Hay antecedentes que nos permiten inferir que el menor dinamismo económico que estaríamos enfrentando durante el último tiempo parece afectar principalmente a los hogares de menores ingresos.
Publicado el 26.08.2016
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Preocupante estancamiento en la reducción de la desigualdad muestran las últimas cifras entregadas por la Encuesta Presupuestaria de Ingreso (ESI) 2015 del INE. Si bien entre el 2010 y 2014 se había revelado un importante avance en los índices de la distribución del ingreso, entre 2014 y 2015 estos indicadores empeoran.

Cuando se considera el índice 10/10 del ingreso generado por las personas, que calcula la relación entre el 10% más rico con el 10% más pobre de la población, se observa que mientras entre 2010 y 2014 este indicador pasó de 22,1 a 18,0, el 2015 se elevó a 18,6. Esto significa que el ingreso promedio del 10% más rico es casi 19 veces mayor al promedio del ingreso del 10% más pobre, y a medida que esta cifra sea mayor es posible concluir que aumentaría la distribución del ingreso de la población. Asimismo, al utilizar el ingreso que incluye subsidios monetarios y no monetarios en educación, esta relación disminuye de 19,8 a 13,5 entre 2010 y 2014, y de 13,5 a 13,8 entre 2014 y 2015. Es decir, las transferencias monetarias y no monetarias en educación habrían sido incapaces de focalizarse en los hogares más pobres de forma tal de mejorar su situación. Las mismas conclusiones se observan para el caso del índice 20/20, que mide la relación entre el 20% más rico con el 20% más pobre de la población.

Justamente, durante el último período es posible evidenciar dos elementos que estarían incidiendo y que podrían explicar este estancamiento: el empeoramiento del crecimiento del ingreso de la población de menores recursos y la baja tasa de ocupación que sigue presentando este grupo.

En la última entrega de la ESI, se observa que los ingresos entre 2014 y 2015 crecen por debajo a los años previos, concentrándose en los hogares pertenecientes al 10% más pobre. Si se considera el ingreso autónomo per cápita promedio, la tasa de crecimiento anual del ingreso entre el 2014 y 2015 es 3,5% menor al 4,6% presentado entre el 2010 y 2014. Este comportamiento se acentúa para el 10% más pobre, que entre el 2014 y 2015, tuvo una tasa de crecimiento anual del ingreso de 2,1%, mientras que entre el 2010 y 2014 un 7,3% promedio anual. Similar a lo que ocurre cuando se considera el ingreso con transferencias monetarias y no monetarias en educación.

Adicionalmente, la ESI vuelve a evidenciar la bajísima participación laboral que presentan los hogares de menores ingresos, tendencia que no ha mejorado a través de los años. Se observa que para el 2015, si para el décimo decil el 60% de los integrantes del hogar estaban ocupados, en el caso del primer decil tan sólo el 27% lo estaba. Si bien esta evidencia no es nueva, y ha sido discutida en otros trabajo tales como Velasco y Huneeus (2011)[1] o en Larrañaga y Paredes (1999)[2], sigue siendo un desafío vigente el priorizar políticas que permitan que estos hogares accedan al mercado laboral.

En suma, hay antecedentes que nos permiten inferir que el menor dinamismo económico que estaríamos enfrentando durante el último tiempo parece afectar principalmente a los hogares de menores ingresos. El debate público pareciera olvidarse del importante rol que tiene el crecimiento económico en el crecimiento del ingreso y en las tasas de ocupación de las personas, especialmente para los hogares de menores recurso

 

Paulina Henoch, Libertad y Desarrollo.

 

 

[1] Velasco, A. y C. Huneeus (2011). “Contra la desigualdad el empleo es la clave”. Debate.

[2] Larrañaga O. y Paredes R. (1999). “Unemployment and wages in Chile: A Dynamic Perspective Using Sinthetic Cohorts”.

 

FOTO: PABLO VERA LISPERGUER/AGENCIAUNO