Cuando el Estado impone normas que regulan todo, hasta el uniforme que quieran o no usar los colegios, cuando se pierde el respeto por la autoridad, cuando se sigue vulgarizando el lenguaje y con muchos medios de comunicación que no aportan a la cultura, esta se desvanece y dejar de ser prioridad y triunfan los “rascas”, cuya agenda es la opuesta a la cultural.
Publicado el 28.02.2016
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Chile ha crecido mucho en los últimos 20 años, aunque menos en los últimos dos. En la temporada de verano, observamos cómo miles de chilenos viajan y se divierten. Unos recorren Chile, otros viajan al extranjero. En general la gente viste mejor, la mayoría tiene casa, automóvil y somos grandes usuarios de celular. La universidad ya no es inalcanzable y la cultura está más cerca. No obstante, seguimos siendo un país tremendamente inculto.

Regresando del sur, en la eterna cola del peaje (otra muestra de incultura tecnológica), no uno, sino varios conductores y acompañantes compraban cuchuflís, charqui y otros productos. Lo malo estaba en que una de cada tres personas botaba bolsas o papeles al suelo. En un predio sureño, cercano al mío, los vecinos son los reyes de la lata de cerveza. Lo malo es que las botan al camino sin pudor. El viraje en segunda fila sigue siendo un clásico del conductor chileno y el adelantar por la berma es ya normal entre muchos conductores cuando se producen tacos en las carreteras. Un canal de televisión mostraba en estos días, en una antesala del Festival de Viña, un programa grotesco, fome, grosero y rasca, pero muy rasca.

El gobierno de Bachelet, en una prueba más de mediocre desempeño, logra que se apruebe un proyecto de ley que impide a los colegios y liceos sancionar alumnos por vestuario, apariencia, falta de útiles, etc. Se afirma que puede haber en los establecimientos educacionales proyectos y reglamentos educativos, pero su incumplimiento no puede ser sancionado. Cada cual puede venir como quiera. Teñido, tatuado, cochino, barbón, hediondo o semi pilucho. ¡Qué bofetada a los padres que quieren educar a sus hijos en un entorno de disciplina y orden! ¡Qué puñalada a los profesores, que deben soportar la creciente insolencia de los adolescentes!

Este país pretende “modernizarse”, ser más inclusivo y tolerante. No obstante, las medidas recién aprobadas solo nos harán más incultos, más irrespetuosos y menos atentos a recibir enseñanza. Enarbolando banderas de una falsa libertad, la izquierda dura avanza en su plan de destruir la sociedad y lograr que el anarquismo triunfe. El bajo nivel de la mayoría de nuestros mandos medios y altos, a nivel del gobierno, atacan donde más duela. Luego pedirán que los carabineros trabajen con short en verano y los oficiales de las FF.AA. se vistan con guayabera. Es la “nueva rasquería”, que se toma todos los espacios y no da tregua. ¿Cómo hacemos para que esta tendencia se revierta?

La educación de calidad es el único camino. Esta se logra con recursos y de manera gradual. También con crecimiento económico y con más cultura. La cultura no es solo el canto andino, el Museo de la Memoria y los libros que catapultan a la dictadura. La música clásica, el folclore chileno tradicional, la historia de Chile objetiva y el arte en general, son parte de nuestra cultura. La manera de hablar, de respetarse, de progresar, también conforman nuestra cultura. La defensa de nuestro medio ambiente, el cuidado de la naturaleza, la protección de nuestro patrimonio arquitectónico y de los pueblos originarios, también nos debe ocupar.

Al escuchar a algunas autoridades y cotejar su historial personal, no es difícil concluir el sustento de su incultura. Qué poco se lee, qué poco se conversa, qué poco se estudia, qué poco se trabaja (aunque las estadísticas dicen que en Chile se trabaja mucho) y qué poco trabajo en equipo se lleva a cabo. Chile duplicó su ingreso per cápita anual en 10 años, pero no hay duda de que su nivel cultural no aumentó en la misma proporción. Aquí hay un problema grave, que requiere análisis y soluciones.

Si verificamos lo sucedido en Venezuela, país muy rico en su momento, o en Argentina, verificamos que malas políticas públicas y líderes funestos llevaron a estos países a realidades impensadas hace tres décadas. Los programas educativos deben incorporar más cátedras tendientes a elevar el nivel cultural de los alumnos. No solo sexo, nuevos tipos de familia, nueva constitución y dictadura es lo que se requiere enseñar. Hay temas transversales, que unen y que alimentan el alma y que están fuera de los programas del poderoso Ministerio de Educación.

Cuando el Estado impone normas que regulan todo, hasta el uniforme que quieran o no usar los colegios, cuando se pierde el respeto por la autoridad, cuando se sigue vulgarizando el lenguaje y con muchos medios de comunicación que no aportan a la cultura, esta se desvanece y deja de ser prioridad y triunfan los “rascas”, cuya agenda es la opuesta a la cultural. Este gobierno no solo nos está dejando un balance negativo en lo económico, sino también, y de igual o mayor gravedad, en hacer a nuestro pueblo más chabacano.

 

Andrés Montero J., Ingeniero Comercial U. de Chile, M.A. The Fletcher School of Law and Diplomacy.

 

 

FOTO: PABLO ROJAS MADARIAGA/AGENCIAUNO