El restablecimiento de relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos ha dado un paso fundamental, pero todavía no definitivo. La dictadura de Raúl Castro, con Fidel todavía vivo, experimentará una situación inédita y con peligros ciertos.
Publicado el 26.07.2015
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Una de las noticias más comentadas de la última semana a nivel internacional, es el restablecimiento de relaciones diplomáticas entre Cuba y los Estados Unidos. Tras más de medio siglo de distanciamiento, la historia parece dar una nueva oportunidad para ampliar la comprensión al interior de las Américas y para proyectar el futuro, en vez de seguir viviendo de las divisiones del pasado.

Luego del triunfo de la Revolución Cubana en 1959, el mundo se encontró con un escenario inédito. Si bien sabemos que el establecimiento de una dictadura comunista no era un destino ineluctable, a poco andar los rebeldes de Sierra Maestra, dirigidos por Fidel Castro, empezaron a mirar con atención esa posibilidad, que ya compartían dos de los líderes del proceso, como eran Raúl Castro y Ernesto Che Guevara. Otros fueron después desafectados y encarcelados, siendo el más destacado Huber Matos, quien narra sus peripecias en Cómo llegó la noche (Tusquets, 2004).

En plena Guerra Fría, el acercamiento de Cuba a la Unión Soviética resultó fundamental. Ya en marzo de 1960 Nikita Kruschev, el jerarca soviético, escribió a Fidel Castro manifestando sus “simpatía y sentimientos de compañerismo”. Poco después el Che reconocía a un diplomático soviético que América Latina era un “punto de ebullición”, y que durante el año siguiente esperaban estallidos revolucionarios en varios países. Estas y otras conversaciones y documentos aparecen en The World was going our way. The KGB and the battle for the Third World, de Christopher Andrew y Vasili Mitrokhin (New York, Basic Books, 2005), que recoge archivos de la potencia comunista sobre el Tercer Mundo.

Después de eso, la lucha estaba declarada, Cuba se convirtió en un peligro geopolítico para los Estados Unidos, lo que tuvo un momento culminante en el famoso enfrentamiento de Bahía Cochinos, en el cual disidentes cubanos apoyados por USA fueron derrotados. La consecuencia más importante del hecho, sin embargo, fue de carácter político: Castro encabezó el giro socialista y proclamó el carácter marxista de la Revolución, con lo que ya no habría vuelta atrás. La Guerra Fría adquiría un carácter específicamente “interamericano”, como ha destacado Tanya Harmer. Cualquier situación de política internacional, y los organismos respectivos, se convirtieron en lugares de manifestación del conflicto y anunciaban crisis inminentes, determinaban intervenciones militares directas o solapadas, mientras los demás países vivían sus propios procesos revolucionarios, con guerrillas incluidas, y Estados Unidos extremaba sus esfuerzos para evitar una “segunda Cuba” en América Latina.

Hoy las cosas han cambiado. La gran potencia del Norte decidió retirar hace un tiempo a Cuba de la lista de países promotores del terrorismo: si bien no se precisó cuándo exactamente ocurrió de facto eso, hoy más parece un detalle dentro de la cuestión de fondo que es el restablecimiento de relaciones diplomáticas. Sin duda es un momento histórico. Para quienes han leído archivos diplomáticos originales, o las abundantes publicaciones posteriores de numerosos embajadores y figuras que han estado en países que viven procesos revolucionarios o cambios de regímenes políticos, ¡cuánto nos gustaría tener acceso a los informes de los nuevos representantes de Cuba en Washington y de Estados Unidos en La Habana!

Ahí estarán las versiones oficiales, los comentarios políticos de interés, las cosas que no aparecen en la prensa, las reuniones que no son públicas, las gestiones que permiten un cambio de actitud, una nueva definición, una comprensión mejor de la realidad. Particularmente interesante será la presencia norteamericana en la isla, que seguramente -aunque desconocemos cómo terminará el proceso- permitirá observar dentro de un tiempo la transición desde la dictadura a la democracia, con todo lo que eso significa para Cuba y la historia del continente.

Las autoridades de la isla han advertido rápidamente, tras abrir su sede diplomática en Washington, que será una relación “compleja”. No podría ser de otra manera. Han sido más de cincuenta años de mutuas descalificaciones. Fidel Castro responsabilizaba a los Estados Unidos de cada uno de sus problemas, desde los de su seguridad personal hasta la pobreza de su gente, con la omnipresente culpa del “bloqueo norteamericano”, por lo que hoy no será fácil explicar el cambio de escenario. Como será también difícil seguir con la represión tal cual ha sido hasta hoy. El mismo día en que se abrían las representaciones, se supo de la nueva detención de las Damas de Blanco, que cada domingo asisten a Misa en la Iglesia de Santa Rita de La Habana, y luego se manifiestan por sus maridos presos.

Muchos han destacado que con esta nueva situación se pone fin a este resabio de la Guerra Fría, que había terminado hacia 1989-1991. Es verdad. Pero también lo es el hecho de que el conflicto internacional se acabó en gran medida porque uno de los contendientes fue derrotado y la situación internacional se dibujó de nuevo sobre variables distintas. Primero cayó el Muro de Berlín en noviembre de 1989 y pronto se acabó la Unión Soviética. Entremedio desaparecían una por una las dictaduras comunistas de Europa Oriental y se sumaban, ciertamente con dificultades, a la realidad internacional de los sistemas democráticos. Con Cuba ocurrió exactamente lo contrario.

La isla, con un Fidel Castro presuntuoso, sufriendo la pérdida de cuantiosos recursos económicos del subsidio soviético, decidió seguir bajo su sueño, al menos externamente, de construcción del socialismo. Sin embargo, la lucha era muy distinta a la de los años 60: a fines del siglo XX y comienzos del XXI prácticamente ninguna sociedad latinoamericana miraba con seriedad la posibilidad de imitar un régimen comunista, a lo más despertaba ciertas reacciones emocionales y recuerdos de juventud, probablemente con la excepción venezolana de Hugo Chávez. Los demás países resolvieron transitar y consolidar hacia regímenes democráticos y bajo esas normas han escrito sus historias en los últimos veinticinco años. Cuba se volvió una especie de “museo histórico” y fuente de recuerdos, pero no de proyección política ni mucho menos.

El restablecimiento de relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos ha dado un paso fundamental, pero todavía no definitivo. La dictadura de Raúl Castro, con Fidel todavía vivo, experimentará una situación inédita y con peligros ciertos. Felizmente, el sufriente pueblo cubano no puede esperar algo peor de lo que ha vivido durante medio siglo, con lo cual se trata de una buena noticia cuyos resultados finales habrá que esperar. Ya no tendrán que procurarse balsas para tratar de llegar a Miami, que ha recibido a cientos de miles de exiliados cubanos, sino que seguramente tendrá que preparar el regreso de muchos de ellos a su tierra, que podría alcanzar pronto condiciones de libertad.

 

Columna de Alejandro San Francisco, Académico PUC y Director de Formación Instituto Res Publica, publicada en El Imparcial de España.