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Publicado el 20 de octubre, 2017

“Demócratas” sectarios

La DC y la izquierda vuelven a ponerse en el mismo camino de la exclusión que en un pasado —no tan lejano— quebró a Chile. Es un discurso ahora más sofisticado, incluso tal vez más dañino, porque a la división entre ricos y pobres han agregado las categorías buenos y malos, demócratas y fascistas, generosos y egoístas, machistas y feministas, animalistas y crueles, ecologistas y depredadores, y un largo etcétera.
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A un mes de la elección presidencial, desde la DC hacia la izquierda se aceleran los tratos para apoyar al candidato del sector que pase a segunda vuelta. Nada nuevo bajo el sol, ni tampoco reprochable, porque creo que en la política de verdad se aspira a conducir los destinos de una república con la convicción de que se tienen las mejores ideas y se cuenta con los liderazgos y capacidades para gobernar.

En las conversaciones que se hacen trascender, dos hechos parecen irrefutables: es la candidatura de Alejandro Guillier la que lidera la búsqueda de acuerdos, confirmando que al interior de la Nueva Mayoría hay números y ambiente que lo dan como el más probable competidor con Sebastián Piñera en el balotaje. Y, luego, que por encima de cualquier proyecto político o propuesta programática para los chilenos, el único objetivo común es impedir el triunfo del ex Presidente. En el Frente Amplio, el más explícito ha sido el alcalde Sharp, quien le advirtió a su tribu esta semana, vía Twitter, que “no podemos mirar hacia el lado. El FA debe convocar y liderar la derrota de la derecha”.

De manera que la DC y la izquierda vuelven a ponerse en el mismo camino de la exclusión que en un pasado —no tan lejano— quebró a Chile. Es un discurso ahora más sofisticado, incluso tal vez más dañino, porque a la división entre ricos y pobres han agregado las categorías buenos y malos, demócratas y fascistas, generosos y egoístas, machistas y feministas, animalistas y crueles, ecologistas y depredadores, y un largo etcétera.

Del Frente Amplio me sorprende poco. Es una fuerza política que surge justamente de la polarización y de una visión sectaria, de acuerdo a la cual todos quienes no compartimos sus posiciones somos fascistas o, en el mejor de los casos, unos capitalistas salvajes. Y todo lo que no han hecho ellos (que en la práctica es literalmente nada), está inspirado en oscuros propósitos, ha producido una insoportable desigualdad y debe ser corregido por la razón o la fuerza.

Pero de la DC y de la Nueva Mayoría, lo admito, me sorprende. Primero, porque durante dos décadas encabezaron gobiernos que, además de estabilizar a Chile, admitieron importantes acuerdos con la derecha que le dieron al país el momento de mayor progreso (que se avergüencen ahora de ese pasado glorioso, es otra cosa). Porque, además, la superioridad moral que hoy pretenden atribuirse fue neutralizada democráticamente hace ocho años, cuando Sebastián Piñera se convirtió en Presidente de Chile. Y porque un mundo que toma con tanta fuerza la bandera de la democracia —en la retórica al menos— no puede apropiarse el derecho exclusivo y excluyente de gobernar.

La senadora Carolina Goic ha ido algo más lejos, con una candidatura presidencial que se pretende adueñar de la ética y un discurso fundado en la lección moral. Pero fíjese usted, levantó una candidatura por fuera de su coalición, asegurando que la DC ya no estaba dispuesta a compartir espacio con el PC. Pero la acompaña una lista parlamentaria que integran partidos incluso más a la izquierda que los comunistas, y su entorno se abrió hace rato a acuerdos para una segunda vuelta, incluso si fuera Beatriz Sánchez la que pasara al balotaje. Al mismo tiempo, acusa a otras candidaturas de copiarle ideas (archirrepetidas por todos los especialistas, casi obvias para un programa de gobierno), pero ella no tiene problemas en apropiarse del postnatal de seis meses —formulado, impulsado e implementado durante el gobierno de Sebastián Piñera—, ni del seguro para padres de hijos con enfermedades graves y de la ley de femicidio, ambas reformas cuyos autores son otros parlamentarios.

Este clima polarizado, la campaña del “todos contra Piñera” y el ventarrón de superioridad moral no partieron recién. Creo que son consecuencia de la inspiración del gobierno de la Presidenta Bachelet, que llegó sobre una retroexcavadora, desacreditando la legitimidad de lo realizado por todos los gobiernos anteriores; y que durante todos estos años se ha negado a dialogar con sus adversarios políticos y muestra, todos los días, un complejo de superioridad que, seamos francos, no se ha reflejado en sus resultados.

 

Isabel Plá, Fundación Avanza Chile

@isabelpla

 

 

FOTO: CRISTOBAL ESCOBAR/AGENCIAUNO

 

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