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Publicado el 14 de abril, 2018

De la batalla al debate

Esperemos tener un oficialismo firme y una oposición con capacidad de diálogo. Un país desarrollado debe dejar de lado el fanatismo ideológico frente a los problemas ciudadanos y tener la capacidad de conversar.
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Se cumplió el primer mes del gobierno. Con todos sus bemoles, ha sido un primer mes positivo para la nueva administración: avanzó en la instalación de los nuevos funcionarios y posicionó su agenda. Un primer mes en que se ha puesto el acento en recuperar la confianza ciudadana y retomar la senda del crecimiento. Esto no pasa de ser un hito relevante sin una real trascendencia en el debate político.

Hemos presenciado una auspiciosa entrada a la cancha, pero en el ambiente aún se siente la carencia de una propuesta de debate público sustantivo y a largo plazo. No hay claridad hacia dónde vamos como país. Porque más allá de un par de apoteósicos anuncios, el gobierno debiese pensar en elevar el nivel de la discusión. Sería mezquino pensar que el rol del Ejecutivo es simplemente dividir a la oposición, como ha hecho inteligentemente hasta el momento.

La política no sólo implica encantar a la ciudadanía con un relato atractivo y un sentido de futuro. También requiere la capacidad de negociar con el adversario. Es así que para desarrollo del debate público nacional no basta con un oficialismo propositivo y contundente, sino que también se necesitan adversarios con entusiasmo por aportar. De eso se ha visto poco. Más allá del diputado Boric y uno que otro de la extinta Nueva Mayoría, poco aporte constructivo en las fuerzas de oposición. En el debate democrático se requiere de todas las visiones.

De cara a los intensos debates legislativos que se vienen, se pondrá a prueba la capacidad de nuestra clase política. O se enfrascan en la odiosidad y en la discusión superficial, o enfrentan sus idas con altura de miras respetando las diferencias. El proyecto “Chile” va más allá de las coaliciones y sus disputas. La polarización no le hace bien a la democracia y mucho menos a sus integrantes. ¿Cómo elevar la percepción ciudadana de la política si sólo se ven agresivas declaraciones cruzadas?

El éxito de esto no debe medirse en términos de un gobierno en particular, sino que en términos globales. Para eso el nivel del debate debe ser elevado, y en esa labor, caben todos: políticos, académicos, think tanks, y todos quienes forman parte de la sociedad civil. Las esperanzas de los chilenos no pueden quedar relegadas en pos de pequeñas batallas en los pasillos de los círculos de poder. La consigna debería ser: las ideas primero, el exitismo después. La convivencia pacífica y el camino al desarrollo dependen de lo anterior.

Esperemos tener un oficialismo firme y una oposición con capacidad de diálogo. Un país desarrollado debe dejar de lado el fanatismo ideológico frente a los problemas ciudadanos y tener la capacidad de conversar. La democracia necesita de diálogo abierto, de miradas de largo plazo, y no de egoístas disputas parlamentarias. Los ciudadanos esperan que sus representantes muestren que son capaces de dirigir un país. Chile no necesita fútiles disputas, necesita avanzar. La clase política debe pasar de las batallas al diálogo.

 

Esteban Montaner Rodríguez, coordinador de Contenidos Fundación para el Progreso (Valparaíso)

 

 

FOTO: RODRIGO SAENZ/AGENCIAUNO

 

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