Si queremos que el país siga siendo reconocido internacionalmente como un país serio, responsable, macroeconómicamente estable; si valoramos que nos sigan dando un trato diferenciado al que reciben varios de nuestros vecinos de la región y otros países emergentes, el camino debiese ser retomar el equilibrio fiscal estructural.
Publicado el 25.01.2016
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Para nadie es desconocido que la caída del precio del cobre, pero por sobre todo el bajo crecimiento económico, sumados a las demandas por mayor gasto público, están presionando la posición fiscal de Chile. Por el lado de los ingresos, el ajuste que está viviendo nuestro país parece no tener características cíclicas, sino que una parte no menor de la caída del precio del cobre y del menor crecimiento llegaron para quedarse.

Esto significa que debemos aceptar que el país demorará más tiempo en alcanzar el PIB per cápita de un país desarrollado, y que la población deberá comprender que su bienestar no seguirá mejorando con la rapidez que lo hizo cuando la economía crecía al doble o al triple de lo que crece ahora. Significa que las autoridades deben enfrentar el difícil desafío de alinear las expectativas de la ciudadanía con la nueva situación del país, reconocer que esta situación podría prolongarse por varios años y podría llevar a que no todas las promesas de campaña puedan cumplirse.

En este escenario es donde la política y la economía entran en un conflicto que no será fácil de sobrellevar, donde el rol del Ministro de Hacienda será clave para contrarrestar las presiones populistas que podrían tirar por la borda todo el prestigio de país fiscalmente responsable que hemos ganado tras quince años de aplicación de la regla fiscal. En este conflicto, las presiones políticas para seguir expandiendo el gasto público se enfrentarán con la opinión de la mayor parte de los economistas que abogarán por una actitud más responsable de parte del gobierno, por una contención de nuevas presiones de gasto y por aumentar los esfuerzos para gastar de forma más eficiente los recursos.

Efectivamente, si queremos que el país siga siendo reconocido internacionalmente como un país serio, responsable, macroeconómicamente estable; si valoramos que nos sigan dando un trato diferenciado al que reciben varios de nuestros vecinos de la región y otros países emergentes, el camino debiese ser retomar el equilibrio fiscal estructural.

Si bien puede ser el camino menos popular, mantener una macroeconomía sana es lo que permitirá mantener un bajo costo de financiamiento internacional; permitirá que la política monetaria cumpla su rol de garantizar la estabilidad de precios –clave para proteger el poder adquisitivo de las familias- y nos permitirá seguir gozando del prestigio de país atractivo para invertir. A su vez, el reimpulso de la inversión será clave para retomar el crecimiento, crear nuevos empleos y continuar mejorando el bienestar de la ciudadanía.

 

‎Hermann González, economista principal de BBVA Research.