La Presidenta está pero no está. Sale a terreno, pero no a donde las papas están quemando. Habla públicamente, pero no de los problemas que le están pegando a Chile, ni de los conflictos que afectan a su gobierno.
Publicado el 20.11.2015
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Todo indica que la Presidenta de la República está habitando una realidad paralela, un espacio en el que nada la inquieta y que no está al alcance de simples mortales como usted o como yo, obligados a pisar el camino puro y duro de la verdad.

Está pero no está. Sale a terreno, pero no a donde las papas están quemando. Habla públicamente, pero no de los problemas que le están pegando a Chile, ni de los conflictos que afectan a su gobierno (y que, convengamos, a estas alturas son ya estructurales).

Es curioso, por ejemplo, que en veinte meses de mandato, la Presidenta no haya visitado una sola vez la región de La Araucanía, salvo para veranear en el lago Caburgua y un viaje de 24 horas el año pasado a Pucón, cuando el Volcán Villarrica hizo erupción.

Una mayoría de chilenos creemos que la Mandataria se rehúsa a poner un pie en la zona que enfrenta la situación de mayor amenaza a la seguridad y conflicto social en Chile, porque no está dispuesta a condenar con fuerza el terrorismo y a abrazar fraternalmente a sus víctimas, como lo ha hecho con tantos en otras circunstancias. O porque carece del liderazgo suficiente para enfrentar a un sector de la izquierda -a la que ella se siente más cercana- que legitima esos hechos y los atribuye a derechos reivindicativos.

El Registro Civil estuvo paralizado 39 días, con un costo enorme para miles de chilenos y de extranjeros. Y la Presidenta Bachelet apenas se refirió al tema una vez, muy al pasar, en una entrevista en una radio. Un hecho que era de la mayor gravedad, que postergó dos millones de trámites cuya realización está bajo la responsabilidad de su gobierno, a ella le pareció que no merecía una explicación o un llamado perentorio a los funcionarios a volver a sus labores o, al menos, una palabra de aliento para quienes llegaban a las puertas de sus oficinas en todo Chile a la medianoche, a esperar un número de atención.

Confieso que la ausencia de Michelle Bachelet que más me ha dolido, es respecto de una tarea presidencial que estimo esencial: representar los intereses de Chile ante la comunidad internacional. Porque tampoco la agresión del Perú, que acaba de crear, ni más ni menos, que un distrito parlamentario que incluye territorio chileno, ni la gira de Evo Morales por Europa para contar la versión de Bolivia a los máximos líderes del mundo, pareció intranquilizar a la Presidenta (una de las pocas gestiones públicas que ha hecho ante un líder internacional en esta materia fue la audiencia con el Papa Francisco… y ya sabemos en qué terminó).

La Presidenta Bachelet permanece también ausente de la realidad económica de Chile, en su peor momento en 30 años, afectada por la reforma tributaria que improvisó su primer ministro de Hacienda -y que entendemos debe corregir ahora su sucesor-, y por la incertidumbre sistemática que han sembrado sus ideólogos, parlamentarios y buena parte de su gabinete, desde su campaña. Desde su espacio paralelo la Mandataria se limita a repetir el guion de las “condiciones internacionales” y, más recientemente, las del “precio del cobre”.

Dada la magnitud de los dos grandes bochornos que han cruzado del debate por el Presupuesto 2016, en circunstancias presidenciales normales, un Jefe de Estado ya habría explicado en cadena nacional, primero, las razones por las cuales se han informado al país seis cronogramas de construcción de hospitales en 17 meses. Y, luego, la grosera improvisación para cumplir con la gratuidad en la educación superior, no a través de una política planificada a la altura de la promesa más relevante que la Presidenta Bachelet le hizo a sus tres millones de votantes, sino por medio de una glosa presupuestaria que, además de saltarse el debate de fondo (la pertinencia de implementar una política pública sin estudiar sus efectos sociales, en calidad y movilidad), está excluyendo a siete de cada 10 jóvenes vulnerables.

Desde el espacio confortable en el que se mantiene Michelle Bachelet, esos problemas se ven como vulgares conflictos financieros, indignos de quien está para la misión de soñar y hacer soñar, no para la banal tarea de concretar.

 

Isabel Plá, @isabelpla, Fundación Avanza Chile.

 

FOTO: RAÚL LORCA/AGENCIAUNO

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