El aprovechamiento sustentable de la energía hidráulica representa un desafío para el país, que debe ser abordado con altura de miras, teniendo en cuenta las necesidades de un país en vías de desarrollo, cuyo consumo per cápita es sólo un tercio del de los países desarrollados, así como también la relación con las comunidades afectadas por los proyectos y su bienestar.
Publicado el 14.08.2016
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Chile posee un potencial hidroeléctrico muy significativo. Recientemente, el Ministerio de Energía encargó un estudio que estimó que el potencial disponible en las principales cuencas es 15.800 MW. Si éste se compara con los alrededor de 20.000 MW de capacidad instalada existente en el país, se puede dimensionar mejor su importancia, aún más cuando de estos 20.000 MW, 6.541 MW (33%) corresponden a centrales hidroeléctricas.

Las ventajas de la hidroelectricidad son muchas y variadas, y particularmente Chile presenta condiciones favorables para su explotación. Solo por mencionar algunas, se puede indicar que utiliza un recurso primario que es independiente de los escenarios geopolíticos globales; aportan con respuesta rápida ante variaciones en la demanda o en generación y, por esto último, en el caso de los embalses, pueden constituir un importante complemento a las fuentes renovables no convencionales, como la energía solar fotovoltaica y la eólica. Asimismo, sus impactos ambientales son limitados y conocidos y, en el caso de los embalses, éstos pueden tener usos turísticos, como el caso de Rapel y Colbún, entre otros.

Lamentablemente, en los últimos años ha habido bastante oposición a los grandes proyectos hidroeléctricos, lo que, en definitiva, ha frenado su ejecución. Así, en los últimos 10 años solo se ha materializado un proyecto hidroeléctrico de embalse de envergadura, la central Angostura en la región del Biobío de 315 MW.

Pese a lo anterior, ha existido un desarrollo relevante en centrales de pasada y minihidros, de las cuales en la actualidad hay más de 1000 MW en construcción, destacándose por su tamaño y ubicación las unidades de la central Alto Maipo. Para el caso de las minihidro, lo que muchas veces frena su ejecución son los altos costos para acceder al sistema de transmisión, muchas veces lejanos a la ubicación del proyecto. Sin embargo, la nueva Ley de Transmisión abre oportunidades interesantes, a través, por ejemplo, de la definición de los polos de desarrollo.

Si bien las centrales de embalse tienen ventajas sobre las de pasada, principalmente por su gestionabilidad, estas últimas hacen un aporte importante en el sistema eléctrico, ya que pueden respaldar la intermitencia de las centrales solares o eólicas durante algunas horas.

Así, la Hoja de Ruta Energía 2050, elaborada por el Ministerio de Energía, que se hizo pública en septiembre del año 2015, hace un énfasis muy importante en el aprovechamiento de la energía hidráulica, así como de los otros recursos renovables de que dispone el país. De hecho, se propone que en los próximos 30 años la matriz eléctrica de Chile esté compuesta, a lo menos, con un 70% de energías renovables, de las cuales el 41% provendrá de la energía eólica y solar, y el 29% restante será hidráulica.

Con todo, el aprovechamiento sustentable de la energía hidráulica representa un desafío para el país, que debe ser abordado con altura de miras, teniendo en cuenta las necesidades de un país en vías de desarrollo, cuyo consumo per cápita es sólo un tercio del de los países desarrollados, así como también la relación con las comunidades afectadas por los proyectos y su bienestar.

 

María Isabel González R., Energética Consultores.

 

 

FOTO: VÍCTOR SALAZAR M. /AGENCIAUNO.