votar, es cosa de meterse con el Rut, de hecho yo lo hice. Es bien fácil, me sumo a ese llamado”.

Ciertamente, lo ocurrido no es para la risa. Por el contrario, debiera ser motivo de enorme preocupación, porque devela la inseguridad con la que el Servicio de Registro Civil está manejando los datos personales de todos los chilenos. Porque, además, para resolver la cadena de chambonadas, un funcionario decidió arbitraria e ilegalmente dónde iban a ejercer su derecho a sufragio miles de chilenos, que no es cualquier derecho, sino una garantía constitucional y sobre la cual está basado nuestro sistema democrático.

Y debiera ser, sobre todo, motivo de profunda indignación. Puede explicarse el error de un servicio, incluso las evasivas respuestas de la ministra Blanco. Pero lo que no puede aceptarse es que la Presidenta de la República, quien ha prometido guardar y hacer guardar la Constitución y las leyes, actúe como cualquier hija de vecino, pretenda ignorar la dimensión de lo ocurrido y nos haga a nosotros, a los afectados, responsables del error que han cometido funcionarios que están bajo su autoridad.

Hemos soportado ya demasiado: improvisaciones, incompetencia en todas las áreas, malas decisiones políticas, un lenguaje que, soterradamente, divide a los chilenos entre buenos y malos, y el deterioro de las condiciones que nos han permitido progresar como nunca antes en la historia de Chile. No podemos asumir con la misma resignación que se nos tome por estúpidos, reduciendo una de las peores chambonadas, a un problema de timidez de los electores, que “no se atreven” a mirar en la web del servel donde diablos decidió el Registro Civil que deben votar.

 

Isabel Plá, Fundación Avanza Chile.

 

 

 

FOTO: FOTO: PABLO OVALLE ISASMENDI/ AGENCIAUNO

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