La única forma de que la economía chilena experimente una recuperación rápida hacia su nivel de crecimiento tendencial, sería que el responsable de provocar la crisis de confianza y la posterior desaceleración, esto es el Gobierno, la revirtiera. Pero eso no va a suceder.
Publicado el 02.02.2015
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El ministro de Hacienda, Alberto Arenas, tiene razón y esta vez su habilidad en materia de pronósticos económicos será efectiva: 2015 será mejor que 2014. Sin duda el ampuloso aumento del gasto fiscal, cerca de 10% más que en 2014, y la pronunciada caída del precio del petróleo, serán un tónico energizante para una economía fatigada con el lastre que han significado tanto el fin del ciclo minero como la batería de reformas políticas del Gobierno. El problema es que los tónicos energizantes sirven para aliviar la fatiga, no para mejorarla.

Como el Gobierno no puede hacer mucho con respecto al fin del ciclo minero, pues no está en sus manos cambiar el crecimiento económico de China, el principal consumidor y comprador de cobre a nivel mundial, sólo le queda la alternativa de modificar las reformas para terminar con la crisis de expectativas que éstas han generado tanto en empresarios como consumidores. Esto es, por supuesto, si es que el Gobierno está disconforme con un crecimiento esperado para el 2015 en la vecindad del 2,5%.

En lo más coyuntural, la desaceleración en la actividad económica, que comenzara a mediados de 2013, podría estar topando fondo, pues así lo evidenciarían algunos indicadores de actividad como el de perspectivas de consumidores y el de confianza empresarial. Lo relevante, sin embargo, más que tratar de identificar el momento de la inflexión es qué tipo de recuperación de actividad tendremos o, expresado de otra forma, cuándo alcanzaríamos la tasa de crecimiento tendencial de la economía, 4.3% anual según la Dirección de Presupuesto y la base con la cual, entre otras cosas, se construyó el presupuesto de la nación para el 2015.

Mi pronóstico, y el del mercado en general, es que los próximos tres años el crecimiento del PGB se ubicará por debajo de 3,5%. Es más, el FMI pronosticó algunos días atrás una cifra de crecimiento económico en Chile para el 2015 algo por sobre el 2.6% del consenso de mercado. La novedad sería que este organismo, en parte de la declaración del porqué reducía el ritmo de expansión en 0,5% para el 2015, deslizó lo que el Gobierno se ha empeñado en ocultar a la opinión pública, y es que “la incertidumbre en torno al impacto de las reformas de política parece estar afectando la inversión”. Sería un paso adelante en materia de recuperación de confianzas, tanto de empresarios como de consumidores, que Hacienda se sincere y lo reconozca.

Por otra parte, el ciclo externo también muestra signos de debilidad. El mismo FMI recortó el crecimiento económico mundial a un 3,5% para el 2015, desde un 3,8%, y a pesar de que el recorte no es muy significativo, y tampoco muy diferente al 3,3% de crecimiento en 2014, lo complicado para Chile es que a nuestro principal socio comercial, China, le siguen reduciendo las expectativas de crecimiento (6,8% en 2015 y 6,3% en 2016), y esto a pesar de varios planes de estímulo de crecimiento implementados por su gobierno. Con estas perspectivas para la economía externa, la posibilidad de que ésta contribuya con impactos positivos no esperados al crecimiento de la economía chilena, es casi nula.

Por lo tanto, si el sector externo no agrega más crecimiento que el actual, la suerte de la economía chilena para superar el enclenque 2,5% de crecimiento en 2015 dependería más de factores domésticos. Como ya mencionamos, los energizantes suministrados a la economía le alivian la fatiga, el problema es cómo ponerle fin a ésta. El Banco Central continuará apuntalando el crecimiento vía reducciones en la tasa de política monetaria, y si las cosas en el frente inflacionario continúan como hasta ahora, podría inclusive aportar con dos reducciones de un cuarto de punto cada una. Pero esto constituye un alivio también, no una solución definitiva. ¿Tiene el Gobierno herramientas a su disposición como para reacelerar la economía a lo que debería ser su crecimiento tendencial? Por supuesto que sí; lo relevante es si está dispuesto a utilizarlas.

La única forma de que la economía chilena experimente una recuperación rápida hacia su nivel de crecimiento tendencial, sería que el responsable de provocar la crisis de confianza y la posterior desaceleración, esto es el Gobierno, la revirtiera. Es decir, si el Gobierno quiere recuperar la confianza de empresarios y consumidores, es menester que anuncie convincentemente que, sin necesidad de enviar su ideario igualitario al baúl de los recuerdos, su objetivo primordial es retomar el ritmo de crecimiento robusto, modificando algunas reformas para incorporarles medidas pro crecimiento y pro competitividad. Me imagino que a estas alturas el Gobierno tiene claro que someter el crecimiento económico a un rol secundario tiene efectos significativos en éste, y que tarde o temprano se traducirán en desempleo, menor recaudación fiscal y finalmente en mayor desigualdad. A pesar de que los efectos de segunda vuelta, o círculo vicioso de crecimiento bajo, aún no se visualizan, el Gobierno corre un riesgo no menor de seguir adelante con su discurso reformista.

Me temo, sin embargo, persuadido probablemente por la trayectoria histórica de políticos con anhelos igualitarios, que el Gobierno no cambiará su plan de reformas, pues como lo ha dicho la misma Presidenta Michelle Bachelet, tiene la convicción de que éstas constituyen un imperativo para la paz  y el progreso social y, como posee capital político, además del poder, entonces es muy probable que no altere su agenda. Esta situación me trae a la memoria a Marco Tulio Cicerón (jurista, político, filósofo, escritor, y orador romano) quien dijera “humano es errar; pero sólo los necios perseveran en el error”.

 

Manuel Bengolea, Economista Octogone.

 

 

FOTO: PEDRO CERDA/AGENCIAUNO.