Hoy, más que nunca, los líderes empresariales deben ampliar su visión periférica, explorar más activamente, aplicar su creatividad, aprender nuevas habilidades, escuchar más, mejorar su capacidad de escuchar y de empatizar.
Publicado el 20.07.2016
Comparte:

Biología y liderazgo son dos términos que rara vez aparecen juntos en la misma frase, pero hallazgos de la ciencia nos demuestran que en la vida real interactúan en formas complejas y con consecuencias sorprendentes.

El cerebro humano es una muestra viva de millones de años de evolución. En su parte más profunda, el tronco encefálico, podemos ver todavía el cerebro de los dinosaurios y las aves, responsable de las funciones más básicas para la supervivencia. En el sistema límbico se despliega el cerebro de los mamíferos, donde moran las emociones y la formación de la memoria. Finalmente, en la capa externa, el neo cortex, residen las funciones que nos hacen verdaderamente humanos, como el pensamiento abstracto, el lenguaje y la creatividad.

A pesar de toda esta evolución, al enfrentar un peligro inminente el cerebro humano activa las reacciones más primitivas y “los animales” que llevamos dentro toman el control. Los sentidos se amplifican y sube la presión arterial. Aumenta nuestra capacidad de coagulación, el pulso se acelera y la adrenalina nos preparar para huir o pelear. Al concentrar toda la energía biológica en la potencial amenaza, nuestro cuerpo inhibe otras funciones menos prioritarias. A nivel físico se pierde visión periférica, decae el sistema inmunológico y se altera el sueño. A nivel psicológico empeoran la creatividad, la curiosidad, la capacidad de aprender, la confianza y la empatía.

Aunque no sea la jungla, quienes lideran una empresa en Chile tienen razones para sentirse amenazados. El fin del “superciclo” de las materias primas tiene al país con el cinturón apretado y abruptos cambios tecnológicos ponen en peligro sus modelos tradicionales de negocio. La economía global experimenta enormes grados de volatilidad, afectada por temas como el Brexit, los atentados en Francia o el fallido golpe en Turquía. La sociedad civil también está revolucionada y sus demandas hacia las empresas son cada vez más potentes y complejas. Para más remate, vivimos en un país cuyo gobierno se ha empeñado en usar una retroexcavadora con el marco institucional. No sólo están cambiando reglas del juego “formales” como las leyes laborales o tributarias, sino también las “informales” como los niveles de confianza entre las personas y hacia las instituciones.

Aunque no siempre estén conscientes de la razón, en muchos líderes emergen sentimientos de ansiedad, temor, frustración y rabia. Así, y consecuentes con su programación evolutiva, repiten rutinas, se apegan a lo conocido, no escuchan y se resisten al cambio.

Curiosamente, estas reacciones instintivas van en dirección opuesta a la lógica de la necesidad. Hoy, más que nunca, los líderes empresariales deben ampliar su visión periférica, explorar más activamente, aplicar su creatividad, aprender nuevas habilidades, escuchar más, mejorar su capacidad de escuchar y de empatizar.

No sé qué diría Darwin, pero parece que el cerebro del reptil no evolucionó para liderar en tiempos de cambio.

 

 

Alfredo Enrione, ESE Business School, Universidad de los Andes.

 

 

 

OTO: FELIPE FREDES FERNANDEZ/AGENCIAUNO