El abuso sexual es un cáncer social que debe ser extirpado de raíz, pero para avanzar en este tema debemos buscar nuevos caminos para una mayor concientización sobre el valor de resguardar la intimidad, sobre el hecho de que la identidad, masculina y femenina, no es un commodity que puede ser descartado.
Publicado el 11.05.2018
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Gracias a los medios de comunicación, la agresión sexual se ha vuelto un tema álgido de conversación. Escandaloso, brutal, tremendo. Nada lo justifica y nadie merece experimentar sus consecuencias.

Agredir la sexualidad de una persona, ya sea hombre o mujer, no sólo es violentar sus límites corpóreos, sino también herir su alma y lo más sagrado: su intimidad; por lo que, cuando ésta se desgarra, además se verá afectada la identidad, convirtiéndola en frágil, vulnerable y temerosa. Porque después de un abuso sexual, la vida jamás volverá a ser la misma.

Hoy, con justa razón, nos horrorizamos frente a las noticias porque pareciera ser que los acosos y abusos de connotación sexual están a la orden del día. Sin embargo, ¿hay algo que podamos hacer como sociedad para apaciguar esta tormenta?

En la época de Facebook, Instagram o Twitter valorar el pudor no es parte del juego.  Hemos caído literalmente en las Redes (sociales) sin que haya reglas explícitas de comportamiento. Casi todo vale. Especialmente si provoca, entusiasma, entretiene o desafía. El gran fetiche del siglo XXI se circunscribe a una pantalla de cristal que absorbe las emociones, se entromete en las relaciones humanas, pero sobre todo, que relativiza la identidad de las personas.

La gran contradicción de nuestros tiempos: dejarlo todo en “la nube”, para luego  retractarse a la hora de asumir los costos. Lo sucedido con Facebook y Cambridge Analytica es una muestra de cómo la identidad ha pasado a ser un bien transable en un nuevo tipo de mercado que no entrega garantías a la hora de respetar y resguardar la intimidad.

El gran fetiche del siglo XXI se circunscribe a una pantalla de cristal que absorbe las emociones, se entromete en las relaciones humanas, pero sobre todo, que relativiza la identidad de las personas”.

Por otra parte, para el caso de las mujeres, la imagen que se proyecta sobre ellas en los medios sigue siendo fuertemente estereotipada. Sensual por un lado o ultra feminista por el otro. La mujer también enfrenta situaciones agresivas que no sólo afectan a su sexualidad, sino también a otro aspecto inherentemente femenino: el aporte social de su maternidad.

Jane Haaland, académica noruega y ex secretaria de Estado predica un feminismo que, por su originalidad, podría definirse como más radical que el de Simone de Beauvoir.  Un feminismo que no busca contraponer a hombres y mujeres, sino más bien que potencia una cultura que ofrece a las mujeres soluciones reales a partir de sus inquietudes. En una entrevista, la ex ministra expresó, “no sé por qué (en Noruega) no se valora más la labor de madre. Una parte de la identidad femenina enfocada a formar seres humanos para que sean un aporte a la sociedad el día de mañana”. En esa sola frase se encierra ese mundo insondable y complejo que le es descifrable sólo a quienes son madres y deben sortear, día a día, todo tipo de obstáculos para cumplir con un trabajo que no ofrece descanso, por el que no se obtiene capacitación, no se recibe salario ni tampoco una pensión. Ser madre es una tarea de largo aliento. Lo mínimo es que el esfuerzo empeñado reciba, de manera transversal, apoyo, reconocimiento y comprensión.

El abuso sexual es un cáncer social que debe ser extirpado de raíz, pero para avanzar en este tema debemos buscar nuevos caminos para una mayor concientización sobre el valor de resguardar la intimidad, sobre el hecho de que la identidad, masculina y femenina, no es un commodity que puede ser descartado, que el rol de las madres también requiere de apoyo y contención y, por último, que una mayor profundidad y reflexión, cuando se hable sobre sexualidad humana, prevendrá que no caigamos en los mismos estereotipos de siempre.

 

Paula Schmidt, periodista y licenciada en Historia

@LaPolaSchmidt