El caso SQM-CORFO está deteriorando el patrimonio de la propia SQM y de nuestro país, a través del desprestigio institucional de CORFO.
Publicado el 15.06.2018
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Vivimos en tiempos de una economía de intangibles. Unos hablan de “capitalismo sin capital”. Otros de una “economía de la reputación”. Lo cierto es que los activos intangibles para los mercados y empresas, pero también para naciones y gobiernos, tienen un peso desequilibrante en nuestro conectado y globalizado mundo.

Los sistemas contables hasta ahora han funcionado, básicamente, identificando y valorando activos tangibles. Actualmente las grandes empresas invierten mayoritariamente en actividades y procesos de generación de valor a largo plazo basadas en activos intangibles y, por tanto, se ha comenzado ya a revolucionar la valoración de las mismas. Baste ver el ranking de las empresas de mayor valor a nivel mundial y su evolución. A finales de 2007 las cinco primeras eran Exxon Mobil, PetroChina, Apple Inc., BHP Billiton, y Microsoft. A comienzos de 2018 son Apple Inc., Alphabet (Google), Microsoft, Amazon.com y Facebook. En el grupo antiguo tenemos empresas de petróleo/minería y hardware/software, donde Apple y Microsoft eran valoradas por el iPhone y Windows, respectivamente. En el nuevo grupo vemos tecnología, tecnología y tecnología, o más bien datos, datos, datos. Comúnmente los activos intangibles se consideran costo hundido, pero cuando se transforman en tu mayor valor, debieran estar en la prioridad de la gestión de las empresas.

En paralelo, la reputación de los países es un activo intangible de primera prioridad en la economía actual. Año tras año, el Country Rep Track del Reputation Institute mide la posición de la reputación de las mayores economías del mundo. En los últimos cinco años la posición de Chile ha sido 28 en 2013, 29 en 2014, 30 en 2015, 34 en 2016 y 29 en 2017. El ranking identifica la “marca” de los países como lo hace con la “marca” de las empresas, pero con sus propios parámetros. Para ello realiza un exhaustivo estudio en las 55 economías más grandes del mundo, con encuestas a más de 39.000 personas, donde se evalúan factores que combinan elementos de “reputación racional” como son los factores económicos, de estabilidad política e institucional y otros, así como de “reputación emocional” como pueden ser la belleza, seguridad, ética y otros. En la construcción de esta reputación inciden las experiencias directas, por cierto, pero también las acciones y la comunicación, la opinión de terceros, los prejuicios y estereotipos.

La “marca” Chile incluso depende del comportamiento de cada uno de los chilenos. Basta recordar la fama de nuestros “lanzas” en Europa.

Chile tiene su marca y su propia reputación. De hecho contamos con una agencia encargada, como es la fundación Imagen de Chile a cargo de la “Marca Chile”. A ella se suman diversas iniciativas y espacios que van desde el ministerio de Relaciones Exteriores a InvestChile, pero cuyos resultados dependen incluso del comportamiento de cada uno de los chilenos. Basta recordar la fama de nuestros “lanzas” en Europa y otros episodios negros de nuestra imagen en el exterior. Pero entre sus positivos atributos, en la reputación de Chile pesa la minería (recursos, tecnologías, profesionales, empresas, etc.) y las positivas condiciones (institucionalidad, estabilidad política, tributos, etc.) para su desarrollo. El propio Consejo Minero ha desarrollado varias campañas publicitarias para posicionar a Chile en el mundo, con el cobre y la minería como principales activos.

La minería siempre ha sido un gran foco de atracción y que ha puesto a Chile en los ojos del mundo. Hoy incluso más, con el intenso debate respecto a la demanda de los commodities con el boom de la electromovilidad y el almacenamiento de energía, entre otros. El cobre, el litio y el cobalto suenan en las más importantes cabeceras económicas, en las conversaciones de inversionistas e incluso de los gobiernos. Chile es privilegiado en todos ellos y más. Los actores del cobre son ya conocidos y los del cobalto están aún por ganar fama, pero los productores del litio están en la palestra como pocas empresas del rubro minero. Esto, básicamente, porque las reservas de litio en el mundo están estudiadas (¿a excepción de las que podrían extraerse del mar?) y Chile tiene una de las mayores fuentes por explotar. Los potenciales productores, son pocos y conocidos, y entre ellos se cuenta la chilena SQM. Esto hace que sus movimientos estén bajo escrutinio público a nivel mundial y cada uno de sus pasos esté siendo registrado y evaluado, por mercados, empresas, gobiernos y personas.

Aún cuando se resuelva el actual entuerto, el daño ya estará hecho y una de las preocupaciones de la actual administración de ambas, asumimos, estará puesta en recuperar el valor reputacional a nivel local y global.

Con estos antecedentes, no podemos sino mirar con extremo celo lo que está pasando por estos días en Chile y lo que ello está haciendo a nuestra reputación como país. El caso SQM-CORFO está deteriorando el patrimonio, por un lado,  de la propia empresa SQM y, por otro -a través del desprestigio institucional de CORFO-, de nuestro país representado tanto en la empresa chilena como en la corporación chilena. Aún cuando se resuelva el actual entuerto, el daño ya estará hecho y una de las preocupaciones de la actual administración de ambas, asumimos, estará puesta en recuperar el valor reputacional a nivel local y global.

El próximo 21 de junio se dará a conocer el Country RepTrack 2018 y veremos el puesto de Chile. Seguramente se mantendrá o será mejor incluso que en 2017. Las dudas estarán cuando se dé a conocer la versión 2019 en la que ya habrá decantado -esperamos- con profundidad el desenlace de la situación actual de SQM y su posición en el mercado mundial, así como sus efectos a la reputación de las empresas involucradas y de nuestro país. Del resultado habrá que pedir cuentas a las autoridades pasadas y actuales, así como a los responsables de las empresas y sus directorios, porque el daño patrimonial hecho a la empresa y al país ya se está notando, y dado que no estamos en el Mundial de Fúbtol, esto no debiera pasar desapercibido.

Nicolás Ibieta Illanes, periodista, Máster en Comunicación Política y Corporativa

 

FOTO: LEONARDO RUBILAR CHANDIA/AGENCIAUNO