El objetivo del directorio era evitarse un problema político, soslayando el deber que por ley tenían para con sus accionistas. En definitiva, el directorio del BancoEstado, en trasgresión a la ley de sociedades anónimas (Ley 18.046), actuó en beneficio de otros, gobierno y trabajadores de la institución, a costa de sus representados, esto es todos los chilenos.
Publicado el 23.09.2015
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Hace algo más de un año, el 22 de agosto de 2014, la Presidenta Bachelet firmó el proyecto de ley para capitalizar en US$ 450 millones al “BancoEstado”. El objetivo de dicho aumento de capital era incrementar sustantivamente su capacidad de otorgar todo tipo de créditos, y mejorar sus indicadores de capital, lo que permitiría ofrecer tasas de interés más convenientes a sus clientes. Con el bono por término de conflicto otorgado a sus trabajadores, cerca de un 20% de dicho aumento de capital, y casi un 91% de las utilidades del primer semestre del 2015, ha ido a parar a sus manos.

Tanto el directorio como el sindicato de trabajadores (único y con representatividad de más de 90%) del BancoEstado, le acaban de dar a los chilenos, accionistas de dicha institución, dos lecciones importantes. La primera es por qué el gobierno no es un buen administrador de empresas, y la segunda es por qué la titularidad sindical es perjudicial para la economía.

Los representantes del gobierno, los cinco directores nominados por él, más los dos directores nominados por sus trabajadores, no son buenos administradores de empresas por una razón muy simple: su objetivo, a la luz de la decisión del bono, no era maximizar la riqueza de sus accionistas, en este caso el Estado. El objetivo del directorio era evitarse un problema político, soslayando el deber que por ley tenían para con sus accionistas. En definitiva, el directorio del BancoEstado, en trasgresión a la ley de sociedades anónimas (Ley 18.046), actuó en beneficio de otros, gobierno y trabajadores de la institución, a costa de sus representados, esto es todos los chilenos. Demás está decir que, en el sector privado, este tipo de proceder estaría no sólo castigado por la ley de sociedades anónimas, la de Valores y la de Bancos, sino que rodarían las cabezas de los responsables, el directorio en pleno y otros ejecutivos.

¿Por qué los directores, en conocimiento de sus deberes para con la institución que representan, se dejaron presionar por un sindicato? Porque el último tenía el sartén por el mango. Un paro total del Banco hubiera sido un problema económico complejo por los alcances que tiene en cuanto a su participación de mercado, y en las circunstancias políticas actuales, donde se discute la reforma laboral, un paro era echarle más carbón a la discusión política existente al interior de la Nueva Mayoría (NM) entre los moderados dentro de este conglomerado político, que entienden las consecuencias de la titularidad sindical, entre otras proposiciones, en el largo plazo; y los no moderados, que están por expropiar a como de lugar parte del flujo que generan las actividades empresariales. Estos últimos entienden, pues la historia les enseñó que expropiar los medios de producción (como lo hizo Venezuela) es menos conveniente que permitir a los dueños gestionar las empresas y capturar parte importante de los flujos que generan.

Por último, y lo más relevante, es verificar si los trabajadores de BancoEstado merecían tamaño bono, y nada mejor para ello que analizar los resultados del Banco con respecto a los resultados de los otros tres bancos de similar tamaño en Chile. Como se observa del cuadro a continuación, los indicadores, a julio de 2015, tanto de eficiencia operativa como de rentabilidad, son francamente malos comparados con sus competidores. Con lo cual el argumento de que el bono se justificaría por mayor productividad queda total y claramente desechado. Algunos argumentarán que el Banco en su rol social no puede tener indicadores parecidos a los de sus competidores. Esto es una falacia, pues la mejor forma de contribuir al bienestar de Chile es a través de más dividendos al Estado para que éste incremente el gasto social, o de la capitalización de utilidades para expandir aún más la base de sus colocaciones. La exacción de US$ 85 millones al banco en favor de sus trabajadores, sin mediar incremento en productividad, disminuye ambas posibilidades.

Figura

En ocasión del aumento de capital, la Presidenta Bachelet dijo, y cito textual: “Desde el Estado enfrentaremos la coyuntura con la misma responsabilidad y seriedad que lo hemos hecho siempre. Y eso es parte de esa determinación de entregar opciones para materializar sus sueños a todas y todos, y tengo la convicción que entregar más herramientas, oportunidades y apoyo a nuestra gente y sus iniciativas, es la mejor apuesta que podamos hacer por el progreso de Chile”. Pues bien, los directores del BancoEstado acaban de hacer justamente lo contrario, demostrando con ello la necesidad de que este banco, propiedad de todos los chilenos, tenga un gobierno corporativo independiente de la autoridad política de turno, y de que los sindicatos no pueden tener un poder desequilibrante, pues causan daño a su institución, a los clientes de ésta y al Estado.

En conclusión, un sindicato poderoso y un montón de políticos, avenidos en directores de empresas, acaban de permitir una expropiación descarada e irritante de recursos del banco de todos los chilenos. Cuántos serán los muchos que observan mudos como, cerca de 10.000 trabajadores, se llevan un bono de $ 6.3 millones cada uno, por obra de unos pocos. ¿Cuántos miles de pequeños empresarios habrá en el BancoEstado que sueñan con un préstamo de esta magnitud? Lo obrado por políticos ineptos y sindicatos empoderados, que transforma un gran Banco del Estado en un Banco pato, es un aviso para los chilenos que son bombardeados a diario con la perorata del “nuevo modelo”.

 

Manuel Bengolea, Economista Octogone.

 

 

FOTO: JUAN GONZÁLEZ/AGENCIAUNO