Los chilenos esperan respuestas de ella y de nadie más. Y ayer desperdició una vez más esa oportunidad, con evasivas, con una seguidilla de “yo no sabía”, “yo no entiendo”…
Publicado el 22.04.2015
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“La relación entre el Presidente y la prensa es la más distante en los últimos 50 años”.

¿Suena conocido?

La frase viene de un duro informe publicado por el Columbia Journalism Review en el que se analiza el creciente distanciamiento entre el Presidente Obama y la prensa que cubre la Casa Blanca. Respuestas evasivas, conferencias de prensa poco noticiosas, apariciones escenificadas. Muchas cosas suenan familiares acá en Chile.

El desayuno de la Presidenta Bachelet ayer con la prensa nacional -que no nos olvidemos se agenda ¡más de 2 meses después! de que estalle el escándalo que involucra a su hijo y nuera y sólo después de recibir a la prensa extranjera- confirma una vez que desde La Moneda no se le ha tomado el peso al rol de la información directa, transparente y adecuada hacia los ciudadanos. De acuerdo a los contenidos que difundieron los medios presentes en la cita, la Mandataria y su círculo cercano siguen aferrados al hermetismo, evadiendo entregar informaciones claves que hoy parecen urgentes para retomar la confianza y el diálogo.

La Presidenta dijo ayer conocer a Martelli pero no saber qué rol tuvo durante su propia campaña presidencial: “No sé qué rol exacto jugó Giorgio Martelli, yo no me veía con él, no tuve ninguna reunión con él, pero entiendo que colaboró en la campaña”. En la crisis política en que se encuentra su gobierno, sería al menos esperable que se averiguara y lo explicara con claridad.

La Presidenta dice que no sabía cómo varios miembros de su gobierno estaban relacionados con los casos que hoy están en la justicia. Nadie espera de ella que los crucifique, pero complica que justifique abiertamente no tener intenciones de saber más a fondo qué pasa a metros de su oficina. “No entiendo por qué yo tengo que andar averiguando quién trabajó en qué empresa (…) A mí me han informado cuando ha salido esta información porque nadie de las personas que pueden haber salido han sentido que han hecho algo indebido por lo cual debieran haberme informado a mí”.

Hoy escuché a alguien tratar de exculparla, diciendo que para responder detalles estaba el vocero y que la Presidenta debía guardar sus declaraciones para los grandes temas. Aunque eso puede ser cierto como regla general y quizás se está aplicando más de algún modelo de comunicación política, el caso Caval y los coletazos de las investigaciones de SQM en su gobierno, la afectan en lo más íntimo de su vida personal y política. Los chilenos esperan respuestas de ella y de nadie más. Y ayer desperdició una vez más esa oportunidad, con evasivas, con una seguidilla de “yo no sabía”, “yo no entiendo”…

Cuesta entender que  algunos culpen a los medios de ser la fuente de los problemas de confianza que vive el país (aunque sin duda vendrán tiempos en que valga la pena analizar el rol que han jugado en esta coyuntura, sus aciertos y excesos) dejando que quienes tienen los más altos cargos en democracia salgan sin rasguños del análisis. El artículo antes mencionado cita a un periodista que cubre desde 1986 la Casa Blanca, cuya reflexión bien podría aplicarse a nuestro país: “Algo realmente importante se ha perdido, que es que ambas partes (gobierno y prensa) confíen mutuamente lo suficiente para que nosotros (la prensa) podamos entender qué está realmente pasando. No entendemos al Presidente lo bien que deberíamos hacerlo y creo que el país pierde por eso”.

 

Marily Lüders, Foro Líbero.

 

 

FOTO: PEDRO CERDA/AGENCIAUNO