La política pensada desde las capitales, desde los grandes centros urbanos, no es capaz de visibilizar las innumerables vicisitudes de todos quienes viven a lo largo y ancho de esta franja de tierra. Hace falta voluntad política para tomar conciencia de la diversidad cultural a lo largo de nuestro país, para lograr unidad, progreso y desarrollo.
Publicado el 14.01.2017
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Recientemente se ha cumplido un nuevo aniversario de la fatídica y lamentable muerte del matrimonio Luchsinger Mackay, y la desolación de la novena región de nuestro país parece seguir siendo la misma o peor cuatro años después, con el conflicto mapuche desatado y la polémica en ascuas por el eventual alzamiento de medidas cautelares que a la fecha recaen sobre la machi Francisca Linconao. El contexto que hoy se mantiene en la zona de conflicto hace tambalear los pilares mismos del Estado de derecho en la región.

¿Se imaginan qué sucedería si tal desastre tuviera lugar en las calles de Santiago? Se habría declarado estado de sitio hace bastante tiempo. Sin embargo, para mala suerte de los habitantes del sur de nuestro país, estar a unos cientos de kilómetros de la capital los coloca automáticamente en una suerte de situación de ciudadanos de segunda categoría para el Gobierno. Recién ahora y solo por la notoriedad pública que ha retomado el tema, la Presidenta Bachelet ha realizado una segunda e improvisada visita a la zona en un mes.

El rol primordial que debe tener del Estado consiste justamente en garantizar los derechos fundamentales de sus habitantes, protegiéndolos de quienes busquen socavarlos, como precisamente ocurre hoy al sur del Biobío. ¿Por qué, entonces, pareciera que a nadie le importa?  La causa de esta desidia pareciera ser la excesiva centralización de nuestro país, donde el poder político no atiende ciertas problemáticas que no lo afecten directamente, o simplemente en que la pérdida de votos o respaldo popular sea marginal.

¿Realmente las autoridades tienen claro cuáles son los problemas que aquejan a las regiones?

Descentralizar Chile no solo significa entregar mejor financiamiento y más competencias a los gobiernos regionales, sino que también implica lograr un empoderamiento ciudadano, el cual no es posible en un ambiente de violencia e impunidad. Para que esto sea posible es necesario un profundo cambio en la visión de Chile, desde las regiones, desde sus virtudes y defectos para lograr el tan ansiado desarrollo. De lo contrario, el concepto de descentralización se torna una idea vacía, una consigna más de buena crianza política. El reciente triunfo de Sharp como alcalde de Valparaíso es la más pura expresión de esto: darse el tiempo de leer las inquietudes presentes en una determinada localidad y hacer partícipe a su gente de las soluciones funciona.

La política pensada desde las capitales, desde los grandes centros urbanos, no es capaz de visibilizar las innumerables vicisitudes de todos quienes viven a lo largo y ancho de esta franja de tierra. Hace falta voluntad política y un gobierno corajudo que busque, ahora sí de verdad, tomar conciencia de la diversidad cultural que se encuentra a lo largo de nuestro país, para lograr unidad, progreso y desarrollo, porque nuestras regiones lo piden a gritos.

 

Esteban Montaner Rodríguez, investigador FPP Valparaíso

 

 

FOTO: PABLO VERA LISPERGUER/AGENCIAUNO