La Democracia Cristiana tropieza de nuevo con la misma piedra: los comunistas han logrado socavarla y dividirla. Sólo si reconoce el problema, muestra unidad y comunica con criterios de crisis podrá recuperar la confianza.
Publicado el 26.11.2014
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Si bien este ejercicio aún no tiene un resultado real, cada día durante los últimos meses, lo que comunican distintos personeros de la DC a la opinión pública va contribuyendo a la consolidación de una imagen de la DC como un partido dividido en dos por culpa del PC. En realidad, este debate comenzó desde el mismo momento en que el Partido Comunista fue agregado a la Concertación y la Nueva Mayoría nació con este problema de origen.

Si se buscan ejemplos que confirmen aquel refrán de que el hombre tropieza más de una vez con la misma piedra o el que señala que la historia se repite, las decisiones de la Democracia Cristiana son un modelo. Aunque se trata de un modelo que, mirando los resultados electorales, no se debe seguir. Cuando la Democracia Cristiana era el partido del Presidente y el eje de la coalición de gobierno, los miembros de la llamada “bancada estudiantil” estaban en la cuna, con chupete y cascabel.

Desde ese tiempo hasta la actualidad las cosas han cambiado radicalmente y el PC, gracias a su conocimiento de la DC, a la debilidad de ésta dentro del Gobierno y a su manejo de la izquierda, en pocos meses ha logrado socavarla y profundizar sus divisiones, que en el pasado terminaron en quiebres y nuevos movimientos.

Unas pocas décadas atrás la política era menos mediática y dirigida a un electorado reducido y, por lo mismo, permitía formas de comunicación distintas, con más matices. La ambigüedad tenía un espacio.

Es así como el ADN de la Democracia Cristiana anidaba una postura equívoca frente al Partido Comunista, que se refleja en toda su magnitud en palabras que en 1947 pronuncia Eduardo Frei Montalva: “Rechazamos la doctrina y la táctica comunista, pero ante el comunismo vemos que hay algo peor: el anticomunismo”. Matices y juegos semánticos que hoy en el lenguaje de las nuevas generaciones no se entienden ni interpretan de la misma forma. De ahí que la actual situación en que un sector del partido marca sus diferencias con el PC y otro le hace el juego, sólo sirve para confundir a sus electores y para nada pronostica un buen futuro.

Desde el retorno a la democracia, el PDC jugó un rol esencial en la estabilidad democrática y, sobre todo, en poner mesura en las expectativas. Dos aspectos cruciales cuando un país necesita avanzar con certidumbres y confianza. Cuando las cosas no andaban en el último gobierno de la Concertación (anterior de Bachelet) se le entregó el poder de la conducción política a la DC y terminó mejor de lo que comenzó. Ahora, bajo el dominio estratégico del PC, el rol de la Democracia Cristiana está completamente disminuido, sin poder político, en posiciones reaccionarias y defensivas y con una imagen de división interna creciente que sólo contribuye a debilitarla en el debate permanente y en la incertidumbre que empieza a prevalecer en el país.

Cuando una organización atraviesa situaciones como las que está viviendo la DC, la única estrategia es reconocer el problema, tener unidad de decisión y acción y comunicar con criterios de crisis; en caso contrario, la confianza y la reputación se pueden dañar irreversiblemente.

 

Patricio Dussaillant, Doctor en Comunicación Pública y Profesor Pontificia Universidad Católica de Chile.

 

 

FOTO: RODRIGO SÁENZ/AGENCIAUNO