Fidel era una de las leyendas y líderes de un sistema alternativo que los idealistas querían implantar en vez del capitalismo. Un ícono de la añoranza de la justicia, imagen de una Cuba legendaria que dejó de existir hace mucho, que aparece solo a los que la necesitan muchísimo y creen en ella de una forma desesperada.
Publicado el 28.11.2016
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La revolución cubana fue uno de los acontecimientos más importantes del siglo XX en América Latina, que aún tiene mucha influencia en este continente y en el mundo entero. Se puede amar o no a Fidel Castro, pero no se puede echarlo de la historia. Era una de las leyendas y líderes de un sistema alternativo que los idealistas querían implantar en vez del capitalismo. Un ícono de la añoranza de la justicia, imagen de una Cuba legendaria que dejó de existir hace mucho, que aparece solo a los que la necesitan muchísimo y creen en ella de una forma desesperada.

Fidel es un héroe que con el arma en la mano iba a la selva a luchar contra los burgueses y explotadores, y posteriormente, se enfrentaba a Estados Unidos, el país más poderoso del mundo. Posiblemente ahora van a estar de moda la poleras con la imagen de Fidel, aparte del ya mítico Che. Castro vivió una vida muy larga y tuvo suerte de morir como un ganador, rodeado de sus partidarios y su legado. Y ahora la mayoría de la población del planeta lamenta su muerte y lo recuerda con admiración.

Pero cualquiera que visitaba Cuba notaba que muchas cosas no coincidían con el sueño socialista. Ya antes del viaje, la gente sabía que había que llevar cosas más básicas para regalar o pasar a los amigos de los amigos, ya que no se podía comprarlas en la isla o eran demasiado caras para los cubanos que cobraban un sueldo de 20 dólares al mes. Y ya en Cuba, en lugares turísticos, uno estaba rodeado y molestado todo el tiempo por personas que le pedían jabón, se hacían amigos solo con el fin de ser invitados a un trago, u ofrecían todo tipo de servicios sexuales. Las visitas de las tiendas cubanas dejaban una impresión especial.

Recuerdo hace unos años cuando estuve en el turístico Varadero, arrendamos una moto y fuimos de excursión a la vecina ciudad de Cárdenas, situada a 14 kilómetros Esto ya era Cuba real. Me acuerdo de una imagen de un hombre que iba en una bicicleta muy oxidada, su camisa tenía un enorme agujero en la espalda. Seguramente era su única camisa. El único transporte público en esta ciudad eran unos carros tirados por caballos, que podían transportar varias personas. La iluminación de estos carros era una lata con aceite encendido colgada atrás. Era como una vuelta al siglo XIX. Regalamos a algunos niños del campo unas muñecas tipo “Barbie” chinas, y era algo que ellos nunca han visto.

En Cuba, sobre todo de escasez sufre la gente del campo, que literalmente anda descalza y apenas tiene ropa, y allí la miseria se nota más. Para moverse de un lugar a otro las personas con niños, o los mismos niños, deben caminar muchos kilómetros de noche por carreteras sin iluminación alguna. Nos puede parecer muy mal, pero tampoco estamos seguros qué es mejor para un ser humano: ser un campesino muy humilde, pero honrado, o vivir en La Habana en mejores condiciones y ser un objeto de diversión para los pervertidos turistas sexuales de los países más ricos.

Durante 40 años Cuba vivió gracias al apoyo de la Unión Soviética, que invertía allí muchos recursos, mientras los mismos habitantes de la URSS tenían problemas para conseguir muchos bienes de consumo en su propio país, problemas de vivienda y muchos más. Los ciudadanos soviéticos trabajaban para el desarrollo del comunismo en el planeta, por ejemplo en este país caribeño, una meta impuesta por sus dirigentes comunistas Nikita Jrushov y Leonid Brezhnev. Actualmente a Cuba la ayuda Venezuela intercambiando el petróleo por el trabajo de los médicos cubanos. El turismo extranjero en Cuba enriquece solo a la elite gobernante -que ha creado especialmente una divisa especial turística-, a las empresas extranjeras y a los pocos cubanos vinculados a él, haciendo más notable la diferencia de ingresos entre las personas relacionadas con los turistas y las ocupadas en otros sectores.

La dictadura estropea las vidas humanas. Sus víctimas son los presos políticos, los balseros ahogados en el océano, intentando escapar a Florida, las familias rotas o las personas que perdieron su patria. También sus víctimas son las mujeres conducidas a vender su cuerpo, o los cuerpos de sus hijos, para vivir un poco mejor. A ellos no les ayudó mucho la educación gratuita (que en realidad es un adoctrinamiento ideológico y medio de control cultural, muy familiar para los habitantes de la ex URSS) ni la salud gratuita, buena para pocos privilegiados, pero que carece de recursos para la mayoría. Cerca de un cuarto de la población abandonó Cuba durante los años del socialismo y varios miles fueron fusilados por motivos políticos. Este es el triste resultado del régimen socialista en este país latinoamericano.

Pero la gente no quiere saber estos detalles, son molestos y por eso se excluyen de la memoria popular, que tiene una fuerte necesidad del “cuento de hadas sobre Fidel y su compañero comandante Che Guevara”. El régimen capitalista tampoco es un paraíso y la vida es difícil, por eso la gente quiere tener un ideal y creer en una fantasía. Le da igual lo que pasó en realidad. Por eso, el cuento de hadas es lo más racional lo que le puede dar Cuba y su Fidel.

 

Roxana Viira, analista Círculo Acton Chile en Rusia