Si efectivamente las políticas públicas actuales están atacando de alguna manera la delincuencia, lamentablemente sus resultados no se condicen con el gran aumento en la violencia de los delitos.
Publicado el 10.01.2016
Comparte:

El año 2015 dejó de manifiesto que en temas de seguridad ciudadana el gobierno está en deuda. La delincuencia sigue siendo la principal preocupación de los chilenos -un 58% de la población la menciona como prioridad según la última encuesta CEP, superando incluso a temas como educación y salud- y es una de las áreas peor evaluadas en cuanto a la gestión del gobierno, obteniendo un 93% de desaprobación según la encuesta Adimark (noviembre 2015).

Si bien es cierto que los niveles de victimización han disminuido conforme a las estadísticas oficiales (Encuesta ENUSC 2014), por otro lado, en el ámbito de la percepción de inseguridad, la tendencia es inversa. ¿Se trata entonces de un simple problema de percepción, como apuesta el diseño que proviene desde La Moneda? ¿O hay elementos en el análisis que están siendo omitidos?

A la hora de observar el comportamiento de la delincuencia en 2015, y visualizando las cifras entregadas por Carabineros para la región Metropolitana, se demuestra un aumento significativo en los niveles de robos con violencia (aumento de 5,23%), además de un incremento de 9,97% en robos en lugares no habitados -concentrándose ambos ilícitos en la zona centro norte- y un crecimiento de 6,27% en las cifras de robo con intimidación. Los datos recién expuestos vienen a romper con la percepción de que sería exclusivamente la zona oriente la que registra mayores alzas, ya que se aprecia una normalización de las cifras también en otros sectores. Lo anterior se apoya también en las cifras entregadas por la encuesta Paz Ciudadana y Adimark (2015), las cuales evidencian un alza significativa en cuanto al porcentaje de hogares en los cuales algún miembro ha sido víctima de robo o intento de robo en el nivel socioeconómico bajo (39%).

Adicionalmente la ENUSC 2014 demuestra que la percepción, es decir, quienes declaran percibir un aumento en la delincuencia, llegó a un 79,9%, lo que significa un aumento significativo en comparación con 2013, tendencia al alza que se repite si nos enfocamos en la percepción de exposición al delito la cual aumentó de un 38,3% a un 43,8% en 2014.

De este modo, es innegable la disociación existente entre victimización y percepción del delito, la cual se ve demostrada por un importante aumento en la cantidad de hechos delictuales revelados día a día por la prensa. Respecto de lo anterior, tampoco podemos omitir en el análisis el gran número de ilícitos que ni siquiera son denunciados, se trata de una “cifra negra” que actualmente llega al 46,6% (Paz Ciudadana-Gfk Adimark 2015).

Sin duda, el aumento en la percepción de temor e inseguridad se condice con un alza en la violencia con que se cometen los robos y una nueva especialización de éstos. En este sentido, es necesario poseer un diagnóstico claro que admita la existencia de una gran cantidad de ilícitos que no son denunciados, para de este modo cuestionarse qué llama a la población a no denunciar, además de indagar en el real origen de los delitos y sus nuevas expresiones como los “portonazos”.

Entonces, el principal desafío para la administración de Bachelet en materia de delincuencia es ser capaz de disminuir la percepción de inseguridad, en conjunto con la cifra de delitos, ya que si efectivamente las políticas públicas actuales están atacando de alguna manera a la delincuencia, lamentablemente sus resultados no se condicen con el gran aumento en la violencia de los delitos. Queda en evidencia que el problema de la delincuencia en Chile no obedece exclusivamente a un problema de percepción; efectivamente nos encontramos ante un escenario complejo en el cual la sesgada visión del gobierno parece estar obviando en su análisis elementos esenciales.

 

Yasmin Zaror, investigadora del Programa Sociedad y Política de Libertad y Desarrollo.

 

FOTO: PABLO OVALLE ISASMENDI/AGENCIAUNO