Además de acelerar la reconstrucción de las zonas de Tocopilla e Iquique, hoy el gobierno debe mostrarse a la altura de un nuevo estándar en la reconstrucción de la IV región.
Publicado el 23.09.2015
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El miércoles 16 de septiembre el país sufrió un nuevo terremoto con epicentro en Illapel y una intensidad de 8,4° en la escala de Richter. Fue una manera atípica de iniciar las celebraciones de fiestas patrias, aun cuando dichas experiencias forman parte de la cultura e identidad nacional.

Si bien gran parte de la población del país no enfrentó mayores pérdidas familiares o económicas y pudo celebrar el 18 como de costumbre, esta no es la realidad de miles de personas de la IV región que perdieron sus casas, sus fuentes de trabajo y en casos más lamentables, la pérdida de un ser querido.

13 personas murieron, otras tantas se encuentran con heridas de diversa consideración, los primeros recuentos informan de más de mil hogares no habitables (con daños mayores o destruidos) y otros dos mil con daños menores. Solo en la zona de Tongoy, Peñuelas y Coquimbo se estima en dos mil las fuentes de trabajo perdidas. Gran parte del Hospital de Coquimbo amenaza ruina y el centro médico de la Teletón, en el que se inviertieron 2.500 millones de pesos, presenta graves daños. Todo esto a la espera de cifras definitivas que entregará el gobierno en los próximos días.

El terremoto mostró, una vez más, lo mejor y lo peor de las personas. Miles de voluntarios –especialmente jóvenes- llegaron a las diversas zonas afectadas para colaborar en el retiro de escombros y limpieza, los vecinos se ayudan mutuamente, las familias alojan a quienes perdieron sus casas y en las noches se coordinan para proteger lo que les queda. Al mismo tiempo, los damnificados denuncian que parte importante de sus pérdidas se debe a los robos o saqueos nocturnos, o que muchas personas pasan delante de sus casas fotografiando o grabando en una especie de lamentable turismo de catástrofe.

Nuestro país está acostumbrado a los terremotos. Cada generación de chilenos experimenta varios de ellos a lo largo de su vida y para esto se encuentran preparados desde pequeños. Nuestra infraestructura ha sido capaz de resistir algunos de los terremotos más fuertes de la historia en un importante esfuerzo tanto técnico como legal. Por eso el cómo enfrentamos estos movimientos nos llena de orgullo.

Al mismo tiempo, el gobierno estuvo a la altura del nuevo estándar en manejo de este tipo de crisis: el ministro Burgos se dirigió al país a los pocos minutos de haber ocurrido la catástrofe, más de un millón de personas del borde costero fueron evacuadas, las alarmas de tsunami funcionaron en gran parte del país y gracias a varios simulacros las personas sabían hacia dónde dirigirse (durante el 2010 y el 2014 se realizaron más de 29 simulacros, que movilizaron a casi 5 millones de personas). Todo esto especialmente importante, dado el triste recuerdo del manejo gubernamental en el terremoto de febrero de 2010.

Hoy el desafío es cómo encarará el país el importante proceso de reconstrucción. Así como el gobierno tuvo que estar a la altura en la gestión de la crisis, hoy debe demostrar estar a la altura en cuanto a la reconstrucción.

Por eso, conviene recordar el terremoto de 8.8° que vivimos en febrero del 2010 y que afectó a más de 50 ciudades y 900 pueblos, con más de 200.000 viviendas destruidas o seriamente dañadas, 40 hospitales tuvieron daños considerables y en el que 526 compatriotas perdieron la vida. Esta catástrofe fue enfrentada con decisión y profesionalismo. En febrero del 2014, cuatro años después del terremoto, el gobierno del Presidente Piñera se enorgullecía de anunciar un 97% de reconstrucción, con 222.418 subsidios asignados, ocho hospitales reconstruidos y nueve nuevos hospitales de construcción acelerada, sin olvidar el esfuerzo titánico que se realizó para que ningún niño perdiera el año escolar el 2010 y que llevó a habilitar los más diversos lugares como salas de clases.

Desgraciadamente, la reconstrucción de Tocopilla o Iquique no avanzan al mismo ritmo. Aún hoy, a ocho años del terremoto de Tocopilla, algunas familias continúan viviendo en campamentos de emergencia y muchos damnificados denuncian el abandono del que fueron víctimas. En Iquique, a poco más de un año del terremoto, parte importante de las viviendas dañadas en zonas como Alto Hospicio aún no han sido derrumbadas y el proceso de reconstrucción se muestra más bien lento.

Además de acelerar la reconstrucción de las zonas de Tocopilla e Iquique, hoy el gobierno debe mostrarse a la altura de un nuevo estándar en la reconstrucción de la IV región. Un plan adecuado, cronograma y fechas claras, compromisos públicos, voluntad política y eficiencia en la gestión. Eso es a lo que los chilenos nos acostumbramos cuando de levantar el país se trata. Eso es lo que los habitantes de Coquimo, Tongoy, Illapel y tantos otros lugares esperan, nada más ni tampoco nada menos.

Hay muchas leyes y reformas que se han hecho mal en este último año. Es de esperar que en la reconstrucción, por las familias afectadas y los daños producidos, se haga todo bien y en el tiempo oportuno.

 

Julio Isamit.

 

 

FOTO:VICTOR PEREZ/AGENCIAUNO

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