La administración Bachelet comprometió el futuro del crecimiento económico alterando la trayectoria del producto potencial, lo que genera un escenario complejo para los gobiernos futuros, sea cual sea su color político. La primera responsabilidad de un Gobierno es con las personas, que con sus impuestos financian el gasto, pero también deben ser prioridad las generaciones futuras que, aún antes nacer, ya tienen comprometidos sus impuestos por el mayor gasto financiado con deuda fiscal hoy.
Publicado el 03.08.2017
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Uno de los mayores activos que ha tenido nuestra economía por años ha sido el orden fiscal. Hemos tenido períodos complejos de crisis económica —las más grandes impulsadas por causas externas, como las crisis asiática o subprime—, pero siempre se puso por delante el equilibrio fiscal como una forma de hacer frente a esas vicisitudes.

Sin embargo, este Gobierno ha sido muy indolente en cuanto a sus promesas de campaña y su empeño en impulsarlas a cualquier costo. La deuda fiscal ha crecido en al menos 13.000 millones de dólares y la reforma laboral sigue adelante sin la posibilidad de mirar sus efectos en el empleo y el estancamiento de la economía.

Titulares como “Deuda Fiscal llegará a 25,2% del PIB en 2017, su mayor nivel en 24 años” son señal de que algo no está bien. No sólo porque deber uno de cada cuatro pesos generados por la economía es una mal noticia en sí misma, sino porque además ese nivel de endeudamiento compromete el gasto fiscal de generaciones futuras, pues la deuda que hoy financia gasto corriente de reformas mal hechas requerirá mañana más y más recursos que provendrán de nuevos tributos o, en el mejor de los casos, de crecimiento económico.

La administración Bachelet comprometió el futuro del crecimiento económico alterando la trayectoria del producto potencial, lo que genera un escenario complejo para los gobiernos futuros, sea cual sea su color político. La primera responsabilidad de un Gobierno es con las personas, que con sus impuestos financian el gasto, pero también deben ser prioridad las generaciones futuras que, aún antes nacer, ya tienen comprometidos sus impuestos por el mayor gasto financiado con deuda fiscal hoy.

No se trata de prometer y prometer sin consideraciones fiscales. Ello implica una inequidad intergeneracional  de proporciones impensadas, ya que la deuda contraída hoy debe ser pagada por generaciones que todavía no nacen. El llamado es al ordenamiento fiscal y a la responsabilidad en la administración de los recursos de todos. Sólo así se podrá levantar la economía y volveremos a crecer de forma vigorosa y sana, financiando las necesidades sociales más urgentes en nuestro país.

 

William Díaz, economista

 

 

FOTO: SEBASTIAN BELTRAN GAETE/AGENCIAUNO