En Chile abundan los políticos que han demostrado ser fieles admiradores del neocomunismo. Están presentes tanto en una facción importante de la DC como en muchos partidos de izquierda que fueron parte de la Concertación.
Publicado el 07.09.2016
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Unos días atrás me encontré en un pequeño café con una pareja de amigos que habían pololeado durante nuestro paso por la universidad. Se encontraban conversando animadamente tomados de las manos. Al verme se sonrojaron, ya que ambos están casados… pero con otras personas. Me acerqué a saludarlos sin saber qué decirles. Opté por la pregunta clásica: ¿Donde fuego hubo, cenizas quedan?

Lo que es cierto para el amor también resulta ser cierto para las ideas. Es así como de las cenizas del comunismo han surgido los neocomunistas. Están conformados por un heterogéneo conjunto de partidos y personas enemigos a muerte de los valores de la libertad y cuya reorganización en Latinoamérica se gestó en 1990 durante el Foro de Sao Paulo liderado por Fidel Castro.

Decidieron abandonar la receta marxista-leninista de la violencia para llegar al poder. Los neocomunistas hacen parecer que su visión del mundo es la del “Socialismo del Siglo XXI” y tratan de camuflarse  promoviendo como sus “modelos” a gobiernos como los de Suecia y Holanda, engañando a la opinión pública con estas comparaciones.

Han encontrado en el populismo la receta mágica para utilizar a su favor los mecanismos democráticos que les han permitido volver a gobernar.

Su estrategia es aprovecharse de la democracia para llegar al poder, no les gusta ser reconocidos como comunistas, por ello militan en partidos de centro izquierda, pero actúan como tales. Son estatistas, autoritarios y enemigos de la democracia liberal.

Una vez electos, su tarea es llevar a cabo una serie de reformas profundas para implantar un gobierno populista y luego consolidarlo al ritmo que lo permitan las circunstancias de cada país. El objetivo es avanzar velozmente para introducir la mayor cantidad de colectivismo y autoritarismo posible bajo los slogans de “igualdad” y “solidaridad”, a través de un gasto público desbocado y de altos índices de corrupción estatal.

Para los neocomunistas, la economía de mercado, la propiedad privada, la competencia, la productividad y la inversión privada son intrínsecamente inmorales. Ellos promueven sociedades “igualitarias” en donde el esfuerzo personal, el ahorro y la iniciativa privada sean despreciados bajo el mote de “individualismo”.

A partir del foro de Sao Paulo no es una casualidad que Nicolás Maduro, Evo Morales, Rafael Correa, Cristina Fernández y Michelle Bachelet hayan adoptado una misma línea populista.

Lo anterior nos lleva a sospechar que una parte relevante de los miembros de la Nueva Mayoría, sobre todo quienes han defendido a ultranza “El Programa”, “la retroexcavadora” y las “reformas profundas”, constituyen un movimiento neocomunista. En Chile abundan los políticos que han demostrado ser fieles admiradores del neocomunismo. Están presentes tanto en una facción importante de la DC como en muchos partidos de izquierda que fueron parte de la Concertación.

Su estrategia ha sido intentar llevar a cabo un gobierno clientelista, asistencialista y proteccionista,  aumentando los empleos estatales, buscando imponer un monopolio sindical para deteriorar la relación con el empresariado. El paso siguiente será utilizar las pensiones, definir una agenda ecologista radical, imponer leyes de censura o mordaza a las AFP, bancos e instituciones reguladas y, en lo posible, a los medios de comunicación.

Al despedirme de mis amigos me quedé con la sensación de que iniciarían un camino de infidelidad. Esa misma sensación sentí cuando Ricardo Lagos anunció que volverá a competir por la presidencia de la República. ¿A quién le será fiel? ¿A su primer gobierno de progresismo con progreso? ¿O será fiel e instrumental a la culminación de la obra gruesa iniciada por Michelle Bachelet?

 

Gonzalo de la Carrera C, ingeniero comercial.

 

 

 

FOTO:AGENCIAUNO