Es la propia Nueva Mayoría la que se está autoinfligiendo heridas en lo comunicacional, y esa enfermedad hoy es un virus que atraviesa transversalmente la política nacional.
Publicado el 18.01.2016
Comparte:

La Nueva Mayoría, con la Presidenta Michelle Bachelet a la cabeza, sencillamente no entiende. La crisis actual de la que ellos mismos dan fe de su existencia y dicen estar conscientes, parece lejos de solucionarse con la creación de más y más pseudoeventos políticos.

Constituir comisiones y mesas a borbotones; pedir precipitadamente la renuncia a todo el gabinete y lanzarlo como bombón en una entrevista prime time; anunciar ambiguamente docenas de veces procesos nada menores como la redacción de una Nueva Constitución; furtivos viajes relámpago a zonas del país azotadas o por catástrofes naturales o por actos de terrorismo… y ahora, por enésima vez, una cumbre en Cerro Castillo.

El Ejecutivo ha terminado por gastar toda la batería de opciones que el manual dispone en momentos de crisis política. El gobierno de la Nueva Mayoría ya fatigó los “golpes de timón”, los “segundos y terceros tiempos”, los “reimpulsos” y las “renovadas energías”.

Así, las conclusiones de la última cita de los timoneles oficialistas con la Presidenta y su equipo político son un motivo más para sentarse a llorar, ya no de desesperación y menos de angustia, sino realmente por lástima. Pensar que quedan 26 meses de un gobierno caprichoso, mediados por una elección municipal que puede significar el inicio de un proceso de tal volatilidad que en 2018 puede instalar en La Moneda a alguien que aún ni figura en las encuestas de opinión. El riesgo es real pero, como suele pasar en Chile, ya otros se encargarán.

Ahora bien, por un lado trascendió -concepto clave en este gobierno de secretos y rumores- que Bachelet señaló en el encuentro en Cerro Castillo que “habría motivos para sentirse orgullosos”, aludiendo a las pocas reformas que se han logrado materializar. Realmente llamaría la atención que los interlocutores no se sintiesen tratados como lelos frente a esa arenga, pues todos son testigos que ese escuálido puñado de reformas ha sido concretado de manera parcial, a la rápida y abriendo graves heridas en la coalición gobernante.

Para colmo, la Presidenta habría llamado a “recuperar la convicción por las reformas” originales y emblemáticas. Con esto, se confirma que Bachelet no termina por entender que su fracaso no se debe a la no concreción de su programa, sino que al programa mismo, redactado bajo la creencia de que el escenario para ponerlo en marcha sería el de un oficialismo sólido como el de los 90’, bajo el mandato popular de una presidenta como la de 2009.

A la salida del encuentro oficialista, hablaron los presidentes de los partidos de la desahuciada Nueva Mayoría. Entre ellos, resulta fascinante la confesión del timonel de la DC, Jorge Pizarro -el mismo al que el gobierno le ha faltado el respeto reiteradas veces-, quien delineó que su diagnóstico es que “se está perdiendo la batalla comunicacional”.

Resulta atractiva la prescripción del democratacristiano, principalmente porque para una batalla -se gane o se pierda- se necesita alguien a quien enfrentarse. En este caso, desde luego no es la oposición, esa ciénaga de la que cada mes sale un “referente” nuevo y cada semana un movimiento que promete todo sin decir nada. La centroderecha chilena, fragmentada y mostrenca, está lejos de tener la capacidad de enfrentar una batalla comunicacional con el oficialismo. Entonces, ¿contra quién se pierde la ofensiva según Pizarro? Es evidente que contra ellos mismos.

Es la propia Nueva Mayoría la que se está autoinfligiendo heridas en lo comunicacional y esa enfermedad, que hasta hace poco parecía exclusiva de la centroderecha chilena, hoy es un virus que atraviesa transversalmente la política nacional.

Una cima más para que todos, menos los asistentes a la misma, confirmen la borrasca caprichosa y soberbia en la que se está.

Una cima más para demostrar al país que estamos en la sima de la democracia.

 

Alberto López-Hermida, Doctor en Comunicación Pública, académico UANDES.

 

FOTO: FRANCISCO FLORES SEGUEL/AGENCIAUNO