No se entiende cómo algunos en la Democracia Cristiana pretenden llevar de nuevo a Ricardo Rincón como candidato al Congreso. ¿Cuál es el estándar ético de un partido que no es consecuente con lo que manifiesta su propio Comité Ético? ¿Debió haber sanciones disciplinarias y ejemplificadores para el diputado? La moral y la ética emiten un feo ruido en este caso.
Publicado el 05.08.2017
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La polémica que protagoniza hoy el diputado Ricardo Rincón llama la atención por la incoherencia arrastrada al interior de su partido, que va incluso en contra de sus propias bases. Por ello, me gustaría recordar un poco la historia.

El Tribunal Supremo de la Democracia Cristiana abordó en agosto de 2016 la denuncia presentada en contra del diputado y 16 militantes solicitaron su expulsión por transgredir los estatutos del partido, aludiendo al caso de violencia intrafamiliar ocurrido en 2002. Luego el Comité de Ética, compuesto por Marta Cruz Coke, Alfredo Etchegaray, Manuel Inostroza, Carlos Massad y Sergio Molina, entregó sus conclusiones, de acuerdo a la sentencia que impuso a Rincón la obligación de someterse a terapia sicológica individual, que el diputado no cumplió. Con esto se incumple la obligación que impone el fallo.

Entonces, claramente no se entiende cómo algunos en la Democracia Cristiana pretenden llevar a esta persona como candidato. ¿Cuál es el estándar ético de un partido que no es consecuente con lo que manifiesta su propio Comité Ético? ¿Debió haber sanciones disciplinarias y ejemplificadores para el diputado? La moral y la ética emiten un feo ruido en este caso.

Y, ¿qué pasa con las víctimas? Sí, las víctimas, porque apartando el caso particular de la mujer que denunció a Rincón, aparecen muchas caras de mujeres que sufren en silencio realidades como ésta y ven con mucho dolor cómo en Chile hombres que han sido cuestionados por este tipo de conductas están libres, sin reparo alguno, acceden a espacios de poder y permanecen en ellos.

Se suma a esto la reacción de su propia hermana, Ximena, una ex senadora y ex ministra que acusa a la posible víctima; y por otra parte, la mismísima Presidenta de la República -que se dice pro mujer y fue la primera en presidir el organismo que la ONU creó para esa defensa-, no emite opinión al respecto.

Bueno señores, la respuesta es: nos sentimos mal y defraudadas, porque nadie saca la voz por nosotras, por las que han sido agredidas y por las que lo serán. ¿Qué pasa con los derechos humanos de estas mujeres? Al parecer, no son materia de debate, ni discusión y este caso se limita a ser un escándalo político más y punto. Total, la vida sigue igual para los poderosos.

Espero que así de mal se sientan los que apoyaron la causa de este diputado, que de paso está dejando una serie de coletazos políticos y renuncias que pueden llevar a la DC a su propio funeral. Al menos los que dimitieron estaban pensando en nosotras.

 

Mónica Reyes R., profesora y Máster en Historia

 

 

FOTO: FRANCISCO CASTILLO D./AGENCIAUNO