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Publicado el 16 de junio, 2018

Democracia en América Latina

Profesor de la U. San Sebastián y UC. Director de Formación del Instituto Res Pública Alejandro San Francisco
En los próximos días y semanas el continente tendrá dos importantes elecciones que en alguna medida podrían marcar el futuro de América Latina para los años siguientes.
Alejandro San Francisco Profesor de la U. San Sebastián y UC. Director de Formación del Instituto Res Pública
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América Latina se encuentra en una situación expectante en relación a la fortaleza de la democracia en la región, que es parte del proceso iniciado a mediados de la década de 1980 y que ha implicado la vigencia de gobiernos civiles, elecciones periódicas, alternancia en el poder y una aceptación casi general de aquellas características que forman parte de los regímenes democráticos en el mundo contemporáneo. Lo que podría resultar una obviedad para muchos, no deja de ser una situación históricamente relevante, más si consideramos la fascinación que despertó la Revolución Cubana en los años 60, así como el respaldo que concitó la dictadura de Fidel Castro durante mucho tiempo, o la contrapartida de dictaduras militares que fueron parte del mapa regional durante casi un cuarto de siglo.

Sin embargo, pese a que muchas de esas situaciones hoy se miran como parte del pasado y de una lógica que podría no volver a repetirse, la realidad actual muestra progreso democrático que se mezcla con ciertas rémoras que continúan presentes en la vida de América Latina y que hacen revivir los peores fantasmas del pasado. El primero, ciertamente, es la pervivencia del régimen cubano después de casi seis décadas de dictadura política y pobreza económica, aunque ahora bajo el liderazgo de Miguel Díaz-Canel. No está claro hacia dónde se dirigirá la isla, si bien el sucesor de Raúl Castro fue muy claro en precisar su fidelidad al “legado histórico de la Revolución” aprendido de Fidel Castro y luego de su hermano. El segundo caso es Venezuela, cuyo proceso lleva años de crisis social, política, económica y humanitaria, que sin embargo no ha logrado terminar con el régimen de Nicolás Maduro, que incluso hoy aparece más consolidado que hace doce meses atrás, frente a una oposición debilitada tras años de represión, sumada a la disolución de la Asamblea Nacional y la formación de una Asamblea Constituyente. Todo eso, sumado a la reelección de Maduro -que no ha sido reconocida por la comunidad internacional-, ha dado nuevos aires al régimen bolivariano, aunque la continuidad del proceso es incierta y llena de peligros. El tercer caso, más reciente y con menos atención mediática, es el que tiene en una situación muy complicada a la Nicaragua de Daniel Ortega. Se trata de un país que sufrió por años los rigores de la guerra civil, que había logrado superar con dolor y numerosas muertes: la situación de las últimas semanas ha retrotraído la historia a sus peores momentos y es prácticamente imposible predecir en qué terminará el conflicto.

Hay otros casos complejos pero que han logrado resolver sus conflictos de manera institucional, aunque su situación no deja de tener complicaciones cuyas consecuencias se siguen viviendo: tales son los casos de Brasil y Perú, ambos con gobernantes destituidos -Dilma Rousseff y Pedro Pablo Kuczynski-. En el primer caso habrá elecciones este 2018, las que se presentan complejas especialmente por la situación penal de Lula, el líder del Partido de los Trabajadores, cuyo respaldo popular no ha decaído pese a encontrarse detenido por delitos de corrupción.

Como contrapartida, numerosos países viven desde hace años la consolidación de sus democracias, si bien se repite la tendencia a criticar a los gobiernos, lo que se suma a un desgaste del respaldo a los regímenes democráticos en la región. De acuerdo al Latinobarómetro, por ejemplo, entre 1997 y el 2017 el apoyo a la democracia ha caído de manera consistente en diversos países, como se puede apreciar en los casos de Argentina (de 75% a 67%), Brasil (de 50% a 43%), México (de 52% a 38%), Chile (de 61% a 55%) y Perú (de 63% a 45%). Uno de los casos más llamativos, al revés seguramente por la añoranza que implica la pérdida de las libertades, es el de Venezuela, que de un 64% de respaldo a la democracia en 1997 pasó al 67% en 2007 y llegó al 78% el 2017.

En los próximos días y semanas el continente tendrá dos importantes elecciones que en alguna medida podrían marcar el futuro de América Latina para los años siguientes. La primera es la de Colombia este 17 de junio, donde las distintas encuestas dan por ganador Iván Duque, el líder uribista del Centro Democrático, que defendió la opción No en el famoso plebiscito para ratificar los acuerdos del gobierno de Santos con las FARC y que triunfó en la primera vuelta presidencial del 27 de mayo; para ello deberá vencer a Gustavo Petro, quien aparecía como cercano al régimen chavista, pero que se ha moderado en esta segunda fase de campaña. Las otras elecciones son las de México, país sufrido y atacado por una ola de violencia que ha costado la muerte de numerosos candidatos, donde el más probable ganador será Andrés Manuel López Obrador, candidato izquierdista de la agrupación Morena, cuyo lema “Juntos Haremos Historia” parece anticipar un giro relevante en la política mexicana, que muchos ven como un serio riesgo para la economía del país, pero que hoy ya se percibe como un hecho dentro de los ambientes empresariales que han comenzado a tender puentes con quien presumen será el Presidente de México.

Es interesante cómo las distintas elecciones no presentan una relevancia exclusivamente local, sino que hay un evidente interés regional cuando se evalúan los resultados: de acuerdo a ello se aprecia si la región mantiene la vigencia del socialismo del siglo XXI o bien puede crecer la alternativa que, en alguna medida, representan figuras como Mauricio Macri en Argentina, Sebastián Piñera en Chile e Iván Duque en Colombia. Estas son otras razones por las cuales los procesos electorales siguen teniendo gran interés, a pesar que la costumbre democrática a veces facilita la crítica fácil, la irrupción del populismo y una cierta apatía ciudadana.

Alejandro San Francisco, historiador, académico de la Pontificia Universidad Católica de Chile y de la Universidad San Sebastián, director de Formación del Insituto Res Pública. Esta columna fue publicada en El Imparcial de España.

 

FOTO:CRISTOBAL ESCOBARAGENCIAUNO

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