Si bien es muy pronto para poner en duda la posibilidad de crecer en torno a 3% este año, porque tendremos un impulso fiscal importante y porque las bases de comparación ayudarán en el tercer trimestre especialmente, es claro que hay riesgos bajistas que no se pueden desatender.
Publicado el 17.04.2015
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El cierre del año pasado fue positivo en términos de actividad económica por diversos factores, entre los que destacan la aceleración del ritmo de ejecución presupuestaria, el menor precio de los combustibles y la reactivación de algunas inversiones una vez concluido el debate tributario. También contribuyó a este mejor ambiente el cambio de actitud y el acercamiento al empresariado que mostraron algunas autoridades de gobierno. Estos cambios son evidentes en las cifras de actividad mensual que registraron una expansión promedio de 1,2% entre junio y noviembre de 2014 y de 2,5% entre diciembre del año pasado y febrero de este año.

Las cifras de corto plazo apuntan a un Imacec de marzo no muy auspicioso y se incrementa, por tanto, el riesgo de que resurjan los fantasmas de repetir un año tan malo como el anterior en términos de crecimiento económico, panorama que podría deteriorarse si esta vez observamos un aumento del desempleo. Si bien es muy pronto para poner en duda la posibilidad de crecer en torno a 3% este año, porque tendremos un impulso fiscal importante y porque las bases de comparación ayudarán en el tercer trimestre especialmente, es claro que hay riesgos bajistas que no se pueden desatender. Más aún, uno de los principales supuestos implícitos en una proyección que considera un crecimiento del PIB de 3% para este año es que la confianza de los agentes se recupera de los bajísimos niveles exhibidos el año pasado. Todo lo contrario es lo que se observa en la confianza de los consumidores, que en marzo alcanzó su peor nivel en seis años.

Conocidos son los riesgos del escenario externo, donde destaca por lejos la evolución del ajuste que está experimentando la economía china y la incertidumbre en torno a la forma que tomará el proceso de alzas de tasas de interés en EE.UU.

Internamente también han emergido riesgos relevantes que obligan a ser cuidadosos al momento de proyectar el crecimiento para este año. El escenario político se vislumbra lleno de interrogantes dado el caos de financiamiento irregular de las campañas políticas y la caída en el apoyo ciudadano a las instituciones. En este contexto, se comienza a discutir una reforma laboral que, básicamente, pretende transferir ingresos desde empresarios a trabajadores por la vía de dar mayor poder a los sindicatos. Buenas propuestas económicas no hay en esta reforma, nada de flexibilidad, nada de apoyo a la creación de empleos y nada de aumentar la participación laboral de jóvenes y mujeres. Pero esto no debería extrañar, el gobierno ha dado muestras de transar muy poco ante un diagnóstico compartido, pero cuyos remedios no pasan por políticas de rigidización.

El problema es que lo que está ocurriendo no es gratis, estamos viendo un retorno del conflicto entre el empresariado y el gobierno, lo que no es bueno para la inversión y ni para el empleo. Cuando creímos que se había aprendido de los errores de la discusión de la reforma tributaria el año pasado, nos damos cuenta de que no fue así, se repite la urgencia y se repite la falta de diálogo ¿Se repetirá entonces el resultado económico? El siempre conservador Fondo Monetario Internacional acaba de revisar a la baja la proyección de crecimiento para Chile hasta 2,7%, y si se da esta cifra o cualquier otra similar tendremos por segundo año consecutivo un crecimiento mediocre. Ojalá la cuenta final muestre mejoras en alguna dimensión que permitan compensar los costos asociados al proceso económico, político y social que estamos viviendo.

 

Hermann González, Economista Principal BBVA Research Chile .

 

 

FOTO: FELIPE FREDES FERNANDEZ/AGENCIAUNO