Llegado a este punto de desmantelamiento total de los preceptos democráticos, la comunidad internacional y en especial los países de la región no pueden dejar al pueblo venezolano a la deriva y sometido a la dictadura, pobreza y humillación en la cual las ha sumido el régimen socialista que los gobierna.
Publicado el 02.04.2017
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Dictadura, así está terminando el socialismo del siglo XXI en Venezuela. Lo ocurrido durante estos días no es más que la culminación de un proceso. Si alguien aún podía argumentar la vigencia de democracia en dicho país, básicamente por la existencia de elecciones y separación de poderes, eso se acabó, no hay democracia en Venezuela.

Saltarse la legalidad ha sido la tónica del Gobierno, desde la llegada de Nicolás Maduro a la Presidencia a través de una elección cuestionada, a evitar que juraran parlamentarios electos, alterando la voluntad popular, saltarse el Congreso para aprobar el presupuesto de la nación, encarcelar a sus opositores políticos y retrasar un eventual referéndum revocatorio con diversas argucias. Todo esto con el aval de órganos creados y manipulados por el propio Gobierno, como el Tribunal Supremo de Justicia o la Comisión Electoral.

La ya preocupante fractura política y social existente en el país se ve acrecentada por esta decisión de anular la Asamblea Nacional, revertida apresuradamente sólo bajo intensa presión política doméstica e internacional. Las acciones de dilación anteriores ponen en duda los intentos por sentar nuevamente en una mesa a representantes de un Gobierno que no tiene reparos en engañar y utilizar su poder para evitar acuerdos que ayuden a buscar una salida a la grave crisis en que se encuentra, pero se debe perseverar.

En estos momentos no valen las ambigüedades, la democracia fue eliminada totalmente de Venezuela. Al socialismo gobernante no le ha bastado empobrecer a un país hasta hacerlo sucumbir en la agonía del hambre, no le ha bastado con eliminar sus derechos políticos ni libertades individuales.

¿Y qué pasa en Chile con los defensores de la democracia y los derechos humanos? Para algunos hay diferentes tipos de democracia y son capaces de justificar esta diferencia en función de sus egoístas intereses políticos. Frente a la violencia de Estado callan y ante las violaciones de derechos fundamentales justifican, mientras otros sufren las consecuencias. Eso no es ser demócratas, sino acomodar el discurso y la práctica según la conveniencia.

Desde la instauración y elaboración ideológica del régimen chavista se explicaba que esto podía suceder, pero sus promotores arremetían con una andanada de críticas a cualquiera que intentara insinuar comentarios en su contra. Los abundantes recursos provenientes de la explotación petrolera le daban sustento para desarrollar una política demagógica, populista y en su primera fase autoritaria, la cual fue mutando en la medida que lograba ir controlando importantes espacios de poder.

Los procesos socio políticos son lentos, pero constantes. Este parte en 1998 y se va consolidando en la medida que va cumpliendo etapas y el resto de los actores políticos sucumben a su atractivo, su dialéctica, y evitan su condena debido a la incapacidad de entenderlos, por desidia o para evitarse problemas.

Por otro lado, hay sectores políticos que vieron en el surgimiento del socialismo del siglo XXI una tabla de salvación cuando todo su entramado ideológico se desmoronaba y la libertad se consolidaba en el planeta. Ellos se aferraron a esta nueva fórmula en la medida que la política socialista se expandía por el continente capturando adeptos y repartiendo jugosas prebendas provenientes de la explotación de sus recursos naturales.

Incluso fue tanta su ambición de transformación que construyeron un nuevo referente regional para agrupar a sus países adherentes. El ALBA surge como respuesta tanto a la OEA como a los tratados de libre comercio, y busca conducir los procesos de integración regional que se estaban desarrollando, pero esta vez con una lógica netamente política, volviendo a la retórica de los años sesenta en toda su extensión.

Llegado a este punto de desmantelamiento total de los preceptos democráticos, la comunidad internacional y en especial los países de la región no pueden dejar al pueblo venezolano a la deriva y sometido a la dictadura, pobreza y humillación en la cual las ha sumido el régimen socialista que los gobierna.

A esta altura es necesario establecer una hoja de ruta para el retorno a la democracia sin concesiones y su permanente acompañamiento para su concreción. Las tradicionales bravatas y descalificaciones con que actúa el líder venezolano, siempre a falta de argumentos, no pueden seguir inhibiendo a quienes buscan una solución a la crítica situación de este país. La desidia anterior debe dar paso a conductas firmes para restablecer en primer lugar la separación de poderes y como consecuencia el Estado de Derecho, llevando nuevamente al país a los cauces democráticos mediante elecciones libres y sin presiones de ningún tipo.

 

Aldo Cassinelli Capurro, director ejecutivo Instituto libertad