Por ley, cada AFP debe mantener entre sus activos inversiones iguales a las de los fondos de pensiones por un monto equivalente al 1% del monto administrado.
Publicado el 04.09.2016
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Entre los diversos cambios al sistema de pensiones que ha anunciado el gobierno hay medidas que tendrán efectos macroeconómicos inciertos sobre salarios y empleo y otras que impactarán el funcionamiento del sistema privado de pensiones. Me refiero a la idea de una eventual devolución o abstención de cobrar comisiones cuando hay rentabilidades negativas.

Originalmente, una idea similar fue propuesta por un dirigente empresarial, seguramente sin considerar las consecuencias últimas de sus palabras. En el razonamiento de las autoridades probablemente está la idea de que una “mala rentabilidad” es lo mismo que una “mala gestión” y que, por ende, es injusto que las AFP cobren comisiones en estas circunstancias. Este es un error conceptual profundo. En la inversión profesional en activos financieros no se da el “quiero luego puedo”. En efecto, cuando se invierte en clases de activo con mayor riesgo es inevitable que haya períodos de rentabilidades negativas, y ello no ocurre por negligencia. Se trata de riesgos de mercado que a largo plazo son remunerados precisamente en virtud de existir. Las clases de activos financieros que nunca tienen pérdidas son muy escasas y, además, tienen muy bajas rentabilidades. Una norma que castigue las comisiones ante rentabilidades negativas no sólo es muy difícil de implementar (¿rentabilidad a qué plazo?, ¿y si un trabajador tiene sus ahorros en fondos diferentes, algunos con pérdidas y otros con ganancias?, ¿y si la pérdida se revierte?), sino además carece de toda lógica técnica. Por esa razón existen cinco tipos de fondos de pensiones con diferente perfil riesgo-retorno. Una norma de este tipo provocará un complejo escenario para las AFP: si actúan en el interés de los pensionados, asumiendo el riesgo que corresponde según el DL 3500 y el Régimen de Inversiones (todo ello impuesto por el Estado), corren el riesgo de no tener ingresos. Por otro lado, si actúan lealmente con sus accionistas, deberán invertir sólo en activos seguros, lo que asegurará comisiones pero no rentabilidades razonables de largo plazo para los afiliados. Este es un dilema absolutamente artificial que no debería introducirse.

Con todo, las autoridades y los afiliados parecen ignorar que existe una pieza fundamental en el sistema de AFP que busca compatibilizar intereses: el encaje. Por ley, cada AFP debe mantener entre sus activos inversiones iguales a las de los fondos de pensiones por un monto equivalente al 1% del monto administrado. La composición de dichas inversiones debe ser idéntica a la composición promedio de los fondos administrados. Si los fondos de pensiones ascienden a US$ 170 mil millones, las administradoras deben mantener inversiones, financiadas con su propio patrimonio, de US$ 1.700 millones. Esta es una inversión de gran tamaño. El encaje, por diseño, sufre la misma suerte de los fondos de pensiones: si los fondos de pensiones tienen rentabilidades positivas, también la tendrán los activos propios de las AFP (el encaje) y viceversa. Dado lo anterior, es arbitrario y contraproducente incluir además castigos a las comisiones ante pérdidas propias de cualquier inversión en renta variable. Éstas son inherentes a la inversión en activos con riesgo y, por lo tanto, inevitables.

 

Eduardo Walker, Director Centro de Gobierno Corporativo UC, Profesor Titular UC.

 

 

 

FOTO:YVO SALINAS/AGENCIAUNO.