Un recuento sobre buenas y malas noticias, majaderías, esperanzas, felicitaciones, reconocimientos y compases de espera.
Publicado el 13.11.2014
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Una majadería: la insistencia de Roberto Ampuero en que la izquierda se pronuncie sobre la caída del Muro de Berlín. Él conoce perfectamente el juicio crítico del socialismo chileno sobre la experiencia comunista de la Europa del Este y la URSS. Crítica que tiene profundas raíces históricas, que se remontan prácticamente a los inicios de la experiencia bolchevique. Y sobre Cuba, Tencha Bussi exigió a Fidel Castro elecciones libres. Luego del derrumbe del comunismo, el problema se traslada al capitalismo real y su impacto en derechos y libertades conculcados.

Una buena noticia: el anuncio de que la Iglesia reconocerá los méritos de monseñor Arnulfo Romero, Arzobispo de El Salvador, asesinado durante la misa en la Catedral por un comando de sicarios de ultra derecha. La gente ya lo llama “santo de América” y su imagen está en la catedral de Canterbury en Londres como símbolo de un auténtico martirio. Monseñor Romero murió implorando a los militares que cesaran la presión en el fragor de una guerra civil fratricida, hoy felizmente superada.

Una mala noticia: a la desaceleración económica se ha venido a sumar un alto índice de inflación, sorprendiendo al mercado. Los economistas generalmente explican lo que sucede a posteriori, no anticipan las amenazas. Dicen que la inflación estructural sigue dentro de márgenes manejables, pero olvidan que la gente vive en la coyuntura. Además la disminución del crecimiento se ha comido parte significativa de la mayor recaudación de la reforma tributaria. ¿Por qué no lo pensaron antes? Para que se produzca la colaboración público-privada cada sector debe dejar de tironear la cuerda.

Una reforma cuestionada: la reforma educacional pierde respaldo: la gente quiere cambios, pero no necesariamente los que están sobre el tapete. Las miradas se vuelven hacia el Senado. Quienes viajaron junto al ministro Eyzaguirre a Finlandia tal vez hayan vuelto con una mente más abierta y un espíritu más constructivo, que permita escuchar todas las voces. Y eso que estamos sólo en el primer proyecto. Los cambios en la educación preescolar, siendo exigentes y ambiciosos, transitan por un carril más tranquilo. Queda todavía pendiente el gran desafío del 70% de gratuidad para los estudiantes de la educación superior durante este período presidencial.

Felicitaciones a la Superintendencia de Educación que se ha tomado en serio su rol fiscalizador y ha detectado que un porcentaje significativo de la subvención escolar preferencial es destinada por municipios y sostenedores privados a otros fines. Nada sacaríamos con inyectar mayores recursos al sector si se mantienen prácticas que se apartan de la probidad. El Gobierno no debe esperar el despacho de nuevas leyes para hacer cumplir las existentes.

A la espera de la decisión que tome el Ministerio de Salud sobre la forma de enfrentar la situación actual de los afiliados a las isapres, con 140 mil juicios por alzas en sus planes originados luego del fallo del Tribunal Constitucional sobre la materia. Han pasado varios años, dos gobiernos, y todavía el tema sigue pendiente. Así como la carencia de médicos especialistas en hospitales regionales de menor complejidad.

A la espera también de que la sociedad chilena avance en forma decidida hacia una política de diálogo y colaboración con el pueblo mapuche, reconociendo sus derechos históricos. El Intendente Huenchumilla no puede quedar solo en una tarea que debiera ser de todos. El camino es claro: Nueva Zelandia y el pueblo maorí son un norte. Lo que falta es voluntad y decisión para caminar más rápido.

Reconozcamos la importancia de las manifestaciones culturales de fin de año -Feria del Libro, Sanfic, Teatro a Mil, día de los Museos, etc.- tanto en Santiago como en regiones. La gente responde con entusiasmo, concurriendo masivamente a los espectáculos. Eso habla de un país inquieto y vivo, que crea y busca nuevos horizontes de progreso.

La nueva mediocridad no se puede atribuir al país, ni siquiera a su economía hoy empantanada, sino al debate político, que oscila entre la descalificación, la tautología y la ensoñación ideológica, lejos, muy lejos del sentir de la gente preocupada por su trabajo, el transporte, la delincuencia, la salud y la educación. Más que disputas doctrinarias, las personas quieren soluciones palpables, cambios reales. ¿Por qué el Gobierno no define una hoja de ruta clara sobre los cambios que se propone logrando una ecuación virtuosa entre programa y realidad? ¿Por qué la oposición no formula propuestas alternativas a los desafíos del país?

La esperanza se asienta en las energías positivas que mueven a la sociedad. Pese a los nubarrones, hay una sociedad pujante y una ciudadanía responsable, que sabe que su futuro y el del país, en definitiva, está en sus manos. Está consciente de que ella puede marcar el rumbo y pareciera dispuesta a hacerlo: sí a las reformas, pero respondiendo al sentir mayoritario de la gente.

 

José Antonio Viera-Gallo, Foro Líbero.

 

 

FOTO: DAVID VON BLOHN/ AGENCIAUNO