Los hechos ocurridos en la reciente elección realizada en la CUT, donde venían de lado y lado las acusaciones de irregularidades y situaciones anómalas en los padrones electorales, de sindicatos abultados y de inscripción de otros inexistentes, con afirmaciones de que “en estas elecciones no ganaba el que tuviera más votos sino el que tuviera más plata para inscribir sindicatos”, llevan a pensar que esta organización se asemeja mucho más a un partido político que a una organización gremial.
Publicado el 17.09.2016
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Desde hace mucho se discute si la CUT es una organización gremial que representa los intereses de los trabajadores del sector privado y del sector público afiliados a esta organización o si sencillamente es una extensión de algunos partidos políticos que ven en ésta una posibilidad de influir en la vida nacional por una vía distinta al Parlamento.

Los dirigentes que han encabezado la CUT han insistido que, si bien ellos tienen una militancia política reconocida y activa, son -por sobre todo- representantes de los trabajadores. Pues bien, los hechos ocurridos en la reciente elección realizada en la CUT, donde venían de lado y lado las acusaciones de irregularidades y situaciones anómalas en los padrones electorales, de sindicatos abultados y de inscripción de otros inexistentes, con afirmaciones de que “en estas elecciones no ganaba el que tuviera más votos sino el que tuviera más plata para inscribir sindicatos”, llevan a pensar que esta organización se asemeja mucho más a un partido político que a una organización gremial. Situación muy alejada de lo que se observa en la realidad sindical en las empresas. En éstas, cuando hay elecciones, los trabajadores sindicalizados buscan a quien represente mejor sus intereses gremiales, hacen una lista y, sobre esa, votan. Un sistema súper sencillo y transparente, donde cada sindicalizado vota y el trabajador que saca el mayor número de votos resulta elegido presidente. O sea, nada que ver con lo que hemos visto estas últimas semanas en la elección en la CUT, donde finalmente dos partidos políticos que habían salido perdedores forman una alianza para superar al sector que había salido ganador según los votos. En un sistema donde, además, no hay votación directa.

No pretendo cuestionar la forma en que se organiza la CUT y cómo definen su sistema de elecciones. El tema es otro, y es que esta situación, cuyo final todavía no conocemos, al menos nos permite algunas conclusiones bastante claras:

Primero, la CUT es una organización esencialmente política que sigue los patrones de conducta de estas organizaciones, donde la necesidad de mantener el poder hace que, si las circunstancias así lo ameritan, lleve a que sea perfectamente “legítimo” hacer alianzas electorales con aquellos con los que ayer argumentaban discrepancias profundas e insalvables.

Segundo, los dirigentes de la CUT siempre han señalado que ellos representan a todos los trabajadores chilenos y que sus planteamientos son el fiel reflejo de lo que éstos piensan. Lamentablemente esta afirmación no se sustenta mucho cuando uno ve que el padrón electoral inscrito para esta votación -que se supone son todos los trabajadores afiliados a los sindicatos que integran la CUT- fue de 552.275 trabajadores. Esta cifra equivale al 6.4% del total de trabajadores del país. La verdad es que por muy optimistas que sean los dirigentes de la CUT, no parece factible desde ninguna circunstancia afirmar que el 6,4% representa al 100% de lo que sea. No se requiere haber estudiado matemática avanzada para saber que eso no es así. Este es un hecho no menor, ya que en muchas ocasiones nuestras autoridades y parlamentarios toman decisiones y levantan banderas sobre temas que afectan en forma directa a millones de trabajadores basados solo en lo que afirma la CUT. Decisiones que a veces no ratifican en privado, pero que al preguntarles por qué entonces no votan como realmente piensan, argumentan que “es el sentir de los trabajadores”.

Tercero, la prueba final de que esta organización parece seguir más los patrones de conducta de los partidos políticos que de una organización gremial enfocada al bienestar de los trabajadores, es que plantea como temas relevantes aquellos que representan sus propios intereses y no necesariamente los de aquellos que dice representar. Me explico, las mayores preocupaciones que siempre menciona la gente en las encuestas son la delincuencia, el empleo, la salud, la calidad de la educación y hoy, por razones obvias, el crecimiento económico. Pues bien, ¿qué hace nuestra clase política? Pone como temas prioritarios el cambio a la Constitución -proceso para el que Gobierno tuvo que redestinar fondos que estaban asignados a seguridad-, la elección de Intendentes, el aumento en el número de parlamentarios y otros por el estilo. Nada dicen sobre el tema de la delincuencia, el desempleo, cómo mejorar la salud o aumentar el crecimiento. Lo mismo pasa con la CUT y sus demandas en materia laboral. Los trabajadores que están en el mundo real del trabajo están preocupados, además de todos los temas ya señalados, de la posibilidad de perfeccionarse, del desempleo y por supuesto del crecimiento. Pues bien, los principales planteamientos de la CUT han sido y siguen siendo sindicalización obligatoria, huelga sin reemplazo y monopolio sindical.  Como dicen por ahí, si grazna como pato, nada como pato y vuela como pato, es pato, aun cuando lo quieran hacer pasar por gaviota.

 

Huberto Berg M., Director Berg Consultores S.A.

 

 

 

FOTO: SEBASTIAN BELTRAN GAETE / AGENCIAUNO.