Es de esperar que ahora que se ha pospuesto la votación sobre el proyecto de aborto, los parlamentarios honren su palabra de tener un diálogo abierto, inclusivo y participativo y el oficialismo no ignore el llamado de la Presidenta a escuchar a todos y a todas.
Publicado el 08.07.2015
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Pese a que finalmente ayer la Comisión de Salud de la Cámara postergó la votación en general del proyecto que introduce el aborto, se ha discutido sobre la reducción arbitraria y deliberada del plazo que dicha comisión se había impuesto para escuchar a instituciones de la sociedad civil sobre la iniciativa que permitiría el aborto en nuestro país a través de tres causales: un supuesto aborto terapéutico, en caso de inviabilidad del niño y en caso de violación. Si bien es lamentable que pretenda censurarse el debate sobre un tema tan importante como es el aborto, aún más importante es tener un debate sin doble estándar, con una discusión sincera, con claridad en las posturas sobre la mesa y toda la evidencia científica disponible.

Hay buenos argumentos para oponerse a la ley de aborto que la Presidenta Bachelet ha presentado al país.La legislación vigente y la práctica médica permiten cualquier tratamiento adecuado a la enfermedad que puede sufrir alguna mujer embarazada, incluso cuando como consecuencia no deseada de éste, el niño muera. Esto ocurre en todos los hospitales de Chile sin necesidad de una modificación legal. No por nada nuestro país tiene la tasa de mortalidad materna más baja de América Latina y la segunda menor en todo el continente.

Considerar a todo ser humano como persona nos lleva a valorar a cada uno de ellos por sí mismos, sin atender a sus circunstancias, con independencia de si es un niño o niña, sano o enfermo, deseado o no. Por eso, frente a las graves enfermedades que puede tener un niño no nacido es mucho más humano y sensato la promoción de una ley de cuidados paliativos perinatales, que lo trate y considere como paciente, como un ser humano que padece una enfermedad y no como algo que podemos descartar. En este sentido, es valorable el esfuerzo que muchas instituciones universitarias y parlamentarios -de gobierno y oposición- han realizado para que estas políticas se implementen en nuestro país.

Al mismo tiempo, la violación representa uno de los traumas más violentos que puede sufrir una mujer. Más allá de las serias deficiencias jurídicas que presenta el proyecto del gobierno y que ha generado transversales cuestionamientos –desde la Corte Suprema hasta los mismos parlamentarios oficialistas- en esa situación dolorosa, lo que las mujeres requieren es todo el apoyo solidario que como comunidad les podemos brindar. En uno de los momentos más duros de su vida, la sociedad no puede abandonar a su suerte a ninguno de sus miembros. No puede condenar a muerte al niño por un delito que no cometió, ni mucho menos dejar sola a su madre cuando más nos necesita. El único que parece protegido por el proyecto es el violador, cuestión que resulta absolutamente inaceptable.

La discusión sobre el aborto involucra convicciones profundas y por lo mismo requiere de un debate intelectual, político y moral del mejor nivel posible. Huir de las caricaturas y derribar los numerosos mitos que repletan los comentarios en redes sociales, pero tambien las columnas de opinión y muchas veces los mismos proyectos de ley y las argumentaciones parlamentarias.

A todos nos ha tocado escuchar argumentos como que en Chile hay más de 200.000 abortos clandestinos anuales, número casi diez veces superior al que arroja el único estudio serio sobre la materia que los estima entre 13.000 y 18.000 por año. También es recurrente el comentario de que la prohibición del aborto genera que miles de mujeres mueran por realizarlo de forma clandestina, pero esto ignora el hecho de que la mortalidad materna ha disminuido sistemáticamente en nuestro país en los últimos 70 años, incluso después de su prohibición legal en 1989.

Todo esto sin considerar los argumentos de fondo, antropológicos, que nos llevan a considerar a todo ser humano como persona, cuyo valor no depende de las circunstancias. A considerar a la comunidad política como guardián de los derechos de cada hombre y mujer, y cuyo desarrollo se medirá no solo por su bienestar material o progreso económico, por el acceso a bienes o por más años de escolaridad, sino también por cómo trata a sus miembros más débiles. Cómo acoge la vida de los que están por nacer y cómo promueve una vida digna para todos.

Este proyecto de ley continuará su tramitación en el Parlamento. Es de esperar que ahora que se ha pospuesto la votación a raíz de las dudas manifestadas por la Democracia Cristiana, los diputados y senadores honren su palabra de tener un diálogo abierto, inclusivo y participativo, que los parlamentarios concertacionistas no ignoren el llamado de su propia Presidenta a escuchar a todos y a todas los que quieren opinar, entre otros por los niños que todavía no han nacido y que muchos quieren que nunca lo hagan.

 

Julio Isamit, Presidente Chile Siempre.

 

 

FOTO:NADIA PEREZ/AGENCIAUNO

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