No se deben imponer cuotas, sino fortalecer las sociedades civiles indígenas.
Publicado el 09.09.2014
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La historia parlamentaria mapuche es poco conocida, han existido ocho diputados mapuche a lo largo de la historia: el primero de ellos Francisco Melivilu en 1924 (Partido Demócrata), Manuel Manquilef en 1926 (Partido Liberal), Arturo Huenchullan en 1933 (Partido Demócrata), Venancio Coñuepan en tres ocasiones 1945, 1949 y 1968 (Partido Conservador), José Cayupi y Esteban Romero ambos en 1953 (Partido Nacional Cristiano); Rosendo Huenuman en 1973 (Partido Comunista) y Francisco Huenchumilla electo en 1989, 1993 y 1997 (Democracia Cristiana).

Hay que distinguir dos periodos. El primero es el de la Generación Parlamentaria de oro, donde el poder indígena provenía de una fuerte sociedad civil organizada en instituciones tales como: La Sociedad Caupolicán defensora de la Araucanía (1911), la Federación Araucana (1920), la Corporación Araucana (1936) entre otras docenas de instituciones fundadas entre 1910 a 1966.

El segundo periodo desde la Unidad Popular hasta nuestros días, caracterizado por la demagogia y el clientelismo político. En los ochenta, el poder político mapuche estaba disperso en los Centros Culturales (1978) que dieron paso más tarde a la conformación de ADMAPU: “Las elecciones para la nueva Directiva Nacional de ADMAPU en 1983 resultaron profundamente políticas. Los socios votaron sus preferencias sin preocuparse tanto de las cualidades de un líder, como de hacerlo contra el que representaba a una fuerza política distinta a sus simpatías… marca el fin de la hegemonía gremialista, así como la irrupción plena de la izquierda en el control de la organización. Más aún, la elección de 1983 marca el término de la autogestión direccional mapuche y la consolidación de la dependencia política.” (José Mariman en La organización mapuche Aukin Wallmapu Ngulam, 1995).

Esta lógica se consolidó en 1989 con el Acuerdo de Nueva Imperial entre el entonces candidato presidencial Patricio Aylwin y las organizaciones que emergieron de ADMAPU, dando inicio así a las principales políticas públicas indígenas actuales.

En este contexto de Dependencia y Subordinación, emergen voces transversales que promueven una Ley de Cuotas Indígenas: el Diputado Fuad Chahin presentó una iniciativa en donde se obligaría a las listas de los partidos políticos que integren al menos a una persona indígena, en los casos en los que en el padrón electoral un 10% sea indígena. Últimamente los Senadores RN Alberto Espina y José García Ruminot presentaron un plan de paz social en la Araucanía en donde establecen cuotas de representación indígena en la Cámara de Diputados, municipalidades y consejos regionales.

Las finalidades de estas propuestas son muy destacables, sin embargo, pueden producir el efecto contrario al profundizar aún más el clientelismo político y un aumento en la frustración indígena por la poca injerencia que puedan llegar a tener estos parlamentarios en el sistema político actual, provocando de esta forma una desafectación aún mayor como ocurre con el Consejo de CONADI.

No se deben imponer cuotas, sino fortalecer las sociedades civiles indígenas. Los maoríes en Nueva Zelandia tuvieron una buena experiencia con las cuotas porque tienen una sociedad civil fuerte que incluye el movimiento del rey, los movimientos religiosos, los Parlamentos Maoríes de Waitangi (1870) y Kohimarama (1880), el Parlamento del movimiento del rey maorí (1890 a 1920), el Consejo Maorí de Nueva Zelandia (organizada por el gobierno), la Liga de bienestar de la mujer maorí (1951), el Congreso Nacional Maorí (1990) similar al Consejo Nacional pero independiente del gobierno, entre muchas otras autoridades urbanas.

Los mapuche no obtuvimos Parlamentarios por caridad del Estado, sino por el trabajo de la Sociedad Caupolicán, la Federación Araucana y la Corporación Araucana. Debemos buscar un camino institucional para hacer frente a estas demandas, pero eso no pasa por aumentar el clientelismo político, sino por fortalecer las sociedades civiles.

 

FOTO: PABLO OVALLE ISASMENDI / AGENCIAUNO