El Consejo Nacional Extraordinario de la DC, en lugar de irse al fondo de las diferencias de la DC con el resto de la Nueva Mayoría en materia educacional nos mostró una vez más a un grupo de políticos mirándose el ombligo.
Publicado el 06.11.2014
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Mi colega del Foro Líbero, José Joaquín Brunner, ha escrito una interesante columna en la que señala que el despertar de la Democracia Cristiana es el hecho político-cultural más importante desde la elección de Bachelet.

Desde la sociología, Brunner nos advierte acerca de la enorme importancia que ha tomado la clase media en nuestra sociedad y nos revela algunas de sus características: aspiracionales, pragmáticos y muy preocupados de la educación de sus hijos, con una opción clara por los colegios particulares subvencionados y dispuestos a aportar dinero para mejorar la calidad de la enseñanza.

Y es allí donde el autor percibe que este importante sector de la sociedad chilena parece coincidir con la distancia con que el Partido Demócrata Cristiano ha tomado de la reforma educacional de la Presidenta Bachelet. En efecto, esta ha sido el área de mayor roce entre la DC y algunos de sus socios en la Nueva Mayoría, provocando incluso descalificaciones y fuertes palabras que han ofendido a la dirigencia y militancia del partido que preside el senador Ignacio Walker.

Esta manera de ver las cosas interpreta bastante bien mi propio análisis y de hecho, en una columna en este mismo medio titulada “La Hora de la DC”, plantee la semana pasada, con un análisis más desde la política que desde la sociología, la oportunidad que se le presentaba a la Democracia Cristiana para volver a sintonizar con las grandes mayorías de este país.

Abonaba esta visión la elaborada irrupción de Gutenberg Martínez a la primera línea de la escena política. Martínez parecía sumar a la retórica de Walker acerca de la reforma educacional una acción más decidida en orden a diferenciar a su partido del resto de los integrantes de la Nueva Mayoría, recordándonos de paso que esta coalición tenía fecha de vencimiento. Después de todo, pese a las públicas discrepancias del Presidente de la DC con ciertos aspectos de los proyectos de la reforma educacional, su partido ha apoyado en sus votaciones en el Congreso la posición del Gobierno. La publicación de un libro sobre la trayectoria política de Martínez y la convocatoria a un Consejo Nacional extraordinario de la DC esta semana, que lideró el ex timonel del partido, eran parte de la puesta en escena del regreso de Gutenberg a las grandes ligas de la política chilena.

Hasta aquí la tesis de Brunner se veía promisoria. Sin embargo el desenlace del Consejo Nacional Extraordinario me deja sus dudas.

Es que el Consejo Nacional Extraordinario de la DC, en lugar de irse al fondo de las diferencias de la DC con el resto de la Nueva Mayoría en materia educacional -cuestión que está en el corazón de la tesis de Brunner- nos mostró una vez más a un grupo de políticos mirándose el ombligo. Se centró en las críticas a la conducción política del Gobierno y se solazó con el reconocimiento que el ministro del Interior, Rodrigo Peñailillo, hizo a la validez de esos planteamientos. Dio importancia a las disculpas públicas que se dieron a los dirigentes democratacristianos ofendidos por las palabras de algunos de sus colegas de izquierda, en lugar de abundar en la posición del partido respecto a las reformas educacionales.

En pocas palabras, la dirigencia de la DC se limitó a lamerse las heridas, buscó nuevos acomodos al interior del Gobierno y la Nueva Mayoría y no pescó ni en bajada a los cientos de miles de padres y apoderados, profesores y sostenedores de los colegios particulares subvencionados donde estudia la mayoría de los niños de Chile.

Así las cosas, más que un despertar de la DC a esta nueva realidad política-cultural que acertadamente descubre Brunner como una gran oportunidad para el partido, a lo que asistimos el lunes fue a una pataleta.

No quiero decir que esto eche por tierra la tesis del despertar. Podrá argumentarse que este Consejo Nacional no era la instancia para ello, pero las señales y los liderazgos son importantes y esta vez no estuvieron a la altura. Se desaprovechó una oportunidad y hay otros, en la centroderecha, que deben estar mirando con atención los acontecimientos.

 

Luis Larraín, Foro Líbero.

 

 

FOTO: RODRIGO SÁENZ/AGENCIAUNO

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