No podemos olvidar que no hay mejor incentivo para que la izquierda se una que un candidato de centroderecha con claras opciones de triunfo. Por eso, los meses que vienen serán muy complejos. Ya hemos sido testigos de una campaña orquestada para enlodar a la principal figura de la oposición.
Publicado el 08.03.2017
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2017 será un año contaminado por el escenario electoral y todo tema de discusión pública será leído bajo ese prisma. En ese panorama, las encuestas siempre son esperadas con ansias y pueden terminar marcando la agenda, tal como ocurrió nuevamente esta semana.

La última entrega de la encuesta Adimark volvió a poner al ex Presidente Sebastián Piñera en la delantera de la carrera presidencial y, por primera vez desde agosto del año pasado, el candidato de la izquierda, Alejandro Guillier, disminuye su apoyo espontáneo. Al mismo tiempo, el 45% de los encuestados cree que Piñera será el próximo Presidente de Chile, contra el 28% que cree lo mismo de Guillier. En materia de atributos, el ex gobernante también es la figura mejor evaluada.

Si bien las encuestas son pequeñas fotografías del momento, podemos sacar varias conclusiones a partir de ellas.

Primero, que Sebastián Piñera es la principal figura política del país. Incluso pese a una bien articulada operación jurídica y mediática en su contra, el ex Presidente sigue aumentado en apoyo popular. El liderazgo transversal que genera al interior de ChileVamos, siendo probablemente proclamado como candidato presidencial por tres de sus cuatro partidos integrantes, y la adhesión popular que su nombre genera de cara a las próximas elecciones, lo deja en una situación especial.

Especial, porque lo fuerza a ir despejando variables lo antes posible. Para eso debe partir aclarando las pocas dudas que quedan sobre si enfrentará el desafío político y electoral que suponen los próximos comicios. Asumir su candidatura de una vez, presentar sus equipos de trabajo y proponer al país el proyecto que pretende implementar durante la próxima administración, que de ninguna manera será fácil. Además, debe terminar por despejar las complejidades que presenta la administración de un importante patrimonio económico, que por su extensión y alcance pueden, una vez asumido el cargo, presentar eventuales conflictos de interés. Solo una vez que despeje esta variable el foco de atención se pondrá en sus propuestas de recuperación del empleo, mejora de la educación o de la salud pública.

En segundo lugar, pese al histórico rechazo que enfrenta la administración de la Presidenta Michelle Bachelet, la izquierda sigue siendo competitiva y muestra –una vez más- ese instinto característico que la lleva a buscar conservar el poder. Hace un tiempo, conversando con varios analistas políticos, uno comentó que no se debería seguir atacando a la izquierda, porque ya estaba en el piso gravemente herida. Pero la verdad es que nadie supera a la izquierda en su capacidad de recuperarse y enfrentar las elecciones como si no hubiese pasado nada.

Sin embargo, esta vez no les ha resultado tan fácil. El ineficiente desempeño del Gobierno para enfrentar los incendios que afectaron a varias regiones y el silencio que guardó Alejandro Guillier por varios meses han comenzado ha pasarle la cuenta en materia electoral. Al punto de que éste tuvo que salir a renunciar a continuar con el legado bacheletista y criticó los “errores de diseño” que tendrían algunas de las principales reformas ideológicas del Gobierno, como la educacional o la tributaria.

Por último, no podemos olvidar que no hay mejor incentivo para que la izquierda se una que un candidato de centroderecha con claras opciones de triunfo. Por eso, los meses que vienen serán muy complejos. Ya hemos sido testigos de una campaña orquestada para enlodar a la principal figura de la oposición. Pero no hay que desanimarse, porque a fin de año habrá elecciones y luego vendrán cuatro años decisivos para que Chile recupere la senda del progreso.

 

Julio Isamit, coordinador general de Republicanos

 

 

FOTO: VÍCTOR PÉREZ/AGENCIAUNO

 

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